<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696</id><updated>2012-01-25T10:03:26.188+01:00</updated><title type='text'>Más de cien razones</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>40</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-2259437297802739265</id><published>2011-06-12T08:48:00.002+02:00</published><updated>2011-06-12T08:51:56.033+02:00</updated><title type='text'>Qué es la escuela para mí, por cuatro niños de Ansó</title><content type='html'>Os presentamos qué significa la escuela para cuatro niños de Ansó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escuela para mí son recuerdos. Algunos de ellos son: el primer día de escuela fui con la parte baja del pijama porque mi padre veía el pantalón y se pensó que era la ropa. También me daba miedo José, mi profesor, cuando me cogía. No me gustaba que me cogiera. A lo mejor era porque llevaba cresta (&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Fdo. Anónimo&lt;/span&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro maestros van sin rumbo, pero hay uno que no se corta el pelo, y otro que hace un malgasto de dinero, pero uno que da francés y otro que da inglés, tenemos un cacao en la escuela que no veas, en los recreos ni te cuento...hay una mezcla....allí no hay quien juegue al fútbol. Bueno, está es mi escuela (&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Fdo. Sinónimo&lt;/span&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mí la escuela son muchas cosas, pero lo que más me gusta son los buenos momentos que paso con mis amigos. Por ejemplo, en el recreo porque nos lo pasamos muy bien. Yo llevo unos pocos años en la escuela y en estos años he aprendido muchas cosas y he tenido muchos profesores distintos. Con cada uno he aprendido muchas cosas distintas como a ser buena persona y responsable, pero sobre todo a pasármelo bien con mis amogos. Para mí la escuela es diversión, aprendizaje y mucho más (&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Fdo. Pinzón&lt;/span&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si tú a un alumno le preguntas qué le parece la escuela, lo más seguro es que te consteste: un rollo (por no decir otra cosa peor). Pero si tú le dices: piensa un rato y dime: ¿preferirías no haber ido a la escuela? Después de pensar un rato lo más probable es que te diga que no. Porque yo no he conocido a nadie que prefiera no saber leer, escribir, sumar...el problema es que sólo nos fijamos en lo malo, decimos que la escuela es muy aburrida, que nos dan muchos deberes, que no te deja tiempo para jugar y estar en la calle. Pero si nos paramos a pensar nos daremos cuenta de que sin la escuela no podríamos hacer nada. El ejemplo más común es el del trabajo : imaginaros que yo tengo un apanaderíay una persona me compra pan. ¿Cómo sé cuánto tiene que pagarme? O si soy el cliente ¿cómo sé si le estoy dando el dinero necesario? Pero no sólo con el dinero, también con muchas otras cosas. Por ejemplo, un día yo quiero ir a Jaca, pero como no sé leer el cartel de la carretera pues me voy para Berdún, y al final acabo en Pamplona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto os lo cuento para que os deis cuentade que la escuela es importante en la vida de todos. Y lo de que nos quita mucho tiempo, realmente yo creo que uno no necesita tanto tiempo, al final acabaríamos aburriéndonos. Y lo de que es aburrida... ¿acaso estar rodeado de niños es aburrido? Porque ¿a qué la mayoría de vuestros amigos los conocéis en la escuela? No digo que a todos pero ¿a que muchos sí? Además e la escuela no sólo conoces gente de tu pueblo o ciudad, sino que también conoces gente de otros colegios, pueblos, ciudades e incluso gente de otros países.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no digo que estar todo el día sentado haciendo un ejercicio detrás de otro no sea aburrido, pero es que en la escuela no se está todo el sía sentado haciendo ejercicios. Yo no conozco muchos colegios, pero en todos los que conozco se hacen un montón de actividades divertidas. Y también se está sentado, lo reconozco, pero no haciendo un ejercicio detrás de otro como dicen algunos sino aprendiendo un montón de cosas superinteresantes y que nos pueden ser de mucha ayuda en el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que espero que después de todo este rollo que os he soltado os lo penséis dos veces antes de contestar si alguien os pregunta: ¿qué te parece la escuela? (&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Fdo. Una persona que la echará mucho de menos&lt;/span&gt;)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-2259437297802739265?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/2259437297802739265/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=2259437297802739265' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2259437297802739265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2259437297802739265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2011/06/que-es-la-escuela-para-mi-por-cuatro.html' title='Qué es la escuela para mí, por cuatro niños de Ansó'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-4558983630459160345</id><published>2011-05-03T17:48:00.006+02:00</published><updated>2011-05-03T18:06:05.043+02:00</updated><title type='text'>"Más de cien razones" en Tardes de Blog</title><content type='html'>El próximo martes, 10 de mayo, Víctor Juan, Director del Museo Pedagógico de Aragón participará en una sesión de Tardes de Blog&lt;br /&gt;&lt;iframe width="450" height="286" src="http://www.youtube.com/embed/vpCmka9Svxg?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;XXII edición de Tardes de Blog&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;&lt;br /&gt;Víctor Juan&lt;/span&gt;,&lt;br /&gt;Director del Museo Pedagógico de Aragón&lt;br /&gt;puso en marcha el blog&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Más de cien razones&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una puerta abierta para profesores y alumnos. Los primeros que nos cuentan porque quieren ser maestros, y los segundos bucean en sus recuerdos escolares.&lt;br /&gt;Una buena excusa para hablar de la escuela, su historia y evolución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martes 10 de mayo a las 19:30 horas.&lt;br /&gt;El Pequeño Teatro de los Libros&lt;br /&gt;C/Silvestre Pérez 21&lt;br /&gt;Las Fuentes&lt;br /&gt;Zaragoza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Autobuses: 22, 24, 30, 44, Ci1 y Ci2&lt;br /&gt;Parada Bizi: 36&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-4558983630459160345?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/4558983630459160345/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=4558983630459160345' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/4558983630459160345'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/4558983630459160345'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2011/05/mas-de-cien-razones-en-tardes-de-blog.html' title='&quot;Más de cien razones&quot; en Tardes de Blog'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://img.youtube.com/vi/vpCmka9Svxg/default.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-241262426228100942</id><published>2011-01-26T23:05:00.002+01:00</published><updated>2011-01-26T23:07:22.839+01:00</updated><title type='text'>Yo, maestro rural, por José María Martínez Martí</title><content type='html'>Tras varios años deambulando entre olivos, melocotoneros, pinos y sabinas, me adentré en las tierras del Altiplano cuando llegaron los dinosaurios.&lt;br /&gt;Corría el curso 1993 y se quedaban dos réplicas de Iguanodón y Aragosaurus para apacentar plácidamente entre los chopos cabeceros y el río Alfambra en el pueblo de Galve. Ese fue el mismo año en que mi destino empezaba a formar parte de donde hoy continúo y soy, del CRA Teruel 1.&lt;br /&gt;Me gusta trabajar aquí. Tal vez porque soy un gran amante de lo natural. Es difícil dar forma a los sentimientos, recuerdos y vivencias. Eso se lleva dentro inundando el alma y el ser por completo. Ser maestro rural es una esencia que te impregna o evapora conforme pasan los años.&lt;br /&gt;A mí me sedujo el perfume de las parameras y los trigales. Las majadas fondeando en cielos azules, la alondra que viene todas las primaveras y el paso de las grullas en noviembre hacia la laguna de Gallocanta. He visto casi todos los colores cambiar y pintarse en los campos al ritmo de multitud de sinfonías ofrecidas por jilgueros y verdecillos.&lt;br /&gt;Satisfecho de pertenecer a una gran familia. Una familia de vínculos profesionales y afectivos muy fuertes. Porque somos comunidad educativa. Alcaldes siempre dispuestos a ofrecer sus servicios, padres colaboradores hasta la saciedad, alumnos con ganas de crecer, compañeros afables y demás vecinos en general atentos y cordiales.&lt;br /&gt;Aquí cuando se estrecha la mano es para siempre. El saludo es verdadero y la conversación espontánea.&lt;br /&gt;Algo funcionará bien cuando antiguos alumnos nos siguen saludando y acercándose a nosotros después de tantos años. Se ha tejido una maraña de relaciones en  nuestra escuela que han forjado grandes amistades los hombres y mujeres que ayer fueron niños y niñas.&lt;br /&gt;Aquí todo transcurre con más calma y humanidad. La cercanía es nuestra gran  aliada. Somos actores de teatro que sentimos muy de cerca los aplausos y silbidos. Es un escenario real.&lt;br /&gt;La escuela rural es grande, muy pedagógica y científica. Lo aseguro con rotundidad y sin complejos. Demostrado desde hace años. Nuestras escuelas de pueblo han servido de laboratorio a veces para implantar programas educativos y planes que luego han tenido una trascendencia en los aprendizajes muy positiva.&lt;br /&gt;Aquí se aprende de verdad. Pero sobre todo, se aprende a ser persona. Ser de provecho para el mañana cercano.&lt;br /&gt;Y claro que se forjan los primeros cimientos para nuevos aprendizajes. Y&lt;br /&gt;claro que muchos terminan carreras universitarias. Y claro que otros han &lt;br /&gt;preferido dedicarse a ser hoy fabulosos agricultores, albañiles, granjeros o conductores.&lt;br /&gt;Pero todos tienen algo en común: están unidos por un único cordón umbilical, la pertenencia a una tierra, a un espacio común que los ha protegido y los sigue cobijando desde siempre y para siempre.&lt;br /&gt;Mi emoción sólo me hace navegar con velas pintadas de sentimientos. Porque aquí he hecho muy buenos amigos. Mis abuelos fueron maestros rurales. Mi padre también. Y ahora recojo yo el testigo de la vocación rural. Contratiempos, pues también los hay. Pero el fin último es el reconocimiento de los niños y niñas. Esas sonrisas mañaneras que te ofrecen, los abrazos y complicidades.&lt;br /&gt;Yo, maestro rural. Yo, me quedo aquí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-241262426228100942?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/241262426228100942/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=241262426228100942' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/241262426228100942'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/241262426228100942'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2011/01/yo-maestro-rural-por-jose-maria.html' title='Yo, maestro rural, por José María Martínez Martí'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-3898523246728516463</id><published>2010-12-22T17:11:00.005+01:00</published><updated>2010-12-26T07:38:23.624+01:00</updated><title type='text'>Me hice maestra, por Blanca Gaspar</title><content type='html'>Nací en Huesca y pasé toda mi infancia y adolescencia en Barbastro. Provengo de una familia de obreros y tengo un hermano menor.&lt;br /&gt;En el momento de iniciar la escuela mis padres decidieron, no sin apuros, escolarizarnos  a mi hermano en los escolapios y a mí en las monjas. Pensaron que una enseñanza privada sería lo mejor.&lt;br /&gt;Por aquellos años me tocó vivir una escuela, sin sentido, donde todo se aprendía de memoria, se entendiera o no, convirtiéndonos en recitadores, con una memoria visual ejemplar.&lt;br /&gt;Aún recuerdo una lección de historia que decía así:&lt;br /&gt;«Cartago vencida pero no aniquilada se preparó para el desquite con tal objeto el general cartaginés Amílcar Barca…».  &lt;br /&gt;No he borrado de mi memoria ni éste ni otros tantos fragmentos similares. Como se puede suponer no tenía ni idea del significado de «aniquilada» ni de «desquite» ni sabía dónde estaba Cartago ni por supuesto lo relacionaba con un general que era cartaginés. &lt;br /&gt;Recuerdo una escuela que reprimía los sentimientos. Recuerdo los castigos, que eran muchos y variados. También recuerdo a Sor Josefa, una hermana cercana que me escuchaba y era amable con nosotras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante la negativa de continuar en el colegio, pasé al instituto. Descubrí un mundo diferente… ¡había chicos! Los profesores eran más cercanos, no había tanta memorieta pero sí miedo. Algunos profesores nos tenían aguantando la  respiración porque su sola presencia nos imponía muchísimo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó la hora de estudiar una carrera. Me apasionaban las matemáticas pero teniendo en cuenta que mi hermano venía detrás, supuse que una carrera más corta, magisterio, me permitiría trabajar y desahogar un poco la economía familiar. En un futuro haría matemáticas.&lt;br /&gt;A pesar de que no tenía vocación de maestra empecé magisterio en Huesca. Intenté hacerlo bien y al llegar a tercero debíamos  hacer las prácticas. ¡Me encantaron!  Ese contacto con los niños, esas personitas que te escuchaban como si fueras una persona importante, que te explicaban sus secretos, que querían saber de tu vida, que derrochaban cariño…. ¡Me enganché! Fueron unas prácticas muy disfrutadas y cada día me sentía más entusiasmada.&lt;br /&gt;Olvidé las matemáticas y decidí dedicarme al magisterio. Quería comprobar si aquella primera ilusión no se disipaba.&lt;br /&gt;Al salir de la escuela de magisterio no tenía muy claro qué hacer, cómo orientar mis clases pero tenía muy, muy claro lo que jamás haría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así empezó mi andadura laboral por la provincia de Huesca. Mi primer destino fue Albelda, durante  un trimestre, en una escuela rural con cursos compartidos.No fue fácil preparar tareas para edades diferentes.&lt;br /&gt;El resto del curso trabajé en un  colegio de Monzón. Me tocó infantil y tenía que enfrentarme al aprendizaje de la lectura y escritura. Me dieron instrucciones de la metodología que seguían; yo debía limitarme a continuarla.&lt;br /&gt;Recuerdo al pobre Fidel, con sus pelos pinchos, sus ojillos inocentes y lo mal que lo pasaba cuando oía su nombre y debía venir a  leer con su cartilla. No lo podía evitar y acto seguido se le escapaba el pipí y se ponía a llorar desconsoladamente.&lt;br /&gt;Yo no tenía en mis manos la solución pero sabía que algo no iba bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El siguiente curso me tocó la escuela hogar de Benabarre. No me dedicaba a la enseñanza sino al monitorage. Me fue bien convivir con alumnos de diferentes edades porque aprendí mucho de sus inquietudes y necesidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tercer  y cuarto año mi destino fue Torrente de Cinca, un pueblecito al lado de Fraga. Me encontré con una escuela rural de 5 maestros. Era la primera vez que no iba a hacer una sustitución.&lt;br /&gt;Me tocó infantil 4-5 años. Me moví y busqué el material más novedoso. Estaba muy ilusionada  pero a la vez expectante.&lt;br /&gt;Compartí escuela con  Sebastián Gertrúdix,que se encargaba de los más mayores. En su clase hacían cosas diferentes, no llevaban libros de texto, todo lo confeccionaban ellos, hablaban de asambleas… Se les veía entusiasmados y yo no había visto nada parecido.&lt;br /&gt;Recuerdo que cuando salían mis pequeños, tenía la necesidad de ir a su clase. Me mezclaba entre ellos y observaba todo lo que habían hecho. Poco a poco me convertí en una alumna más. &lt;br /&gt;Sebastián me habló de su experiencia y de cómo él enfocaba los diferentes aprendizajes. Él me introdujo en las técnicas Freinet y me explicó cómo abordar, de una forma diferente, el aprendizaje de la lectura y escritura.&lt;br /&gt;La idea me apasionó y después del primer trimestre hice una reunión con los padres para comunicarles mi decisión del cambiar de metodología.&lt;br /&gt;No fue fácil pero siempre me sentí guiada y orientada por Sebastián. Fue mi verdadero maestro y a él le debo el descubrimiento de un nuevo fundamento de la enseñanza. Fue así como levanté los cimientos de mi futuro profesional. &lt;br /&gt;No tardé en comprobar que estaba en el camino correcto. Esto sí me gustaba… ¡Me &lt;br /&gt;apasionaba! y deseaba entrar, cada nuevo día, en clase para seguir  experimentando con mis alumnos esa nueva manera de trabajar. Pude comprobar, con gran satisfacción, como los niños aprendían a leer de una forma natural, sin agobios , sin cartillas, sin traumas, cada uno a su ritmo, en un ambiente distendido y muy, muy motivador.&lt;br /&gt;Fueron dos años muy intensos, de aprendizaje «a pie de obra» y de ir descubriendo con mis pequeños lo maravilloso del aprendizaje compartido.&lt;br /&gt;Participaba en sesiones de trabajo con otros compañeros de la zona que entendían de igual modo la enseñanza. Fue muy gratificante poder compartir e intercambiar experiencias.&lt;br /&gt;Tras esta experiencia, que marcó mi vida profesional, pedí traslado a Barcelona. Mi nuevo destino fue Castelldefels. En el colegio Margalló encontré compañeros que aplicaban las técnicas Freinet. Juntos hemos recorrido un largo camino y hemos luchado por la renovación pedagógica.&lt;br /&gt;Me considero una maestra vocacional. No nací para ser maestra pero me hice maestra y me siento afortunada por tener un trabajo que me apasiona. El magisterio me llena a nivel profesional y personal y me ayuda a ser mejor persona.&lt;br /&gt;El momento de entrar en clase y compartir con mis alumnos todas sus vivencias, es mágico. Me siento querida, respetada, admirada de la misma forma que yo mimo, respeto y admiro a mis alumnos. Siempre aprendo algo nuevo, siempre hay algo que compartir…lo importante es hacer el camino juntos.&lt;br /&gt;Los alumnos son incondicionales y no hay secretos. Es fundamental escucharlos a ellos y a sus familias  para entablar un clima de amistad y cooperación. &lt;br /&gt;Corren tiempos difíciles para la escuela pública pero siempre he mantenido viva  la ilusión y cuando hago balance de mi vida profesional compruebo que no me siento identificada con los maestros que tuve. Intento ser diferente, como Sor Josefa y tengo muy presente lo importante que somos para ellos, para lo bueno y para lo malo. Nuestra huella permanecerá  en ellos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-3898523246728516463?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/3898523246728516463/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=3898523246728516463' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/3898523246728516463'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/3898523246728516463'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/12/me-hice-maestra-por-blanca-gaspar.html' title='Me hice maestra, por Blanca Gaspar'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-3668461280006354211</id><published>2010-09-06T23:30:00.003+02:00</published><updated>2010-09-06T23:32:12.751+02:00</updated><title type='text'>¡Quiero ser maestra !, por Sacra Rodríguez Suárez</title><content type='html'>Recuerdo que de pequeña me preguntaban qué quería ser de mayor, y siempre respondía ¡Yo maestra!&lt;br /&gt;Así, desde mi infancia quedé fascinada y atrapada por esta profesión donde el dar y el recibir, ofrecer y presentar, enseñar y aprender, comunicar y transmitir, crecer y progresar, crear y elaborar, escuchar y dar la palabra, acompañar y guiar… se dan en partes iguales, y donde se está continuamente en  evolución,  enriquecimiento y crecimiento personal si  realmente te gusta y disfrutas ejerciéndola.&lt;br /&gt;  Jugaba a las maestras y las imitaba en sus gestos y acciones.&lt;br /&gt;  Recuerdo también que en Reyes, siempre mis padres, aparte de juguetes nos regalaban  algo para el Cole, y yo me sentía feliz con una simple caja de lápices “Alpinos”.&lt;br /&gt;   Cuando explicaban mis maestros-as algún tema, siempre me quedaba absorta, porque sentía  que esa comunicación, esa complicidad, ese diálogo, esa acción pedagógica eran irrepetibles y casi mágica.&lt;br /&gt;   En todas mis etapas escolares, nunca tuve la figura de un maestro-a que me marcara o dejara huella. Todos-as  se basaban en realizar una escuela donde la pizarra, la silla, la mesa y el libro de  texto eran el denominador común y donde la  rutina, la repetición, los exámenes, las redacciones, el salir a decir la lección o preguntarla oralmente, los problemas matemáticos sin sentidos, las calificaciones PA y NM eran los elementos motivadores  y esta tediosa cadena se rompía con la realización de alguna excursión o la fiesta Fin de Curso, a pesar de todo, les cogí aprecio y cariño a algunas maestras-os (sobre todo en Primaria) y forman parte de mi memoria sentimental.&lt;br /&gt;  Al decidir carrera, elegí Magisterio con convencimiento (aunque por la nota de selectividad tenía otras posibilidades). Aprobé las oposiciones (nunca fui interina) y me vi por primera vez sola en un aula y con un grupo de niños-as, no sentía “miedo escénico”, sabía que aprenderíamos juntos, estaba feliz (a pesar de que ni el centro ni el pueblo eran los mejores) y lo viví con responsabilidad y alegría.&lt;br /&gt;  Ahora en mi trabajo, si tengo a maestros-as como modelos: Mª Carmen Díez, Isabel Agüera, Mariano Coronas, Cristóbal Gómez, Sebastián Gertrúdix, Blanca Gaspar, Pilar Fontevedra, Elisa Vián, Rosa Serdio, Carmen Valderrey… en ellos-as me reflejo, aprendo, intercambio, dialogo, me identifico y sobre todo los admiro, muchos son amigos-as personales ¡el magisterio da estos lujos!&lt;br /&gt;  Son maestros-as “a pie de obra”, como dice uno de ellos, que entiende su oficio como mucho más que una forma de ganarse la vida y que van a trabajar en vez de ir al trabajo.&lt;br /&gt;  En mi segundo año como maestra, un compañero me dijo: “Ahora tienes esta ilusión y vitalidad porque llevas poco años, cuando lleves los que yo, todo habrá desaparecido, porque es una profesión que quema mucho”. Hasta hoy, siento y tengo la misma ilusión al empezar cada curso e ir cada día a la escuela (aunque el camino andando no ha sido fácil) es una profesión en la que creo y sigo creyendo, porque despiertas las ganas de aprender, la fuerza interior para desarrollar un proyecto, cuando la familia colabora y participa,cuando fluye el entusiasmo por un tema, y sobre todo cuando te conviertes en su guía y acompañante para superar sus dificultades, saliendo ellos-as de sí mismos para aprender del mundo y la vida, y como dice Isabel Agüera “El verdadero maestro es el que sabe que también es alumno”. Pero no me gusta, la burocracia que asfixia a la escuela, las excesivas reuniones porque sí, el reciclaje unido a incentivos económicos, la incomprensión y las competencias internas, el realizar actividades por inercia,  y que la figura del maestro-a no esté valorada…&lt;br /&gt;   En este curso, mi alumna Alejandra Sánchez Moreno, al enseñarme su trabajo terminado, se acerca a mí, y poniendo su mano sobre mi brazo, me dice :” sabes, yo quiero ser maestra como tú”… no sé si esto se cumplirá, pero me gustaría que si la eliges como profesión (poniendo las mismas ganas que cuando me lo dijiste) seguro que no te arrepentirás, y a mí sinceramente, me gustaría verlo, porque ser Maestra, no lo olvides Alejandra, es algo grande.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-3668461280006354211?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/3668461280006354211/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=3668461280006354211' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/3668461280006354211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/3668461280006354211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/09/quiero-ser-maestra-por-sacra-rodriguez.html' title='¡Quiero ser maestra !, por Sacra Rodríguez Suárez'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-5600384277333407745</id><published>2010-08-04T16:08:00.001+02:00</published><updated>2010-08-04T16:16:51.191+02:00</updated><title type='text'>Un oficio privilegiado, por Mariano Coronas Cabrero</title><content type='html'>Yo creo que las vivencias significativas en las que participamos a lo largo de la vida forman un sustrato fértil sobre el que nos vamos edificando. Y las de la infancia, es posible que tengan un especial e importante peso específico.&lt;br /&gt;Cuando yo era pequeño, en las reuniones familiares espontáneas, en la cocina con cadieras de mi casa, se hablaba frecuentemente de maestros y maestras. Era razonable, ya que para quienes habían sido niños o niñas en las décadas de los veinte y  los treinta, era hablar de personas instruidas, que gozaban de reconocimiento en los pueblos donde trabajaban, y que realizaban una labor generalmente muy reconocida: enseñaban  a leer, a escribir y algunas nociones generales de otras disciplinas: geografía, historia… Lo necesario, en definitiva, para salir del estado de analfabetismo en el que se encontraba buena parte de la población del país. En términos generales, se hablaba de maestros y maestras con respeto y admiración, reconociendo esa labor, dura y difícil, de alfabetizadores de la sociedad.&lt;br /&gt;Mi madre, natural de Escanilla, nombraba a Doña Milagros. Una maestra de buen trato con el alumnado y con una letra realmente exquisita. Ella fue la maestra única del pueblo por un tiempo superior  a los veinte años. Mi padre, natural de Labuerda, recordaba a Don Ramón, el único maestro que conoció y nos contaba, como curiosidad, que había tenido cinco hijos y “los cinco se había hecho maestros”. El citado D. Ramón era un hombre estricto y los hacía estudiar con horarios definidos. En ocasiones, para evitar que se distrajesen, los acompañaba a una covacha natural que hay (hoy escondida por la maleza) a las afueras del pueblo y que acabó llamándose “la cueva de los estudiantes” por esa querencia que mostraron estos cinco aspirantes a graduados, como lugar de recogido y silencioso estudio.&lt;br /&gt;El primer año de mi escolaridad no fue completo puesto que la inicié a comienzos de la primavera, con el maestro Don Alberto. El curso siguiente llegó un maestro nuevo que se llamaba Don José María Lanao. Era de Labuerda y hasta entonces había estado trabajando en otras localidades de la provincia de Huesca. En Labuerda tenía aún buena parte de su familia. Yo tenía 7 y 8 años cuando estuve con él. Recuerdo algunas cosas de aquel tiempo: una fiesta de carnaval en la que nos disfrazamos con ropas de nuestros mayores y comimos chocolate, una obra de teatro que repetimos dos veces y con la que sacamos dinero para hacer una excursión al Valle de Ordesa y recuerdo su invitación a ayudar en la lectura a algunos compañeros que no se manejaban con soltura todavía. Guardo de esa época un cuaderno de limpio que es para mí muy valioso. Lo recuerdo como una persona afable, que nos dispensaba un buen trato y con el que íbamos a la escuela a aprender sin miedo. Un sábado de octubre de 1963, con poco más de cuarenta años, falleció de “muerte repentina” (imagino que hoy sería un infarto de miocardio o algo similar), dejándonos absolutamente huérfanos: ¡Cómo podía morirse el maestro! &lt;br /&gt;Dos años más tarde, ante el desbarajuste de interinos y sustitutos y temporadas sin maestro, mis padres acordaron llevarme a la escuela de Escanilla. Completaba así el itinerario familiar de estar en las dos escuelas donde habían estudiado mis padres: Labuerda y Escanilla. Allí estaba la maestra Mª Pilar Caro, guapa y simpática, que se alojaba en la casa de mis tíos y primos, en casa Buil. De modo que “me iba a vivir un tiempo con la maestra”, ya que compartíamos alojamiento y escuela. Sólo estuve unos meses, hasta que finalizó mi último año y fue ella la que me acompañó hasta L´Aínsa a examinarme de ingreso de bachillerato y a Barbastro a hacer un examen para obtener beca, alojándome en una alcoba de su casa, tras un viaje inolvidable más, atravesando aquel tortuoso y torturante Alto del Pino que tanto sufrimos los pobladores de Sobrarbe cuando queríamos llegar  a Tierra Baja. En la escuela de Escanilla éramos seis alumnos y fuimos muy felices. Me acuerdo que Mª Pilar corregía nuestros cuadernos y cuando ella consideraba que era merecedor de ello, premiaba nuestro trabajo con un MB (Muy Bien) y cuando teníamos unos cuantos en nuestro cuaderno, recibíamos un regalo. Mi recuerdo de aquellos meses es siempre muy emotivo, muy feliz y de mucha gratitud hacia ella.&lt;br /&gt;Comencé mis estudios de bachillerato en L´Aínsa y en segundo curso llegó un profesor diferente: Ánchel Conte. Él nos dispensó un trato especial, nos ilusionó con aprender y se desvivió por enseñar de una manera distinta: mirando al entorno, utilizando materiales nuevos, convirtiendo sus clases en tiempos deseados… El recuerdo de sus clases, de su fuerza e implicación, de su metodología… siempre han sido para mí una referencia fresca y positiva.&lt;br /&gt;De modo que, entre los recuerdos escolares de mis padres y mis experiencias personales, especialmente las vividas al lado de José María, María Pilar y Ánchel, parecía todo encaminado al hecho de que estudiara magisterio. También influyó en ello, la circunstancia de poder estudiarlo en Huesca y el provenir de una familia de recursos económicos limitados que no podía permitirse salidas más lejanas ni gastos superiores. A mis padres, que hacían un esfuerzo más que considerable para poder atender las necesidades económicas de sus cuatro hijos estudiantes y que nos animaban constantemente a que estudiáramos para ver si podíamos mejorar las condiciones duras de vida que ellos soportaron, pegados a la tierra y a los animales, les parecía bien que orientara mi futuro hacia una profesión que ellos respetaban y de la que guardaban un buen recuerdo: la de maestro.&lt;br /&gt;Estudié en la Escuela Normal de Huesca y comencé mis estudios coincidiendo con la última promoción del Plan 67. Terminé en 1974, antes de cumplir mis veinte años. Trabajé el curso 74-75 en la escuela graduada de Boltaña, como interino, siendo tutor de 33 alumnos y alumnas de 5º de EGB. Después estuve poco más de un mes en L´Aínsa, hice el servicio militar, trabajé seis meses en Tamarite de Litera; me destinaron por concurso de traslados a Canovelles (Barcelona) y, tras cuatro años inolvidables en esa localidad catalana, en septiembre de 1981, recalé en Fraga, donde todavía trabajo en el CEIP Miguel Servet. &lt;br /&gt;Después de un largo recorrido laboral, debo decir que las razones por las que todavía mantengo unos niveles altos de ilusión en mi trabajo pasan por la posibilidad diaria de compartir tiempo y pequeños proyectos con los chicos y chicas; porque todavía consigo –de tarde en tarde- iluminar su mirada; provocar ilusión intentando resolver algunos desafíos; poner los ingredientes para despertar la curiosidad suficiente que nos lleve a investigar o a recabar informaciones que nos permitan avanzar en nuestra aventura de relación y aprendizajes; disfrutar de las realizaciones colectivas; estimular la comunicación con otros niños y niñas, con otras aulas de otras escuelas; ayudar a canalizar la expresión de las emociones; promover el uso racional de las nuevas tecnologías; crear nuestros libros libres; fomentar la reflexión y la valoración de lo que vamos haciendo; defender emocionadamente la práctica de la lectura y de la escritura, como estrategias de obtención y divulgación de la información que debemos transformar en conocimiento y como herramientas de profundo significado en la realización personal de chicos y chicas; sembrar algo de coherencia y ofrecer un perfil personal que diariamente la certifique; involucrarme con otros compañeros y compañeras de profesión en pequeños proyectos de trabajo nacidos a partir de las ideas individuales o colectivas; dinamizar la biblioteca escolar como espacio civilizador y compensador, como centro cultural del colegio, como equipamiento que guarda y ofrece innumerables documentos informativos y recreativos; cultivar la sensibilidad de los chicos en lo concerniente al conocimiento y respeto de los valores naturales y medioambientales; tener presentes los intereses de los chicos y chicas del aula para incorporarlos, junto a sus conocimientos, a la planificación de nuestras estrategias de trabajo; intentar divulgar (a través de la autoedición, de la escritura de artículos para revistas, del blog o de la web) parte de nuestro trabajo e intercambiar algunos materiales diseñados… Y, en definitiva, practicar una pedagogía del sentido común. &lt;br /&gt;Por estas y otras razones, uno aún se siente motivado –después de tantos años- a trabajar en la escuela, a levantarse cada mañana y salir al encuentro de un diario cúmulo de incertidumbres, porque eso es hoy día una escuela, un colegio. Hay que luchar contra una parcelación del saber en áreas y contra una fragmentación horaria que convierte los tiempos escolares en un pequeño suplicio para quienes venimos de una época diferente; una época en la que ser tutor o tutora suponía permanecer en el aula casi toda la jornada y tener la flexibilidad suficiente para organizar los horarios y atender los ritmos y hacerlo todo con algo más de sentido… Es posible que ya sea hora de repensar la frecuente organización “desorganizada” actual.&lt;br /&gt;Vivimos tiempos complicados en nuestros centros escolares, pero siempre se abren nuevos frentes de trabajo e investigación que pueden motivarnos de manera especial; basta con mantener una actitud de permeabilidad, reconocer que nos dedicamos a un oficio privilegiado y trabajar con constancia y convencimiento para dignificarlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-5600384277333407745?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/5600384277333407745/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=5600384277333407745' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5600384277333407745'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5600384277333407745'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/08/un-oficio-privilegiado-por-mariano.html' title='Un oficio privilegiado, por Mariano Coronas Cabrero'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-8110827805980750506</id><published>2010-07-04T09:59:00.003+02:00</published><updated>2010-07-04T10:04:34.117+02:00</updated><title type='text'>Nociones básicas de mi madre-maestra, Montse Jaraba Andrés</title><content type='html'>Mi madre era maestra, aunque supongo que lo sigue siendo, porque como los pintores o los escritores no se deja de serlo por aparcar la obra.  El caso es que yo era hija de maestra, pero mi madre no quiso que ni yo, ni mis tres hermanos, nos convirtiéramos en los hijos de la señorita. Así, que no fuimos a su escuela, el colegio público de donde los alumnos salían -según sus propias palabras- mucho mejor preparados que  del resto de centros cercanos. Entonces no llegué a comprender su decisión, ni por qué tuve que ir a un colegio de monjas. Ahora me doy cuenta de que mi madre quiso protegernos de la mala superprotección. Y, seguramente, hizo bien. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tener una madre maestra es tenerlo todo en uno. Como en el anuncio de la época: juguete completo, juguete Comanci. Con sus pros y con sus contras. Mi madre se despedía de mí  camino de su escuela, ella, y de mi escuela, yo, con un «mira bien al cruzar y haz buena letra».&lt;br /&gt;En lo de la letra insistía especialmente los días de examen «porque, si no, ni te lo corregirán. Y haz el favor de dejar margen, que la presentación es muy importante». Lo del margen, eso sí que era un buen consejo. A veces, en una especie de homenaje privado, le suelto a mi hijo mayor un de esos «en el examen haz buena letra y deja margen, que la presentación es muy importante». Y me río para mis adentros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre era maestra, pero no hubiera querido serlo. Hubiera preferido ser médico, o médica. Pero estudiar Medicina no estaba al alcance de la economía de una familia humilde de posguerra y, como hubiera dicho mi abuela,«la chica, que era aguda, siempre la primera de su curso» tuvo que optar por Magisterio, que sólo eran tres años. Unos estudios económicamente más asumibles para sus bolsillos. Seguramente, la Medicina y muchos pacientes se perdieron  a una gran médica, pero centenares de escolares se beneficiaron de las precariedades económicas de mis ancestros y de esa decisión de mis abuelos que tantos lloros y tanto disgusto provocaron en mi madre en su momento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tener una madre maestra en casa significa convivir con conceptos y palabras siempre presentes: claustros, evaluaciones, programaciones… Y también comporta convivir con muchas vidas a la vez, historias personales de alumnos, conversaciones con padres y madres, desacuerdos con compañeros en interminables reuniones, retales de vidas ajenas que se paseaban por casa a diario y que formaban parte mi día a día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tener una madre maestra es recibir lecciones extra, de las que van a parte de los itinerarios curriculares, de ésas que no se imparten propiamente, pero que llegan al hijo-alumno por la simple observación. Las alegrías o los disgustos con los que mi madre volvía de la escuela eran la demostración evidente de que hay trabajos que son mucho más que una jornada laboral cumplida con más o menos acierto. Simples comentarios pueden resultar reveladores y formar parte de los códigos que se transmiten de manera imperceptible, casi invisible, pero que sirven para construir y modelar la propia personalidad. &lt;br /&gt;Recuerdo perfectamente -y no creo que tuviera más de 7 u 8 años- a mi madre comentarle a una amiga y compañera que les había dicho a los alumnos que no quería ningún regalo para Navidad. La costumbre de obsequiar a los maestros en determinadas fechas convertía en esos días la llegada de mi madre de la escuela en una fiesta:&lt;br /&gt;-A ver, ¿qué te han regalado?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-8110827805980750506?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/8110827805980750506/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=8110827805980750506' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/8110827805980750506'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/8110827805980750506'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/07/nociones-basicas-de-mi-madre-maestra.html' title='Nociones básicas de mi madre-maestra, Montse Jaraba Andrés'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-5166722989013583457</id><published>2010-06-29T16:27:00.002+02:00</published><updated>2010-07-03T09:13:03.546+02:00</updated><title type='text'>Una ilusión compartida, por Sylvia Mateo Pano</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; 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Allí nació mi abuelo materno, José Pano Calvo, el día 20 de abril de 1905.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Él y mi abuela Crispina vivieron&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;exiliados en Francia durante cuarenta años. Mi hermano José María y yo fuimos a pasar todos los veranos con ellos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;hasta el año 1978 que pudieron regresar&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a España con seguridad. ¡Por fin podían volver a su casa, a nuestra casa!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Mi abuelo nos contaba que sólo pudo ir a la escuela hasta los siete años porque en aquellos tiempos apenas había para comer y los niños se tenían que incorporar a una edad muy temprana al mundo laboral para ganar algo de dinero y ayudar a salir adelante a sus familias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Murió con ochenta y cinco años y nunca olvidó una&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;escena que vivió en la escuela, siendo un niño,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;un día en que el cura de su pueblo entró en&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la clase de los chicos y escuchó cómo le decía al maestro, señalándole a él, que a “ese niño” sólo le tenía que enseñar el catecismo. Aquel cura había decidido, y presionó al maestro para que así fuera,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que mi abuelo tenía que ser&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;una persona inculta y pobre, como otros muchos en aquel entonces. Lo contaba una y otra vez ¡con tanta rabia y con tanto dolor! Yo creo que nunca superó la impotencia que vivió en ese momento y que pudo ser el inicio, sin aquel cura ser consciente de las consecuencias de aquella decisión, del nacimiento de un ser que vivió y luchó durante toda su vida&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;por y para&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la ideología republicana.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;A mí esa vivencia me marcó de una forma especial en mi crecimiento personal .&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Mi madre y sus hermanas vivieron una posguerra durísima. Pero como&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la memoria humana es muy selectiva, a pesar de todas las situaciones de desgracia que tuvieron que afrontar durante mucho tiempo, mi madre ha recordado siempre,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y la sigue recordando&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a sus 78 años, con un cariño muy especial a Dª Pilar. Era su maestra. Una maestra que estuvo en el pueblo más de cuarenta años. Mi madre me cuenta que llevaba más de cien niñas, cómo se organizaba, cómo las mayores en cuanto aprendían a leer y a escribir se convertían en las maestras de las niñas más pequeñas.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Cómo este tipo de organización cohesionaba un grupo tan numeroso. Pero lo que más me ha impresionado siempre es su sentimiento de amor y de gratitud hacia esa maestra que se&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la llevaba a escondidas a su casa junto&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a sus hermanas para darles de comer, para que se sintieran protegidas de algún modo en medio de aquella sociedad tan hostil.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Dª Pilar fue&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;en su momento una figura de apego para mi madre,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y durante toda su vida la ha tenido como un modelo de referencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Desde los doce años tuve claro que quería ser maestra. Mi madre me apoyó incondicionalmente en la decisión de estudiar. En mi pueblo no había Instituto. Cuando todos los niños salían de la escuela, el maestro y la maestra se quedaban con los que preparábamos el&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Bachillerato Elemental. Recuerdo que el maestro nos daba Matemáticas, Geografía e Historia, Ciencias Naturales, Física, ... La maestra Lengua, Latín, Música, Política, Francés , Religión y Gimnasia . Cuando llegaba junio, íbamos al Instituto de Barbastro y en dos días nos examinaban de todas las asignaturas. Éramos alumnos de matrícula libre. Cuando acabé el Bachiller Elemental y la Reválida hubo&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cambio en&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el sistema educativo. Se implantó el Bachillerato Unificado Polivalente. El primer curso me lo preparé en una academia en Huesca y me examiné en el Instituto Domingo Miral de Jaca donde estaba ubicado el INBAD.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;En segundo de B.U.P. pude conseguir una plaza en el Colegio de Santa Ana de Huesca donde cursé&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el resto del Bachillerato&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y COU compartiendo&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;los grupos y las aulas, por primera vez en la historia de los centros privados de Huesca,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;con las alumnas de Santa Rosa y los alumnos de Escolapios, San Viator y Salesianos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Cursé mis estudios profesionales en la Escuela de Magisterio de Huesca. Empecé a descubrir una escuela en la que yo ya no era la alumna sino la enseñante durante el tercer año cuando hice las prácticas. La empezaba a ver del otro lado, a descubrir&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;la diferencia que hay entre enseñar y educar, lo importante que es la relación con los padres, cómo tu actitud, tu entusiasmo, tu ilusión y tu nivel de compromiso pueden llegar a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;determinar el funcionamiento de un grupo de alumnos. Me pareció apasionante descubrir que, atreviéndome a ser un poco transgresora,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;podía llegar a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;convertir el aula en un espacio de creatividad, de actividad, de interacción, de inclusividad, en fin, ¡todo un mundo! con un poco de imaginación. Ah! Y, muy importante para mí, hacer una escuela compensadora sobre todo para los niños que viven con algunas necesidades.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Tuve la suerte de acabar mis estudios con un “Acceso Directo”. No os quiero ni contar cómo recibió este premio mi familia, sobre todo mis abuelos y mis padres. Fue un premio especial para mi abuelo y para mi madre. Era la primera persona de la familia que tenía una carrera y para orgullo de mi&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;abuelo José y de mi madre Mª Teresa su primera nieta e hija,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la mayor, ¡YA ERA MAESTRA!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;He sido siempre, y lo sigo siendo, una persona activa, que huye de la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;monotonía,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que ha afrontado&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;con ilusión y optimismo&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;los constantes cambios que hemos estado viviendo en el mundo de la educación, a la que le gustan los nuevos retos, con un nivel de compromiso muy alto con su trabajo porque le gusta tanto que si volviera a nacer volvería a ser MAESTRA. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Confieso que siento una gran satisfacción cuando mis ex-alumnos me llaman por la calle y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;constato que me siguen recordando con un cariño especial,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cuando entran en mi despacho y me cuentan sus alegrías, sus problemas, sus confusiones, sus dudas &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;existenciales, …cuando después de pasado el tiempo hay madres que me buscan&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y me muestran su confianza,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;me piden &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;opinión para orientar a sus hijos… Me siento útil y valorada.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Me hacen sentir feliz. Es así de sencillo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Actualmente estoy ocupando un puesto de responsabilidad en el Centro de Profesores y Recursos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de Alcañiz.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Me está permitiendo ver la escuela desde otro punto de vista y trabajar por ella y por sus maestros desde una nueva perspectiva con optimismo, con ilusión y con esperanza en el futuro. Creo que es muy importante que desde la Administración se potencie la figura del maestro y se valore la trascendencia de su&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;trabajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CUsuario%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C09%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Verdana; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:536871559 0 0 0 415 0;} @font-face 	{font-family:Calibri; 	panose-1:2 15 5 2 2 2 4 3 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-1610611985 1073750139 0 0 159 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin-top:0cm; 	margin-right:0cm; 	margin-bottom:10.0pt; 	margin-left:0cm; 	line-height:115%; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:11.0pt; 	font-family:Calibri; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-language:EN-US;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman";} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Sylvia Mateo Pano &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-5166722989013583457?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/5166722989013583457/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=5166722989013583457' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5166722989013583457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5166722989013583457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/06/una-ilusion-compartida-por-sylvia-mateo.html' title='Una ilusión compartida, por Sylvia Mateo Pano'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-2289050982653822398</id><published>2010-06-17T06:07:00.001+02:00</published><updated>2010-06-17T06:09:57.940+02:00</updated><title type='text'>Carta a un futuro maestro, por  Mª Jesús Sáez de Urabain</title><content type='html'>Querido Zumai: ¡No sabes qué alegría me diste el día que me dijiste: Txus, quiero ser maestro como tú!&lt;br /&gt;Me hizo recordar otro día, hace años. Ibas con la abuela de paseo y te encontraste con la pregunta: ¿Y este niño tan guapo qué quiere ser de mayor? Las palabras venían de una señora amiga de la familia. Tú mirando hacia la abuela, orgulloso, contestaste: yo, soltero como mi abuela.&lt;br /&gt;No sé si este deseo lo cumplirás ¡Tienes tanto tiempo por delante! Pero el otro, espero que lo cumplas (ya estás en camino) y que con esa vocación-profesión seas tan feliz como yo he sido.&lt;br /&gt;Si me preguntas por qué quería ser maestra, tengo que volar a mi infancia:&lt;br /&gt;Desde la ventana de mi habitación veía el patio de las monjas, el recreo de los niños. Era un juego para mí, las niñas jugando al corro, la soga, las tabas, los chicos correteando con el balón, y unas alas blancas de mariposa o de ángel que se confundían con las cabezas rubias, morenas, pelirrojas.&lt;br /&gt;¡Mamá, mamá yo quiero ir al colegio, quiero aprender a leer!  ¿Por qué no puedo bajar al recreo con los niños? Debí ser muy convincente o pesada porque mamá habló con la superiora y a pesar de no tener la edad reglamentaria, tenía 4 años, consintieron que comenzara mis clases.&lt;br /&gt;¡Qué contenta aparecí el primer día de clase! A las 9 menos cuarto estaba la primera en la entrada del cole; había que coger sitio en la fila. Allí pegada a la puerta aprendí la canción que como una retahíla recitábamos hasta que las alas de mariposa nos daban paso a la clase: “Abre la puerta, culín y culeta más vale un duro que una peseta”.&lt;br /&gt;Creo que aprendí a leer pronto; entre las alas de mariposa que guiaban mis aprendizajes y mi madre, las letras corrían por mi cabeza.&lt;br /&gt;Léeme este cuento mamá, ahora lo leo yo; balbuceaba y preguntaba ¿Y esto qué quiere decir? ¿por qué los príncipes comen siempre perdices? ¿no comen cordero y otros manjares? No sé que me contestaría mi madre… hija, es un decir, puede que comieran otras cosas.&lt;br /&gt;A las alas de mariposa también les preguntaba: ¿Y cómo tenéis  el pelo debajo de la toca? ¿y cuándo os lo cortáis? ¿dan mucho calor las alas almidonadas? ¡Qué curiosa era y sigo siendo!&lt;br /&gt;Me encandilaba el gesto de la cabeza que hacían las monjas para pasar sin tropezarse por las puertas.&lt;br /&gt;Cuando ya me solté a leer, comencé a ir al comedor de las hermanas a leer mientras ellas comían. Esas lecturas  de vidas ejemplares, del Evangelio o de la Biblia me llenaban de fantasías la cabeza. Yo era la misionera que cuidaba negritos en África, otras veces ayudaba a los cristianos perseguidos… Era fácil para mí evadirme y ser la heroína de la historia.&lt;br /&gt;¡Qué pronto transcurrieron esos años! Pasé a la Escuela Nacional de niñas a los siete años y admiré a mis maestras: D.ª Resu es la que recuerdo con más cariño.&lt;br /&gt;Y como la niña podía estudiar, según los mayores, comencé a preparar ingreso de Bachiller. Don Jesús Bañales fue mi maestro y guía. Con él hice por libre ingreso, primero y segundo de Bachiller. Estudiaba (no mucho) en casa, y por la tarde, cuando los chicos salían de clase, los y las aspirantes a Bachiller nos sentábamos en los pupitres que ellos abandonaban. El maestro nos explicaba las dudas y nos ponía tarea para el día siguiente. Nunca tuve un reproche para mis maestros y maestras. Siempre me ayudaron a saciar mi curiosidad. Así que yo quería ser como ellos y ellas, ayudar a otros niños y niñas para que aprender fuera un juego, enseñarles a buscar la solución de sus preguntas, guiar sus ocios, disfrutar con ellos de lecturas maravillosas, músicas, teatros, deportes, etc. etc.&lt;br /&gt;Tu abuela también me transmitió admiración hacia sus maestros, que fueron republicanos y humanistas. Hacían partícipes a sus alumnos de sus ideas de igualdad y fraternidad. Les enseñaron a querer y apreciar la belleza: de ideas y de cosas.&lt;br /&gt;¡Cómo recita la abuela poesías aprendidas con ellos, fábulas, etc. etc.! ¿Te acuerdas Zumai? “Mariposa vagarosa, linda en tintes y en donaires, tú que vas de rosa en rosa…” “Dijo la zorra al busto después de olerlo, tu cabeza es hermosa pero sin seso”. Las hemos aprendido con ella y por ella sus hijas y sus nietos. ¡Buena maestra!&lt;br /&gt;Así que a tu pregunta: ¿Por qué quise ser maestra? creo que ya tienes respuesta: por la admiración a sus maestros que me inculcó tu abuela, por la misma admiración y respeto que tuve a los míos y por mi gran curiosidad que me llevó a aprender y participar de aprendizajes variopintos: teatro, atletismo, encuadernación, grafología, tiro al arco, etc. etc. También desaprendo (la memoria juega malas pasadas).&lt;br /&gt;En la misma escuela en la que estudié Magisterio (el año 2011, hará 50 años que se inauguró y que yo empecé primero) tú has cursado primero; yo hago Humanidades y tú estudias la carrera más bonita, alegre y satisfactoria que conozco.&lt;br /&gt;Deseo que te haga tan feliz como a mí me ha hecho.&lt;br /&gt;Un abrazo y todo mi cariño&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Txus&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.D. Me gustaría que cuando sea mayor me cuentes al oído: “Mariposa vagarosa, linda en tintes y en donaires…&lt;br /&gt;¿Por qué quisiste ser maestro?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-2289050982653822398?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/2289050982653822398/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=2289050982653822398' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2289050982653822398'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2289050982653822398'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/06/carta-un-futuro-maestro-por-m-jesus.html' title='Carta a un futuro maestro, por  Mª Jesús Sáez de Urabain'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-1177768683007991845</id><published>2010-06-17T06:04:00.001+02:00</published><updated>2010-06-17T06:05:56.117+02:00</updated><title type='text'>Una maestra, por Mª Carmen Tornadijo Merino</title><content type='html'>Ahora que me acerco a la edad de la jubilación, llevo 35 años de maestra, me pongo a reflexionar sobre cuándo y por qué quise dedicarme a la enseñanza.&lt;br /&gt;Ciertamente, no tengo idea de tomar la decisión en un momento determinado, pero sí me recuerdo desde muy pequeña “enseñando a mis muñecas”. Las colocaba en fila y me encantaba mostrarles los dibujos de mis cuentos, o contarles historias fantásticas de princesas, que unas veces las inventaba muy dichosas, rodeadas de lujo y otras veces las había muy desgraciadas; aunque siempre elegía finales felices para que  mis “alumnos-as” (había también algún muñeco) quisieran volver otro día a escuchar mis relatos. Yo estaba encantada viéndoles disfrutar con la mirada atenta, sin pestañear, aprendiendo todo lo que les enseñaba; parecían no cansarse nunca, sin una queja, sin un gesto de enfado ni de contrariedad. Mi éxito era total,  garantizado.&lt;br /&gt;También recuerdo la admiración que sentía por los docentes, estaba convencida de que esas personas lo sabían todo de todas las materias y de todas las artes: matemáticas, lengua, geografía, historia, e incluso las maestras hacían unas “labores” de costura preciosas: bordaban sábanas, mantelerías, adornos…&lt;br /&gt;Desde mi primer día de trabajo, ya experimenté la diferencia que había entre mis juegos de niñez y la realidad al tratar con chicos y chicas que tenían capacidad de reaccionar ente mis sugerencias. En ocasiones respondían con agrado y otras con protestas o indiferencia. A pesar de mi interés, no siempre mi esfuerzo se veía recompensado. Por ello he tenido que adaptarme con frecuencia a cambios y a imprevistos.&lt;br /&gt;Así mismo comprobé qué equivocada estaba al suponer que por tener el título de maestra ya poseía todo el conocimiento que guardaban los libros, enciclopedias y diccionarios que desde siempre me llamaron la atención. ¡Cuántas veces he tenido que reconocer que no sabía dar respuesta a la pregunta que me han cuestionado alumnos-as de cualquier edad! ¡Cuántas veces me habré equivocado al querer resolver un problema, que se me ha resistido!&lt;br /&gt;Pero algo ha permanecido constante en mi quehacer diario: terminar la jornada con un final feliz para que al día siguiente el alumnado y yo nos encontremos con la alegría de retomar la historia que dejamos iniciada ayer.&lt;br /&gt;Han pasado muchos años y sigo deseando jugar cada día con las muñecas y muñecos. Ahora son ellos los que me cuentan las historias más bonitas. Lo pasamos muy bien. Reímos, cantamos, nos emocionamos y hasta aprendemos. Me han enseñado que es muy importante que haya armonía en un grupo. Procuramos no molestarnos porque hemos decidido que si alguien incordia se va al cajón de los juguetes rotos y es muy aburrido.&lt;br /&gt;A pesar de haber tenido contratiempos y dificultades, nunca he pensado que me he equivocado al elegir mi profesión.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-1177768683007991845?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/1177768683007991845/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=1177768683007991845' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1177768683007991845'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1177768683007991845'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/06/una-maestra-por-m-carmen-tornadijo.html' title='Una maestra, por Mª Carmen Tornadijo Merino'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-2650467742205905109</id><published>2010-06-17T06:01:00.000+02:00</published><updated>2010-06-17T06:02:39.714+02:00</updated><title type='text'>¿Por qué he sido maestra?,  por   Mª Luz Visús Pardo</title><content type='html'>Reflexionando sobre esta pregunta, llego a la conclusión de que en un principio no fue por vocación, sino más bien por necesidad.&lt;br /&gt;En aquellos años cincuenta, y en una capital de provincias, pequeña y cerrada como Huesca, no había muchas alternativas. Si añades a esto que tus padres no tenían medios económicos para pagarte los estudios fuera de tu ciudad, las opciones quedaban reducidas solamente a dos: una era Comercio, algo así como el equivalente a la actual carrera media de Ciencias Empresariales, la otra: Magisterio. Y dado que a mí siempre se me dieron mejor las letras que las ciencias, la decisión estuvo clara: cursé Magisterio.&lt;br /&gt;La evocación de aquellos años de estudio en la Escuela Normal me trae la nostalgia de la juventud, de la camaradería, de los recreos en el parque próximo y de tantas vivencias compartidas con compañeros y compañeras de curso. Con varios de ellos hemos coincidido años más tarde en alguno de nuestros centros educativos; unos encuentros, que han estado siempre cargados de anécdotas y recuerdos siempre gratos, quizás por aquello de que la memoria, además de selectiva, es sabia y va relegando al olvido aquellos episodios que no fueron tan placenteros.&lt;br /&gt;Algo parecido me ocurre con los profesores; unos han quedado en el olvido, otros me han dejado huella y sigo recordándolos con cariño y admiración, porque me inculcaron el deseo de saber, el afán de superación y sobre todo el goce de la lectura. Y sin duda, algo que recuerdo bien de la andadura académica de aquellos primeros años, en los que aunque todavía no tuviese una vocación clara, algo se debía forjar en mi interior porque la Sicología y la Pedagogía fueron, desde el principio, mis asignaturas favoritas.&lt;br /&gt;Sin embargo, en aquel entonces nuestros aprendizajes eran casi exclusivamente teóricos y nos faltó algo tan importante como conocer de cerca el elemento esencial: los niños. Solamente hacia la mitad del último curso se nos facilitó ese contacto como  practicantes en la Escuela Aneja. Aunque, como pertenecientes al sexo femenino, fuimos adscritas a las clases de niñas, y únicamente por las tardes; con el agravante de que durante estas sesiones, en aquella época, quedaban excluidas todas las materias excepto la de “labor y costura”. Es fácil, pues, imaginar el nivel que alcanzaban nuestras cortas prácticas, y que termináramos la carrera cargadas de contenidos, pero muy lejos de la realidad del aula.&lt;br /&gt;Por este motivo, el estreno de mi primer destino estuvo lleno de una amalgama compleja de sensaciones: soledad, incertidumbre, miedo a no estar a la altura de lo que exige tu profesión, pero también de ilusión, de muchas ganas de educar y enseñar a los que iban a ser mis primeros alumnos de verdad.&lt;br /&gt;Llegué a Laguarta, un pueblecito del Prepirineo, que aunque no distaba muchos kilómetros de mi ciudad, parecía muy lejano dadas las complicadas y difíciles comunicaciones. Era éste, un pueblo recóndito, cercado por montañas y desconocido para mí, lo que me hizo sentir sola, extraña y vulnerable.&lt;br /&gt;Nerviosa, entré por primera vez en “mi escuela”: era pequeña, estaba presidida por los consabidos símbolos franquistas, disponía de un parco y exiguo mobiliario, una estufa de leña en el centro, un reducido armario con muy escasos, viejos y manoseados libros, y sus únicos adornos en las paredes eran la pizarra y un descolorido mapa de España. Eso sí, no faltaba la emblemática bola del mundo sobre la mesa de la maestra, “mi mesa” desde ese instante.&lt;br /&gt;Recuerdo que de muy poco me sirvió la teoría aprendida a la hora de hacerme cargo de un grupo reducido de niños y niñas de distintas edades y expectativas. En su mirada había sobre todo curiosidad y  un leve toque de desconfianza, casi de temor. Parecían preguntarse cómo les iba a ir conmigo. ¡Qué poco sabían que a su maestra le invadía ese mismo  sentimiento, aunque disimulado por una sonrisa!&lt;br /&gt;Los días fueron pasando, y sin apenas darme cuenta fui entregándome a mi alumnado, al pueblo y sus pocos habitantes. ¡Ah, y ya no me preocupaba cumplir al pie de la letra todo lo cursado durante la carrera! Como el material pedagógico era escaso, por no decir inexistente (una enciclopedia, El Quijote, libros de dictados farragosos, Lecciones de cosas y el catecismo de Ripalda), se impuso la necesidad de desarrollar la creatividad con ejemplos y actividades cercanas y comprensibles a su forma de vida para que el aprendizaje de las materias básicas  fuese más placentero.&lt;br /&gt;Poco a poco fue desapareciendo la distancia entre mi persona y mis alumnos, diluyéndose con la convivencia continua dentro  y fuera de la clase hasta llegar a entender y participar de su carácter, sus preferencias, sus juegos y sus sueños. Con todo, también fueron ellos, los niños, los que sin pretenderlo me enseñaron a mí y me enriquecieron con su gran curiosidad, su imaginación, a veces tormentosa, y su forma práctica de vivir.&lt;br /&gt;Tras Laguarta llegaron otros lugares y, por último, la ciudad. Han pasado por “mis manos” muchos niños y niñas, la mayoría de ellos me ha dado satisfacciones, otros también problemas que he ido resolviendo con paciencia  y mayor o menor éxito. Pero, lo cierto es que sin apenas darme cuenta, en ese constante dar y recibir, fui entregándome de lleno a la docencia.&lt;br /&gt;Y hoy, desde mi actual mirada, ya transcurrido mucho tiempo, tiempo en el que la Educación ha ido cambiando hacia nuevos métodos, medios técnicos,  múltiples materiales y creciente colaboración entre compañeros, puedo decir que mi vocación se ha ido forjando y creciendo a lo largo de todos estos años, obedeciendo al deseo constante de procurar a los niños una puerta abierta a la curiosidad, de tratar de inculcarles la tolerancia como método de convivencia,  de fomentar su creatividad, y por encima de todo, de transmitirles la pasión por la lectura y el amor a los libros.&lt;br /&gt;Llevo ya varios años jubilada, pero sigo mirando con agrado a los niños de un colegio ubicado bajo mis ventanas, sus juegos, sus gritos y su actividad por el recreo.&lt;br /&gt;Cuando los miro, me siento a la vez acompañada y nostálgica. Siento  gratitud y entusiasmo por los años que he convivido con ellos; y si, en este momento, transcurridos ya diez años de mi jubilación, alguien me preguntara qué es lo que más me hubiese gustado ser en mi vida, confesaría sin vacilar: maestra.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-2650467742205905109?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/2650467742205905109/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=2650467742205905109' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2650467742205905109'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2650467742205905109'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/06/por-que-he-sido-maestra-por-m-luz-visus.html' title='¿Por qué he sido maestra?,  por   Mª Luz Visús Pardo'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-106645614404764718</id><published>2010-06-09T06:24:00.003+02:00</published><updated>2010-06-09T19:25:49.265+02:00</updated><title type='text'>¿Por qué soy aprendiz de maestro?, por José Luis Capilla Lasheras</title><content type='html'>&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Son casi las cinco. Es invierno y está nevando. A través de los cristales blanquecinos de las ventanas de madera se pueden apreciar los copos de nieve cayendo en el prematuro anochecer de esta época. El interior está aún más oscuro. Diez niños de distintas edades y su aprendiz de maestro observan una proyección que les envuelve con sus voces y paisajes cautivadores. Están allí juntos, compartiendo unos instantes en medio de la oscuridad luminosa y el silencio lleno de sonidos&lt;/span&gt;. Quizá momentos como este, donde casi ninguna otra cosa importa, sean suficientes para justificar un oficio. Permítanme contarles algunos más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al margen de los consejos y el cariño de unos, el esfuerzo de otros, o la incierta intuición, el azar condiciona algunas decisiones trascendentes. Así, puedo indicar que cuando elegí el sendero que llevaba hacia esta profesión no era consciente de la decisión tan afortunada que tomaba. Soy pues, y en primer lugar, una persona muy afortunada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de aquí, vivir la profesión de una manera muy determinada significa que la escuela, los niños, los compañeros, las familias, van empapando calladamente los hilos con los que se teje la vida hasta que un día comprendes que ya forman parte de ti, de tu propia piel; que tu pensamiento, tus viajes, tu amada compañera, tus anhelos y preocupaciones, surgen de la escuela, se dirigen a la escuela, laten y sienten con la escuela. La escuela me ha modelado: ha cultivado mi mirada a través de las miradas de cientos de niños, me ha mostrado personas maravillosas en su ejemplo diario, me ha mostrado muchos lugares y muchas vidas. Hasta un punto en que ya no puedo explicarme sin ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando uno no está seguro de nada, sino que duda de absolutamente todo, cuando la vida le parece un milagro fascinante, cuando se entusiasma con el vuelo de una golondrina, con un sapo o una culebra, con un atardecer o con una grandiosa luna llena, la escuela se convierte en un viaje maravilloso donde compartir algunas experiencias con unos compañeros bajitos, inquietos, curiosos, con la capacidad intacta para sorprenderse por cada uno de los prodigios que pueden suceder cada día al amparo de la escuela. Los niños son, aún, los auténticos poseedores del tesoro de sorprenderse por los pequeños y mágicos descubrimientos diarios. La escuela es ese pequeño teatro donde todos ensayamos cada día nuestra actuación en la vida, el torno donde nos damos forma mutuamente, el lugar del que parten las excursiones para conocer el mundo, para descubrir a los compañeros, para ser sensibles y maravillarnos con cada manifestación de vida, donde compartimos lecturas que nos hacen ser mejores, donde acuden Ricardo y Pablo para hablarnos de egagrópilas y pájaros y descubrirnos el mundo de lo microscópico, donde intentamos ayudar a tarabillas y vencejos en apuros, desde donde observamos pasmados Saturno y sus anillos, en el que de forma mágica brotan las semillas y dan lugar a pinos, arces o tomates. Es el lugar en el que, durante una clase, un infeliz aprendiz de maestro pierde un día la mirada en el horizonte pensando el privilegio que supone estar allí y una pequeña niña filósofa, que otro día reflexionaría sobre qué demonios significaba estar viva, se acerca a él diciéndole que espabile, que tiene la mirada puesta en no sabe qué misteriosos mundos. También la escuela es un lugar donde el maestro puede sentir en la garganta un nudo cuando, en medio de meditaciones filosóficas, un niño intenta explicar y explicarse la muerte, el dolor por la pérdida de un ser querido, y todos los compañeros escuchan absortos y en silencio absoluto creando un momento donde los delicados sentimientos se mueven entre las mesas y las sillas con tal intensidad que un oyente atento podría llegar a escucharlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este pequeño recorrido en el que ahora pienso y escribo, también hay ocasiones en las que uno llega a lugares especiales. Muy especiales. Allí descubre a niños especiales, a compañeros especiales, a familias especiales. Y no le queda otro remedio que volver a sentirse profundamente afortunado, puesto que, ante todo, le enseñan nuevas maneras de mirar y de sentir, le acercan a la importancia y el valor de lo sencillo e indispensable, y también le ofrecen ejemplos constantes de esfuerzo, de vocación, de hacer el trabajo de la mejor manera posible y, en definitiva, le permiten compartir con ellos un período donde cada actuación parte de la premisa básica de que lo primordial y fundamental es el niño. Allí, el todavía infeliz aprendiz de maestro aprende el valor de las sonrisas, de la comunicación, de las caricias y los abrazos. Aprende a disfrutar de unos minutos acariciando y entrelazando sus manos con otras manitas diminutas que le susurran emociones a través del contacto. Aprende también que la voluntad y el entusiasmo son dos elementos indispensables para la mochila, como le muestra cada día Sonrisas, la niña que siempre pide «más» hasta poder decir «lo conseguí» y entonces buscar un nuevo reto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escuela abre cada mañana la puerta al misterioso y afortunado asunto de la vida. Soy maestro porque me siento profundamente feliz compartiendo este intrincado e incierto camino con los niños.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-106645614404764718?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/106645614404764718/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=106645614404764718' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/106645614404764718'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/106645614404764718'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/06/por-que-soy-aprendiz-de-maestro-por.html' title='¿Por qué soy aprendiz de maestro?, por José Luis Capilla Lasheras'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-5455054436214892809</id><published>2010-06-07T10:30:00.002+02:00</published><updated>2010-06-09T06:27:48.272+02:00</updated><title type='text'>De tu mano cada mañana al cole, por Pepa</title><content type='html'>Hace tiempo que vengo pensando en escribir algo y hoy me decido a hacerlo.&lt;br /&gt;Como alumna, soy del grupo de las enamoradas de su cole, que por cierto es Luis Vives de Zaragoza, he de decirlo con mucho orgullo. Recuerdo las tristes tardes de los viernes con un panorama de dos días sin clase o el tristísimo día de fin de curso cada verano. Yo era la única niña que lloraba porque no habría clase por muchos días. Lo recuerdo con total claridad, incluso me emociono un poco al hacerlo. Era algo rarita ¿verdad? Lo que ocurría es que era muy feliz en el cole con mis compañeras y compañeros, con doña Angelines, mi maestra de piel muy blanca, canas y voz dulce de primero,  doña Gloria tan alta y tan de negro porque murió su marido ese año, en segundo, el tremendo trasero de doña Pablita de tercero a la que siempre le acompañaba una regla muy dura, de madera, los guateques de cuarto con aquella maestra que no recuerdo el nombre pero si que era monja y no vestía como yo pensaba que vestían todas las monjas. Así puedo seguir hasta octavo. Hace poco nos vimos los compañeros de clase, al celebrar nuestro 40 cumpleaños. Toda la cena hablando de las maestras y los maestros, de los niños y niñas que allí crecimos y ahora nos veíamos de nuevo..... Por mi trabajo, sin ser maestra, entro con frecuencia a los coles y siempre siempre que me llega ese olor tan particular que tienen los colegios mi estómago brinca.&lt;br /&gt;En el colegio me mandaban cuidar de las clases de los pequeños, cuando ya era más mayor. Me encantaba. Mis maestras me animaban a que siguiera sus pasos. No lo hice. &lt;br /&gt;No soy maestra pero trabajo en los colegios, llevo propuestas educativas, en relación al arte. Estoy en contacto continuo con niños, adolescentes o adultos estudiantes, maestras y maestros  y tengo que decir que soy muy feliz haciendo este trabajo.&lt;br /&gt;Veo ese inmenso esfuerzo que profesionales con mayor o menor acierto realizan cada día en sus aulas, a grandes personas convertidas en admirables profesionales, a algunos otros que no mencionaré. Pensando en estos últimos me viene a la cabeza este refrán: "En todos sitos cuecen habas....."&lt;br /&gt;Además soy madre y con mi hija revivo la emoción que ella siente al descubrir y sentirse parte de ese mundo que es el colegio.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Gracias a todas mis maestras y maestros, a mis compañeras y compañeros de clase porque los recuerdos más felices de mi infancia están allí, en mi cole. &lt;br /&gt;Gracias a todas y todos lo participantes de mis actividades porque los momentos más hermosos de mi vida profesional están allí en vuestros coles.&lt;br /&gt;Gracias Candela por ser como eres y llevarme de tu mano cada mañana a tu cole.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-5455054436214892809?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/5455054436214892809/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=5455054436214892809' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5455054436214892809'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5455054436214892809'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/06/de-tu-mano-cada-manana-al-cole-pepa.html' title='De tu mano cada mañana al cole, por Pepa'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-132229803656914966</id><published>2010-05-24T13:14:00.002+02:00</published><updated>2010-06-07T14:38:19.277+02:00</updated><title type='text'>¿Por qué quieres ser profesora?, por Cristina Holgado Fernández</title><content type='html'>-¿Porqué quieres ser profesora?&lt;br /&gt;-Quiero ser profesora...- le dije&lt;br /&gt;-Para ayudar, para enseñar, para hacer creer que todos tenemos una oportunidad.&lt;br /&gt;Ella es pequeña pero se que me comprende casi siempre. Calla, esa es la diferencia. Quizás porque está aprendiendo o quizás porque tiene menos desarrollado el acto de la comunicación. Pero son muchas las ocasiones que he comprobado hasta donde entiende.&lt;br /&gt;-Imaginate un país donde la gente es muy pobre. Imaginate que los niños a las niñas de ese país pueden ir al colegio. Me gustaría que creyeran con fuerza en lo que llevan dentro o que conocieran sus posibilidades. Imaginate que esos niños y niñas de mayores son médicos y médicas, bomberos y bomberas, agricultores y agricultoras. Imaginate en esos niños y niñas siendo... ¿como te explicaría? alcaldes. ¿No crees que por haber sido pobres y conocer de primera mano los problemas de su poblado, pueblo o país, serán hombres y mujeres justos? Se sensibilizarán con todos los que pasan hambre y no tienen nada y repartirán. Harán un mundo más justo.&lt;br /&gt;Ella callaba y asentía.&lt;br /&gt;-Ahora, Irene, en los países más pobres no hay hombres y mujeres justos. &lt;br /&gt;¿Ya sabes lo que podemos hacer desde el nuestro, no?-&lt;br /&gt;Y su dulce vocecita dijo:&lt;br /&gt;-Dar ropa a los niños pobres y no comprar en Disney, hombre. Porque los muñecos y las princesas las hacen niños pobres, hombre. Que no van al colegio, ni pueden jugar, ni nada de nada, hombre.&lt;br /&gt;No pude evitar reírme por como expresaba su “cabreo” con la coletilla del “hombre”.&lt;br /&gt;Decidí detenerme en ese punto. Entender el sistema en el que vivimos es más que difícil y sobre todo para una niña de 4 años. No quería atiborrarla de información y concluí con un simple:&lt;br /&gt;-Por eso quiero ser profesora, Irene, para ayudar a creer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-132229803656914966?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/132229803656914966/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=132229803656914966' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/132229803656914966'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/132229803656914966'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/05/porque-quieres-ser-profesora-por.html' title='¿Por qué quieres ser profesora?, por Cristina Holgado Fernández'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-6346993313949822054</id><published>2010-04-16T23:53:00.001+02:00</published><updated>2010-04-16T23:55:13.128+02:00</updated><title type='text'>Aprendiendo a ser maestro, por José María Sánchez</title><content type='html'>Yo y muchos de los maestros que ejercemos en Aragón fuimos un día emigrantes. Nos marchamos a trabajar fuera porque aquí no había trabajo. Numerosos colegios de Cataluña, País Vasco, Canarias y Andalucía son testigos de nuestras andanzas, ilusiones y fatigas. Afortunadamente la mayoría pudimos volver a nuestra tierra, lugar que seguramente a muchos de nosotros no nos hubiera gustado abandonar. Otros siguen todavía por los lugares que les acogieron echando raíces allí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi caso puede ser algo diferente, me marché de mi pueblo, de la comarca del Moncayo, a estudiar Magisterio a Vitoria, porque allí vivía un hermano mayor, y viviendo con él,  mis padres podrían afrontar el gasto que suponía ir a estudiar fuera, allá por el año 1971. Las circunstancias obligaban y no sabía muy bien que era lo que me esperaba, ni tampoco si me gustaba o no aquello de ser maestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reconozco que los primeros años fueron duros, con dieciocho años y en una sociedad más cerrada que la nuestra, me costó integrarme. Más de algún compañero me cerró puertas, pero no reblé y pasado más de un año, en el barrio en el que vivía, Ariznavarra, encontré en un grupo parroquial, aquellos amigos y amigas que anhelaba y que hoy todavía considero mis mejores amigos. Me integré a tope en el barrio, participé en numerosas actividades y campamentos de verano con niños. En su colegio hice las prácticas de maestro, que en mi plan duraban todo el año, lo que hizo que me uniera más a aquel entorno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la Escuela de Magisterio las cosas me fueron bien desde el principio, sobre todo porque descubría cosas nuevas todos los días. No paraba de aprender. Era mi primera experiencia de enseñanza mixta, nunca había estado en clase con chicas. Aquello de la pedagogía tenía buena pinta y la psicología me interesaba cada vez más. La Escuela tenía sabía nueva, en su dirección había entrado Antonio Bernat, (profesor de la actual Facultad de Educación de Zaragoza) que fue mi profesor de Didáctica. Se había creado una forma de trabajo en pequeños grupos que hacía que pudiésemos trabajar en equipo lo más práctico de cada asignatura, y en gran grupo la parte teórica de cada área. Fueron años de trabajo, estudio e ilusión, con alguna huelga y paro y la aparición  más de una vez de los “secretas” por allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis primeras prácticas en la “aneja” fueron una gozada Ya no tenía ninguna duda aquello de la enseñanza me gustaba y sobre todo me ilusionaba. La experiencia del año de prácticas fue genial, pues aprendí lo bueno y lo malo de  cada “profe” con el que conviví. Era el inicio de la E.G.B. El reto de enfrentarme a una clase de 47 niños/as no suponía ningún obstáculo, más al contrario me daba ánimos y veía que las cosas funcionaban y además se establecían unos lazos afectivos que en más de un caso tengo la suerte de poder mantener cuando viajo por Vitoria. Aquellas competiciones deportivas en las que participábamos los sábados me traen gratos recuerdos, como la final de fútbol infantil en Mendizorrotza del equipo que entrenaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acabar los estudios y a trabajar de interino. La mayoría de nosotros encontró trabajo, y en pocos años nos vimos trabajando de maestros en diferentes pueblos de Álava. Yo, al cabo de un par de años en tres colegios diferentes y de realizar la “mili” en San Gregorio (Zaragoza), recalé en Llodio un pueblo grande con cinco colegios públicos a tope de niños y con una mayoría de jóvenes maestros que destilábamos ilusión y ganas de hacer efectiva en la escuela, la renovación que se estaba produciendo en la sociedad. A finales de ese año se aprobó la Constitución. Recuerdo las interminables charlas, debates y asambleas sindicales de aquellos años y los grandes amigos que aún continúan. Fueron tres años magníficos. La escuela y nuestros alumnos eran el principal tema de conversación.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Después de un año en Manchester como profesor de conversación, en el conocí el sistema educativo inglés, del cual no quede prendado, ni mucho menos, llego a Vitoria y allí tengo una larga experiencia docente en el colegio público “Severo Ochoa”. No llego allí por casualidad, sino atraído por el trabajo y la experiencia de un equipo docente innovador e implicado en numerosos proyectos de centro y del barrio donde se ubicaba. Allí tuve la oportunidad de asumir responsabilidades en la dirección. Fueron años en los que aprendimos a acercar la escuela al barrio y al revés.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Asimismo viví la desaparición del centro por el proceso de euskaldunización y la llegada al mismo de una ikastola pública a la que me incorporé con varios compañeros, después de alcanzar el nivel exigido de la lengua. De aquellos cuatro años, en lo que a mi concierne, me quedo con la puesta en marcha del huerto escolar. Pero no veía dando clases de Conocimiento del Medio en euskera toda mi vida y además la aspiración familiar era volver a la tierra. Tarazona hubiera sido nuestra meta, pero el azar nos trajo a Zaragoza a un barrio nuevo el Actur, allá por el año 1997.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reconozco que fue un choque grande, aquí las cosas estaban bastante claras. El colegio al que llegué era mucho más grande, las decisiones te las daban casi hechas, los medios eran más limitados, casi no interesa el debate… Yo que soy algo tozudo, comencé haciendo interrogantes en voz alta, pero veo que no obtienen eco en la parroquia. La suerte me lleva a formar parte de un equipo de nivel (tres o cuatro personas) que creemos en el trabajo en equipo y en el que encuentro, poco a poco, como pez en el agua. En el fondo es creer que este trabajo de maestro te da la posibilidad de acompañar durante unos años a unos hombrecitos y mujercitas a descubrir el mundo, a conocerlo; a disfrutar de los juegos, los libros,  las mates, el dibujo…; a conocer amigos y amigas; a respetarse ellos mismos , el entorno, los demás… Un proceso complejo, pero apasionante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una palabra: ilusión. Sé que hay muchas cosas por mejorar, pero sigo teniendo esa ilusión que prendió en la escuela de Magisterio de Vitoria y que un compañero de Llodio al terminar una reunión de claustro puso en duda diciéndome una frase que aún hoy recuerdo: “Chaval, ya te harás mayor y cambiarás”. Yo entonces tenía 24 años y ahora con 56 creo que algo he cambiado, pero en lo fundamental sigo manteniendo esas ganas de aprender de todos los que me rodean, compañeros, alumnos, padres y amigos. Así pues, sigo aprendiendo cada día un poquito a ser maestro. Aunque para ser sincero, creo que nunca lo conseguiré del todo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-6346993313949822054?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/6346993313949822054/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=6346993313949822054' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/6346993313949822054'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/6346993313949822054'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/04/aprendiendo-ser-maestro-por-jose-maria.html' title='Aprendiendo a ser maestro, por José María Sánchez'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-1879208491234770357</id><published>2010-03-17T11:21:00.001+01:00</published><updated>2010-03-17T11:42:37.037+01:00</updated><title type='text'>Transformar a través del conocimiento, por José Luis Aspas Cutanda</title><content type='html'>Corrían los tiempos oscuros de la España del siglo veinte, los que ahora, en el veintiuno, no nos atrevemos a recordar. Las nieves vestían de blanco las calles, los tejados, las montañas, los corrales. De la casa a la escuela unos cincuenta metros separaban la monotonía invernal de la morada familiar de la calidez de la estufa que entre unos y otros amamantábamos con los leños traídos. Compartíamos la forma de vestir (pantalones cortos, calcetines y zapatos, camisas blancas), el calor y la leche en polvo, los libros manoseados, las enseñanzas del maestro y, en sus momentos malos, los correazos y las collejas. Compartíamos los juegos y la regularidad de los días, la limpieza de la gorrinera, las cuaresmas con las guardias a los santos, las misas de los domingos y la endémica pobreza. De vez en cuando hacíamos excursiones que nos llevaban a unos tres kilómetros del pueblo. Imaginábamos que estábamos descubriendo el mundo. Formábamos parte de una penuria universal y estábamos a miles de kilómetros del otro conocimiento. En casa mi padre leía. Era un devorador de novelas y ensayos, libros de su madre maestra, mimados y sobados. Entre ellos libros publicados antes y durante la República que le hacían ser diferente y opinar desde el conocimiento sobre temas que parecían vedados. Yo no decidí estudiar. Fueron ellos, mis padres, los que, desde su carestía, decidieron que sus hijos habrían de ser formados para así caminar un poco más lejos de los tres kilómetros anuales. También hay que confesar que éramos la única familia que no tenía ni campos ni ganado, con lo cual los dos hermanos no podían heredar más que privaciones y el escaso trabajo remunerado en limpiezas de montes y caminos. A los diez años me desplazaba, incrédulo, entre las aulas del Ibáñez Martín. Con doce años ganaba dinero en los meses de verano echando la cadena a los pinos que luego se arrastraban y se sacaban de los bosques para ser recogidos por camiones y llevarlos a aserraderos. A los dieciséis quise dejar los estudios para montar un supermercado en el pueblo. Una vez más, entre otras muchas, mis padres lo impidieron. Así pues, no me quedó más remedio que elegir una carrera. Me gustaba la psicología, pero había que trasladarse a Valencia y ello suponía unos gastos bastante difíciles de cubrir. Me decidí por magisterio. Si con psicología pretendía aprender lo suficiente para modificar las sociedades conocidas (así de obstinado y radical era ya a mis diecisiete años) con magisterio podría hacer lo mismo desde abajo, con los niños y jóvenes. La sociedad tendría un futuro diferente creado a partir de las posibilidades de acceso al conocimiento, y yo asumiría un papel en esa misión. Evitaría los errores que cometieron mis maestros y profesores y participaría en la formación de una nueva sociedad. Fui un alumno inquieto y agitador en la Escuela de Magisterio. Recorrí la provincia de Teruel trabajando en escuelas unitarias y, una vez, estuve en un centro ´”grande” en Cantavieja. Al ponerse en marcha los programas de alfabetización y educación compensatoria me introduje en ellos, afirmando que la formación de las familias facilitaría el aprendizaje de los hijos. Desde el año ochenta y cinco del siglo pasado he trabajado en educación permanente, favoreciendo el acceso a la formación de las personas adultas, trabajando metodologías de investigación acción participativa y aprendizaje cooperativo, motivando y creando necesidades formativas, involucrando a los entes sociales y a las personas que en ellos trabajan, intentando transformar a través del saber transmitido por la experiencia, aspirando a que las personas con las que trabajo sean más libres, comprometidas y competentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún hoy, veintisiete años después de ser maestro, sigo pensando que la educación, la formación y el aprendizaje son indispensables en esta sociedad y sirven para perfeccionarla, que la unión entre instituciones favorece la innovación, que seguimos teniendo defectos coyunturales que pueden remendarse a través de la enseñanza y que, sobre todo, debemos cultivar la democracia y transmitirla a los ciudadanos y ciudadanas en su más amplia concepción. Se lo debemos a nuestros hijos e hijas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-1879208491234770357?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/1879208491234770357/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=1879208491234770357' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1879208491234770357'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1879208491234770357'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/03/transformar-traves-del-conocimiento-por.html' title='Transformar a través del conocimiento, por José Luis Aspas Cutanda'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-7763808926825752164</id><published>2010-03-05T15:34:00.001+01:00</published><updated>2010-03-08T23:18:37.429+01:00</updated><title type='text'>Del ejercicio a la vocación, por José Mª Satué Sanromán</title><content type='html'>Una de mis primeras vivencias, cuando apenas tenía 5 años y en plena posguerra, era ver a don Marcos recostado en la cadiera de mi casa, rasgando las cuerdas de su vieja guitarra. En cuanto salía de la escuela, tanto al mediodía como a la tarde, iba directo hacia su rincón preferido del hogar en busca de su amiga predilecta, la guitarra. Entre tonos y sonidos rítmicos canturreaba y le hablaba, como si de una persona se tratase. Yo le observaba sin perder detalle desde la otra cadiera, produciéndose en mi interior cierto desconcierto: no me concordaba bien lo que contaban de él los chicos mayores, con lo que veía en casa. Hablaban de castigos a los que se portaban mal o no se sabían las lecciones, desde ponerse de rodillas con los brazos en cruz a quedarse en la clase sin recreo, copiar cien veces una frase o estudiar de espaldas en un rincón…, alarmando a los pequeños.&lt;br /&gt;Un día don Marcos le propuso a mi madre:&lt;br /&gt;-Señora Julia, ¿cómo no manda a este chico a la escuela?, estará entretenido y algo aprenderá…, aunque no tenga la edad, podemos hacer una excepción, que para eso me dan hospedaje.&lt;br /&gt;Me resistí cuanto pude, pero al final cedí a los deseos de mi madre. Y así fue cómo un día de primavera del año mil novecientos… traspasé por primera vez el umbral de la escuela de mi pueblo, de la mano de mi hermano mayor. Hasta entonces sólo la había visto desde fuera, desde la pequeña plazuela, y la consideraba como un espacio donde iban los niños a estudiar, a aprender cosas, también a jugar; un lugar donde había que portarse bien para no recibir ningún castigo. ¡Jamás soñé que algún día, en algún lugar, sería el responsable de la escuela!&lt;br /&gt;Al llegar a la clase me quedé de pie, frente al maestro, que me mandó sentar en el extremo de una mesa alargada con los más pequeños, de más de 6 años. Allí me quedé con los brazos cruzados, callado y quieto como una estatua. Me faltaban ojos para escudriñar cada pared, cada rincón de la clase, sin perder de vista a don Marcos. Éste explicaba las lecciones a los niños, les mandaba ejercicios, les preguntaba, les mandaba leer en voz alta, gritaba a los que hablaban, golpeando, a veces, con su regla de madera sobre la mesa… «Toma este libro, mira los ‘santos’, que si no te aburrirás», me dijo a media mañana. Al segundo día ya me dio la cartilla «Rayas», para que fuese mirando los dibujos, y un cuaderno  a medio usar, para que ensayase mis primeros garabatos. En cuanto cumplí los 6 años las cosas cambiaron: me mandó colocar en la fila para leer en la primera página de la cartilla, luego hice muestras de las vocales y números, dibujar, etc. Así transcurrieron mis primeros años en la escuela.&lt;br /&gt;Cuando se marchó don Marcos, el pueblo contrató a Antonio, hijo del cartero de Bergua, como persona idónea, que permaneció durante un curso. Tenía obsesión por las cuentas, los dictados y la buena letra.&lt;br /&gt;Seguiría doña Herminia, una señora mayor, que pasó sin pena ni gloria unos meses. Más tarde llegó Carmen, una maestra joven de Huesca, recién estrenada en la profesión, que ejerció un par de cursos de forma interina. Nos obligaba a aprender las lecciones ‘al pie de la letra’. &lt;br /&gt;Y por fin, doña Rosario, una andaluza que no había visto jamás la nieve y que llegó un 8 de enero con una nevada impresionante. La hospedamos en nuestra casa, ya que éramos tres hermanos en edad escolar. Era muy comprensiva y se integró muy bien en el pueblo, como una vecina más. Un día le sugirió a mi padre: «Este chico vale para estudiar».&lt;br /&gt;Y como la economía rural andaba ya en crisis y se vislumbraba que, a no mucho tardar, habría que buscar nuevos horizontes para todos, mis padres me enviaron  a Huesca. Allí me matriculé en la conocida academia de don Emilio Castelar, que me preparó del bachillerato por enseñanza libre, conjugando el estudio con un trabajo a tiempo parcial en una oficina de seguros, con el fin de no resultar tan oneroso para la casa. Después ingresaría en la Escuela Normal para realizar los estudios de Magisterio, la única carrera que se podía cursar en Huesca en aquellos años. El objetivo era graduarme para empezar a trabajar e independizarme cuanto antes. &lt;br /&gt;A lo largo de tres cursos en la Normal nos dieron muchos conocimientos teóricos, de todas las materias (incluidas Pedagogía e Historia de la Pedagogía), unas nociones de música, caligrafía y unas manualidades. Había una asignatura, llamada Prácticas de Enseñanza, que curiosamente era sólo teórica. Así que lo único útil para la profesión fueron las escasas prácticas que hicimos con los maestros de la Escuela Aneja.&lt;br /&gt;Con el título en el bolsillo, tras aprobar unas oposiciones, llegó el primer destino en una escuela unitaria del medio rural. ¡Me iba a estrenar en una unitaria! Al tomar posesión me vinieron a la memoria todas las vivencias con mis maestros de la infancia, con sus diferentes formas de actuar; algunas ideas teóricas de los grandes pedagogos;  más unas ligeras pinceladas captadas en las breves prácticas. Andaba preocupado por mi incompleto bagaje, muchos conocimientos teóricos, pero insuficiente metodología práctica. Eso sí, mi maleta iba repleta de ilusiones, sueños y ganas de trabajar.&lt;br /&gt;Por propia intuición y sentido práctico, fui organizando y agrupando a los alumnos en distintos niveles, por sus saberes y aptitudes, más que por la edad (6 a 14 años), con el fin de rentabilizar el esfuerzo. Enseguida me di cuenta que cada niño era un mundo diferente, una realidad distinta, por tanto había que personalizar los procedimientos y las programaciones. Con el ejercicio cotidiano, cada vez me desenvolvía con mayor soltura, ensayaba métodos más prácticos para alcanzar los objetivos. El aprendizaje era mutuo: los niños iban asimilando conceptos, corrigiendo actitudes, mientras yo amasaba una experiencia práctica, que no había adquirido en los planes de estudios de la Normal. &lt;br /&gt;En poco tiempo me di cuenta de la importancia de esta profesión, no comparable a ninguna otra, por la responsabilidad que entraña y los alicientes que tiene: trabajar con seres humanos, educarles, enseñarles…, para que un día sean capaces de desenvolverse en la vida. Me esforzaba por desempeñar con dignidad los distintos papeles (de padre, hermano, confidente, consejero, educador, ¡maestro!), no a interpretarlos como un actor, sino a sentirlos y compartirlos con los alumnos. Traté de convencerles con razonamientos, no con simples imposiciones; de mostrarles el valor de la observación como medio de aprendizaje; de hacerles ver que en la cultura está la verdadera libertad.&lt;br /&gt;Al final de mi vida profesional, tras casi 40 años de ejercicio, haciendo balance, me doy cuenta de lo maravillosa que ha sido, de las satisfacciones que me ha dado. Aprecio las cosas que me han ayudado a desempeñarla, como un sedimento formado por los valores que me inculcaron en la familia, mis propios maestros, los estudios y, por encima de todo, la práctica diaria con los alumnos, conjugando todo ello con mis condiciones innatas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-7763808926825752164?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/7763808926825752164/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=7763808926825752164' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/7763808926825752164'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/7763808926825752164'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/03/del-ejercicio-la-vocacion-por-jose-m.html' title='Del ejercicio a la vocación, por José Mª Satué Sanromán'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-7497874853889989168</id><published>2010-02-25T11:44:00.001+01:00</published><updated>2010-03-08T23:19:37.326+01:00</updated><title type='text'>Aprender a aprender, por Ana Bruned</title><content type='html'>No soy docente profesional. Ni vocacional. Es más, cuando veía a mis profesores impartiendo su asignatura me parecía un acto heroico el hecho de que se plantaran delante de un puñado de personas y fueran capaces de hablar, de hacerse respetar y de hacerse comprender.&lt;br /&gt;Llevo desde el año 87 (con alguna interrupción) impartiendo clases de caracterización teatral. Lo que en principio fue una tortura se convirtió en una pasión, curso tras curso descubrí el placer de establecer conexión con los alumnos, un placer muy primitivo, el de ver cómo algo que desconocen y a veces desprecian, se convierte en fuente de satisfacción para algunos de ellos&lt;br /&gt;Eso hizo que me formara como "formadora", y aprendí de forma oficial a dar clases. Ahora se ha convertido en una pasión, ya que mi trabajo habitual como profesional me encanta y poder transmitirlo a otras personal es muy gratificante.Y aprendo, cada día aprendo: me gusta la docencia porque es un ejercicio de intercambio, todo el mundo da, todo el mundo recibe: es generosa.&lt;br /&gt;Mi meta no es que se conviertan en los mejores actores-caracterizadores. Mi meta es que aprendan a aprender: la observación, la curiosidad, la lógica y la intuición como base para la actitud de aprendizaje, una actitud vital. Y cada año tengo maravillosas sorpresas.&lt;br /&gt;La docencia ha empapado tanto mi vida que ahora cuando estoy desarrollando mi trabajo como profesional en cuanto noto curiosidad tiendo a explicarlo todo.&lt;br /&gt;Y a pesar de las trabas burocráticas (reducción de horarios, presupuestos...), no me voy  a bajar de este burro a no ser que me empujen.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-7497874853889989168?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/7497874853889989168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=7497874853889989168' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/7497874853889989168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/7497874853889989168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/02/aprender-aprender-por-ana-bruned.html' title='Aprender a aprender, por Ana Bruned'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-2312685299045756124</id><published>2010-02-21T19:52:00.001+01:00</published><updated>2010-03-08T23:21:23.714+01:00</updated><title type='text'>De mayor quiero ser profesora, por Candela Rivas</title><content type='html'>F.R. –Oye Candela, una cosa te quería preguntar, ayer dijiste en casa de Nataly que tú de mayor querías ser...&lt;br /&gt;C.R. -Mamá y profesora.&lt;br /&gt;F.R. -Y lo de profesora..., ¿por qué te gustaría ser profesora, qué te gusta de ser profesora?&lt;br /&gt;C.R. –Eh...., porque me gusta mandar y poner castigados..., no, no, eso no.&lt;br /&gt;F.R. – Porque a ti, de las profesoras que conoces ¿qué te gusta más?&lt;br /&gt;C.R. –Enseñar, tener niños, todo.&lt;br /&gt;F.R. –Lo que menos te gusta de ser profesora ¿qué será?&lt;br /&gt;C.R. –No ser profesora.&lt;br /&gt;F.R. -¿Y lo que más?&lt;br /&gt;C.R. –Todo.&lt;br /&gt;F.R. -¿Y qué habrá que hacer para hacerse profesor o profesora?&lt;br /&gt;C.R. –Aprender.&lt;br /&gt;F.R. - ¿Tú crees que las profesoras se lo pasan bien siendo profesoras?&lt;br /&gt;C.R. – Por eso lo son.&lt;br /&gt;F.R. -¿Algo quieres decir más de las profesoras que no hayamos dicho?&lt;br /&gt;C.R. –Pues que me dice una profe..., mi profe no, una que es de todos que se llama Esther, que no podemos correr en el pasillo.&lt;br /&gt;F.R. -¿Y qué pasa con eso?&lt;br /&gt;C.R. -Que si corremos no nos dejará ir por el pasillo. No, sí que nos dejará, digo que no nos dejará ir a beber agua ni a hacer pis. ¡Ah!, y otra cosa de mi colegio que es muy chuli, muy chuli, muy chuli, muy gracioso. Pues que dice mi profe Salomé que Abdu, José y todos..., pues que si no confía en nosotros y vamos al baño sin hacer nada que no se puede hacer pues..., ahora viene lo gracioso, ¡te vas a matar! (por morir), pues que Salomé no nos dejará ir al baño y que si tenemos pis, ¡ala!, nos meamos encima (risas). Eso.&lt;br /&gt;F.R. –Pues muchas gracias.&lt;br /&gt;C.R –Más cosas.&lt;br /&gt;F.R. –Si te apetece contar algo más de tus profesoras o de lo que es enseñar...&lt;br /&gt;C.R. –Si, pues que yo voy a religión católica (muchas risas), y tengo ya seis años y voy a Primaria (más risas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las preguntas y la trascripción las hizo el padre de Candela. Entre paréntesis van algunas notas aclaratorias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-2312685299045756124?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/2312685299045756124/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=2312685299045756124' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2312685299045756124'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2312685299045756124'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/02/de-mayor-quiero-ser-profesora-por.html' title='De mayor quiero ser profesora, por Candela Rivas'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-8091312560734240298</id><published>2010-02-15T11:55:00.002+01:00</published><updated>2010-03-08T23:21:57.000+01:00</updated><title type='text'>Cuatro fuentes de sabiduría, por Manuela Beltrán Lallana</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Cuatro fuentes de sabiduría: mis tres maestras y mi madre&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo nací en el 46, por lo que pertenezco a la generación de la posguerra, años en los que a la escuela se le daba poco valor y todavía menos si eras mujer. Mi madre no tuvo la oportunidad aprender a leer ni escribir y eso le angustiaba, quería que sus tres hijas aprovechásemos las enseñanzas de la escuela porque «al que sabe le engañan menos» y cuando regresábamos por la tarde, suspiraba y nos decía «qué triste es no saber» entonces, como niñas, no la entendíamos, luego, en la madurez descubrí que era una mujer muy sabia.&lt;br /&gt;En 1954 nos marchamos a vivir a Zaragoza, nos instalamos en un barrio obrero que tenía dos escuelas nacionales, mis padres nos apuntaron en la denominada «Juan José Lorente», me integré fácilmente pues siempre me ha gustado jugar y aprender. Recuerdo que nos dividían por secciones, los primeros puestos de la primera sección los ocupaban las chicas que le hacían mejores regalos a la señorita porque la economía familiar se lo permitía, la mayoría llevábamos una peseta que ahorraban nuestros padres con mucho esfuerzo, ellas, un duro. Recuerdo los castigos de rodillas, con los brazos en cruz, el chasquido al chocar con fuerza la regla contra la mano abierta… «la letra con sangre entra» era la frase que más les gustaba repetir. &lt;br /&gt;Yo de pequeña también soñaba con ser maestra por una única razón: «para pegarles a los chicos». &lt;br /&gt;De los 12 a los 14 años me cambiaron de clase, fue un cambio radical, la maestra se llamaba Simona, Doña Simona, como olvidar su nombre, una mujer soltera, mayor y cuyas enseñanzas no sólo no las he olvidado sino que me han acompañado toda mi vida, persona justa y buena donde las haya. Por la mañana hacíamos la escuela tradicional pero con una gran diferencia, nunca nos pegaba, nos preguntaba la lección, si nos la sabíamos, nos daba un vale de 10 puntos, por un dictado sin faltas de ortografía, otro vale de 8 puntos… así hasta finalizar el mes, entonces hacíamos el recuento y según la puntuación obtenida, ocupábamos el lugar correspondiente, y ahora, era ella quien nos obsequiaba a todas y cada una de nosotras con un tebeo de la colección Azucena porque «todo esfuerzo merece una recompensa». Este sistema de vales nos animaba a esforzarnos y, sin saberlo nosotras, nos enseñaba a cuidar las cosas porque también puntuaba la pulcritud, el orden y el cuidado de los vales. En el recreo, cuando observaba que nos reíamos o burlábamos de alguna compañera, en un tono suave pero firme nos hacía comprender que le hacíamos mucho daño, nos preguntaba: “¿os gustaría que os lo hiciesen a vosotras? Pues, lo que no queráis para vosotras, no lo queráis para los demás y seguía sin pegarnos ni castigarnos, no le hacía falta, las palabras, a veces, hacen más daño o, en este caso, enseñan más, que un golpe.&lt;br /&gt;Por la tarde, en las otras clases las niñas bordaban, nosotras no. Doña Simona nos enseñaba a hacer dobladillos, ojales, a zurzir, a echar pedazos, algo de corte y confección…, es decir, cosas que nos servirían en nuestro futuro, porque como mujeres, nuestro futuro era el matrimonio.&lt;br /&gt;La dirección del colegio le llamó más de una vez la atención porque se saltaba las normas y ella siempre contestaba: «todo es enseñar». Yo ahora la recuerdo como una mujer muy adelantada para su época, buena persona y extraordinaria maestra.&lt;br /&gt;Con 38 años volví a la escuela, a CODEF, un centro obrero para personas adultas, ya vivíamos en democracia y por primera vez tuve un maestro en lugar de maestra. Sin embargo fue otra mujer, otra maestra, la que despertó en mí las inquietudes dormidas, Pilar, con ella me saqué el graduado escolar, acudía puntual e ilusionada a las clases nocturnas teniendo ya una familia a mi cargo y cansada, muchos días, del trabajo agotador en la fábrica. Ella me abrió un mundo cultural muy amplio y casi desconocido para mí: cine, conciertos, teatro, conferencias y libros, muchos libros, gracias a ella amplíe mis conocimientos culturales, sociales y humanos, gracias a su entusiasmo y entrega.&lt;br /&gt;Y así entré en este mundo atrayente y apasionante que, para mí, es la educación de personas adultas; no sé que es lo que tiene pero las que vamos a estas clases ya no sabemos vivir sin ellas. A los 52 años regresé de nuevo a la escuela de mi pueblo, Morata de Jiloca, pueblo querido que abandoné en mi infancia, y de nuevo, en mi madurez, una maestra joven, María Jesús, me hizo creer en mí y en mis posibilidades, y me guió por el fascinante mundo de la creación literaria, que me atrapó y en el que me siento ilusionada, sin grandes pretensiones, solo el placer de escribir, de contar, de que alguien lea lo que yo escribo igual que yo toda mi vida he leído las historias de otros. &lt;br /&gt;Dicen que felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace, me sirve igual para aplicarlo tanto a los maestros y profesores como a los alumnos. Cada día observo atónita como ha cambiado la educación en apenas 50 años como hemos pasado de maestros que pegaban y humillaban casi rallando el sadismo a los alumnos, a alumnos que golpean y desprecian a los maestros, afortunadamente son una minoría, pero ahí están, algo falla en esta sociedad. &lt;br /&gt;Mi experiencia me ha enseñado que la educación se aprende en casa y la cultura en la escuela, me da mucha pena que los chicos y chicas de hoy en día no aprovechen las oportunidades que se les ofrece y que a mi generación nos negaron.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-8091312560734240298?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/8091312560734240298/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=8091312560734240298' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/8091312560734240298'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/8091312560734240298'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/02/cuatro-fuentes-de-sabiduria-mis-tres.html' title='Cuatro fuentes de sabiduría, por Manuela Beltrán Lallana'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-1970894710095595583</id><published>2010-02-14T09:41:00.001+01:00</published><updated>2010-03-08T23:22:22.714+01:00</updated><title type='text'>Maestro, ¡aprendame!, por Agustín Sanz Vituri</title><content type='html'>Media docena de años después de nacer, tenía claro que no iba a ser maestro. No me veía tirando de las orejas de pequeños mocosos en pantalones cortos remendados, ni calentando las frías palmas de sus manos a base de regletazos. Había que ser muy listo para saber tantas tablas de memoria, los ríos y sus afluentes y utilizar una caligrafía perfecta. Yo prefería esperar que vinieran las ovejas cuando anochecía a hacer los perpetuos deberes en la cocina de mi casa, con los pies mojados sobre un ladrillo caliente y sin parar de borrar con la miga del pan. Me avergonzaba tener que llevarle al maestro alguna de las primeras morcillas del matapuerco, y unas gueñas. En mi pueblo, los hombres se dedicaban al campo y a la mina; eran altos y fuertes.&lt;br /&gt;Pasó el tiempo y empezó a no gustarme tanto el campo: a veces tosía por el tamo de la era, otro día se me cayó el macho acarreando y cuando mordía una patata, arrancándolas, solía caerme un buen pescozón. Mi padre tosía de la mina, se repetían las noches preparando el carburo para el candil, los madrugones y ya no cantaba como antes.&lt;br /&gt;No sé si se llama vocación. En mi casa, empezó a gustarme leer un periódico que se llamaba Alba (promoción cultural de adultos). Una página se dedicaba a la mujer: cómo hacer una chaqueta de ganchillo o cocinar unos guisantes; “Nuestra España es así” te llevaba de viaje por Baeza o Guadalajara, había consejos médicos, hechos y conductas ejemplares, lecciones de inglés y hasta educación vial. Sin embargo, lo que más me sorprendía era la página dedicada a actividades de alfabetización y a las historias en las que te sumergía.&lt;br /&gt;Estudié magisterio, pero la necesidad en casa me llevó a la mina. La cuadrilla, en el tajo, me llamaba «maestro» (diptongada) y no paraba de poner a prueba la ingente sabiduría que debía yo acumular bajo el casco que alumbraba los hastiales: que si cuántos metros tenía Torrecerredo, que si qué habitantes llegó a tener Villanueva del Río, lo que me darán este año por las cebadas…Definitivamente no quería ser maestro, aquello martilleaba más en mi cabeza que los mismos barrenos en la piedra. &lt;br /&gt;Esto pasaba en el Pozo del Pilar. Meses más tarde nos destinaron a unos cuantos a la Mina Sur y allí trabajé con unos paquistaníes que habían llegado como carrilanos. En los ratos del almuerzo, cuando detonaba la pega, me preguntaban por palabras, escribíamos con tizones en las tablas de entibar o en la caja de la dinamita. Tenían tanto interés y yo tanta ilusión que empecé a dar clases de español a esos cachemiros, por la noche, en una casa vieja en la que vivía unos de ellos.&lt;br /&gt;Ahora llevo veinticinco años dando clases de español y actividades de alfabetización. Esto no creo que sea vocación, debe ser obligación. Es muy satisfactorio, nadie me pregunta si Fernando le era infiel a Isabel o los kilómetros que tiene de largo el Ebro. Vamos al grano. Una gitana de nuestras aulas solía decir “maestro, ¡apréndame!” (no decía ¡enséñeme!). Me di cuenta de que ya no era tan importante saber todas las cosas del mundo. Lo esencial radica en que nuestros alumnos aprendan, no lo que nosotros sepamos, porque los protagonistas de nuestras historias deben de ser ellos. En esta maravillosa profesión he aprendido mucho, he tenido sabios, auténticos maestros de la vida, seres humanos enormes, mal llamados analfabetos. Alguna de nuestras alumnas escribe con mano temblorosa, ya nunca memorizará las tablas de multiplicar, pero su mirada es infinita en asuntos del saber. Si un día te detienes y la escuchas, oirás un reguero inagotable de vida; a veces, derrama una lágrima y te habla de aquella escuela que ella no tuvo. Y sientes una enorme gratitud inmerecida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-1970894710095595583?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/1970894710095595583/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=1970894710095595583' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1970894710095595583'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1970894710095595583'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/02/maestro-aprendame-por-agustin-sanz.html' title='Maestro, ¡aprendame!, por Agustín Sanz Vituri'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-1999184351360602718</id><published>2010-02-12T13:35:00.002+01:00</published><updated>2010-06-17T06:14:53.196+02:00</updated><title type='text'>Soñar desde un armario, por Encarnita Visús</title><content type='html'>Desde siempre la costura ha sido sinónimo de tortura entre mis manos. La clase de labores solo tenía de gratificante para mí dos cosas: las lecturas en voz alta que solían acompañar a las tediosas vainicas, y el agradable, aunque esporádico, refugio  de un armario. Estaba en la misma clase, era bajito y corrido, sembrado de mundillos, de bolsas de bolillos, de cajas y de polvo. Sin embargo, durante una hora se transformaba en mi oculto paraíso. No solo por escapar un rato de la obstinada aguja empeñada en atravesar la tela a su antojo, sino porque la oscuridad y angostura del espacio se me antojaba cálida y me invitaba a soñar, a soñar que dibujaba mi futuro.&lt;br /&gt;Y era fácil, porque para diseñarlo todo lo tenía cerca: tras la puerta del armario estaban el escenario -la escuela- y las maestras que eran las heroínas de mi cuento.&lt;br /&gt;Acariciaba la idea de parecerme a ellas y de conocer el valor que escondían sus palabras, sus actitudes y sus gestos: el que ocultaba esa mal disimulada sonrisa cuando entre las páginas del libro aparecía la leyenda Virgen santa, Virgen pura, haz que me aprueben esta asignatura, el de su entusiasmo, el cómo hacían para saber tantas cosas y cómo conseguían  provocar nuestra curiosidad una y mil veces.&lt;br /&gt;Pero, tocaba el timbre, y con él se acababa el tiempo y volvía de lleno a la orilla de la infancia. Eso sí, siempre quedaba algo detrás de cada sueño: el firme empeño de estudiar, como mi hermana, en la Escuela Normal de Magisterio de mi ciudad (Huesca), que desde a mediados del siglo XIX había estado asumiendo el papel de guiar a generaciones de docentes en el arte de educar; y la creciente voluntad de aceptar el reto de no separarme nunca de la Escuela: yo quería ser maestra.&lt;br /&gt;Poco a poco fui llenando mi maleta con ideas, contenidos, proyectos entrelazados y todo aquello que parecía imprescindible para cumplir ese deseo.&lt;br /&gt;Y, por fin, el futuro se abrió paso y llegó el momento deseado y temido de mi primer destino, la Escuela Unitaria de Siresa, a la que más tarde seguirían otras.&lt;br /&gt;Ya inmersa en la realidad escolar, sentí de pronto que mi equipaje no era tan abundante como yo pensaba y que siempre habría algo impredecible en ese viaje. Tuve que superar algunos miedos e inseguridades hasta convencerme de que debía y podía afrontar la responsabilidad de facilitar a los alumnos su propia búsqueda en el camino de la vida.&lt;br /&gt;Yo sabía algunas cosas: que educar era despertar en el alumnado el deseo de aprender, provocar en él una mirada abierta al mundo en el que vivimos, proporcionarle las herramientas para desenvolverse en él, y hasta algo tan pretencioso como enseñarle a ser y a pensar.&lt;br /&gt;Pero este oficio nuestro guarda múltiples e inagotables secretos que descubres día a día y que surgen, a menudo, de las pequeñas cosas del discurrir cotidiano.  Cuando, ya no tan joven, entré una mañana en el aula vestida con unas mallas modernitas, y una niña (Raquel) me preguntó sorprendida: ¿Po qué tu mare pijama?, asumí que los niños no solo son receptores de tus conocimientos, colaboradores en tu continua formación, o el espejo de tu propia imagen y de tu particular hacer, cosa que no ignoraba; son, también, tu alter ego, y hasta la voz de tu conciencia. Huelga decir, que no volví a ponerme las dichosas mallas.&lt;br /&gt;Intuitiva y sencillamente ellos expresan su parecer y te juzgan siempre, incorporando tu ejemplo a su propio crecimiento, lo que conlleva un fuerte compromiso. Con ellos y de ellos aprendes, eres consciente de la importancia que tiene proporcionarles una respuesta sincera, una mirada o una sonrisa; entiendes  que no existen fórmulas mágicas ni universales, que cada niño y cada niña es único y valioso, y que la práctica docente es,  en gran parte, experimental e imaginativa.&lt;br /&gt;Hoy, que ya han transcurrido seis meses desde mi jubilación, con la claridad y objetividad que se supone de la distancia, sé que he disfrutado de la profesión fascinante y difícil con la que un día soñé desde la complicidad de aquel armario: sí, yo quería ser maestra.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-1999184351360602718?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/1999184351360602718/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=1999184351360602718' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1999184351360602718'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1999184351360602718'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/02/sonar-desde-un-armario-por-encarnita.html' title='Soñar desde un armario, por Encarnita Visús'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-2675983493993535454</id><published>2010-01-31T20:37:00.001+01:00</published><updated>2010-03-08T23:23:34.298+01:00</updated><title type='text'>Lo mejor de cada uno, por Marta Navarro</title><content type='html'>Mis primeros recuerdos de la escuela son de todo menos buenos.  Con el tiempo la relación con mis maestros mejoró.  Cuando pienso en la importancia que los maestros han tenido en mi vida, se entabla una singular batalla entre los buenos recuerdos y los malos. No os preocupéis, al final ganan los buenos. En realidad no deja de ser la historia del ying y el yang, pero en versión escuela. &lt;br /&gt;Tenía unos seis o siete años cuando un día nos pidieron en el colegio una redacción. Por aquel entonces mi casa, que estaba unida al taller de mi padre, era un auténtico ir y venir de gente. Mi padre era sastre y utilizaba el taller, la casa y en especial la trastienda para reuniones políticas, lecturas de libros y discusiones interminables. Siempre había gente en casa, siempre. Yo echaba de menos algo de tranquilidad, por eso cuando entraba en casa iba directa a mi habitación para poder estar sola. Como decía, la maestra nos había pedido una redacción en la que debíamos hablar de las cosas que nos hacían felices.  En el texto que escribí yo vivía en un castillo con la compañía de mi abuela y un perro. Una felicidad que no incluía al resto de la familia, ya que siempre estaba reunida.  La maestra cuando leyó la redacción me miró enfurecida y rompió el texto delante de todos los alumnos. Luego me obligó a escribir otra redacción donde estuvieran todos los miembros de la familia, incluidos los primos. Y por supuesto debía sacar al perro de la historia. Recuerdo aquello como una humillación, la primera tal vez. Unas semanas después el asunto empeoró aún más. La profesora nos pidió una redacción libre. Para entonces vivía en casa un amigo de mi padre, Eladio, un minero asturiano. Eladio nos leía cada tarde a mis primos y a mí la novela “Qué verde era mi valle”, ese hermoso libro que describe el final de la minería en un valle del sur de Gales y donde, además de una complicada historia de amor, las huelgas y la represión de los mineros eran el tema principal.  Ladio tenía auténtica pasión por este libro y por el cine de vaqueros.   Impresionada por la historia que Eladio nos leyó y emocionada por los personajes (incluso me enamoré del protagonista de la novela), escribí un texto incendiario, lleno de huelgas y donde además contaba la historia de amor entre la joven maestra y el cura. Cuando la profesora leyó el cuento, llamó a mis padres muy enfadada para decirles que ellos no debían escribirme las redacciones. Aquella maestra no podía creer que yo hubiera escrito una historia de huelgas y mineros. Una vez aclarado el malentendido, la maestra insistió en que debía verme un psiquiatra. Recuerdo aquella palabra “psiquiatra” como una palabra horrorosa, algo así como penicilina o gangrena. Por supuesto no sabía lo que significaba.  Para colmo, y para entender mejor el profundo cabreo de la profesora, os diré que, según supe años después, la historia de amor entre el cura y la maestra de la novela se estaba produciendo  en la escuela entre mi maestra y uno de los profesores que por aquel entonces era cura. &lt;br /&gt;Aquella maestra me humilló durante todo el curso, me vio como una enemiga de seis o siete años.  Y el curso siguiente aún fue peor.  Fueron meses en los que, por sugerencia de mi padre, tuve que escribir dos versiones de la misma redacción. Una para el colegio, muy normalita, muy de hoy he ido al parque a jugar con mis primos, y otra para mí, en la que daba rienda suelta a mi imaginación y que sólo leía mi padre. En realidad fue entonces cuando empezó mi desconfianza y miedo hacia los maestros. Además de incrementar una aguda inseguridad en mí misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años más tarde ingresé en el instituto Pignatelli.  Recuerdo la primera clase de literatura con el profesor Luis Yrache como una revelación.  Yrache era un hombre sonriente, que escuchaba con mucha atención a sus alumnos. Un profesor de literatura que amaba la literatura, la poesía, la vida...  Cada clase con él era como un premio, como un antídoto contra la estupidez y la rigidez de los profesores anteriores.  Yrache nos introdujo en un mundo de libros y sueños, de charlas, de amistad y de confianza. Un día nos habló de la novela “Qué verde era mi valle”, y aquello fue para mí decisivo. Todas las razones para desconfiar y temer desaparecieron. ¿Alguien conoce esta novela? ¡Sí!, contesté. Y aquella media hora en la que no paré de contar la historia de Ian y sus compañeros fueron la cura que necesitaba.  Yrache nos animaba a escribir. “Escribid libremente lo que queráis, no penséis en qué opinarán los demás, pensad sólo en vosotros. Libres, sed libres”.  No he conocido a nadie más bondadoso, inteligente, brillante y sobre todo no he conocido a nadie con esa capacidad para sacar de cada uno lo mejor. Y esto precisamente es lo que yo necesitaba, es más, creo que lo más importante de un maestro es que sepa y quiera sacar de su alumno lo mejor, lo que está escondido, lo mejor de cada uno.  Yo, aunque tarde, lo conseguí con el profesor Yrache. Y esta es la razón que me ha llevado a escribir sobre las razones.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-2675983493993535454?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/2675983493993535454/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=2675983493993535454' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2675983493993535454'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2675983493993535454'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/sacar-de-cada-uno-lo-mejor-por-marta.html' title='Lo mejor de cada uno, por Marta Navarro'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-2826046990478536125</id><published>2010-01-27T10:11:00.001+01:00</published><updated>2010-03-08T23:24:43.450+01:00</updated><title type='text'>Mis queridos monstruos, por Ybris</title><content type='html'>I&lt;br /&gt;Ignoro qué extraño azar hizo que viniera a darnos clase de inglés en el Colegio. Quizás estuviera haciendo algún año sabático de intercambio o algún otro motivo del todo indiferente.&lt;br /&gt;Era alemán, menudo, arrugado ya por el peso de los años y hablaba un correctísimo español. Se comentaba que era experto en idiomas antiguos y que dominaba más de treinta lenguas.&lt;br /&gt;Profundo y distantísimo, hablaba en clase como quien desborda sin tener en cuenta su auditorio indiferente. Debía pensar que lo suyo era darse y lo demás no era cosa suya. Si le preguntaban contestaba sin mirar, como escarbando en su interior. Hasta que un día....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien hizo un comentario sobre la inutilidad de las lenguas llamadas muertas en comparación con las vivas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces se transfiguró. Se volvió hacia todos. Levantó la vista como dolido de nuestra ignorancia, compadeciéndonos, y entonó, recitó, lloró, declamó, cantó, derramó con exquisito ritmo en griego clásico un párrafo completo de Homero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Dios mío! ¡Qué bofetada aquella de aire fresco a mis catorce o quince años de decidida afición a la física! ¡Cómo algo ininteligible puede golpear tan profundamente! Algo por dentro se rompió con una herida que aún no ha cicatrizado.&lt;br /&gt;Algo que, sobre el olvido de su paso, al cabo de los años jamás podré pagar sino tratando de llegarle a la sublime suela de sus zapatos con el peso enorme de lo inasequible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;II&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;No os lo vais a creer. Era mi profesor de religión -cuando era aún asignatura obligatoria y sin alternativa.&lt;br /&gt;Le recuerdo con sus gafas de présbita milagrosamente apoyadas sobre el extremo exterior de su nariz mientras con su cana cabeza agachada y las pupilas aguzadas sobre el borde superior de la montura tronaba: “¡Señor G.! ¡Hoy le he pillado en calzoncillos! ¡Le planto un uno por majadero y sopazas!” Lo de sopazas nunca comprendí bien qué era excepto que era el sello de un suspenso seguro –siempre recuperable.&lt;br /&gt;¿Que cómo me pudo impactar aquel huesudo anciano precisamente con esa odiada e incomprensible asignatura?&lt;br /&gt;Pues porque en medio del horrendo libro de texto que a mis cortos años era capaz de decir, hablando de la vida de Jesús: “Cada día eran más aceradas sus diatribas contra los judíos”, él decía (en voz muy baja, como con miedo a que le oyeran): “Jesús era buena gente, pero, entonces como hoy, tuvo la mala suerte de estar rodeado de mucha gentuza”. O: “¿Cometer actos impuros? Pues como tirarse un pedo. Sólo hay que tener cuidado de no molestar a nadie”.&lt;br /&gt;Ya era muy mayor y es de suponer que los restos que dejaran de él los inquisidores habrán seguido la senda (gracias Borges) de las rosas y Aristóteles.&lt;br /&gt;Y que el Dios en quien creía le habrá dado un rincón acogedor por la insólita paz derramada en medio de tanta oscuridad como entintó nuestros ojos infantiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;&lt;br /&gt;III&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El de hoy es totalmente predecible.&lt;br /&gt;Y, sin embargo, para mí el más difícil de todos porque todo el mundo le conoce y, sobre todo, porque me obliga a volver adonde no quería: a una etapa de mi vida que no quisiera recordar.&lt;br /&gt;Pero una entrevista  en El País a este monstruo inconmensurable me ha colocado entre la espada y la pared. Porque se lo debo.&lt;br /&gt;Y es que esto me obliga a empezar con una confesión de algo que me avergüenza:&lt;br /&gt;"Tengo un título que dice “Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O sea, justo en lo que menos sé, en lo que menos me gusta y en lo que me ha provocado la mayor crisis de mi anodina existencia. No podría explicarlo sin hablar de mí hasta el límite de mi capacidad de pudor. Y este ni es el momento ni tengo fuerzas para ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Universidad es un ámbito extraño donde las relaciones personales con los profesores son muy difíciles (400 matriculados en mi curso) , máxime cuando uno pretende acabar, acabar y acabar para empezar muy lejos y con otros ojos.&lt;br /&gt;A pesar de todo hay quien destaca por algo. Y tengo que reconocer que la asignatura de Estructura Económica era algo especial: el catedrático JOSÉ LUIS SAMPEDRO parecía dispuesto a estrellarse contra un muro haciendo de esa asignatura algo vivo: una denuncia contra las estructuras injustas y contra una Economía al servicio de unos pocos.&lt;br /&gt;De eso pueden hablar todos y no podría añadir nada a lo que muchos harían bastante mejor que yo.&lt;br /&gt;Pero lo mío con ese gran hombre es insólito.&lt;br /&gt;En una ocasión manifestó su amor por escribir y que, para poder hacerlo a gusto, se levantaba todos los días a las cinco. Yo tomé nota y me dije: “Si alguna vez yo puedo ser yo, intentaré hacer lo mismo”.&lt;br /&gt;Y en cuanto pude serlo lo hice. No utilizo despertador. Una extraña convocatoria, una terrible tozudez y una absoluta rebeldía me levantan dispuesto a vengarme de mí mismo. Y, podéis creerme, mi primer pensamiento inevitable del día es a ese hombre de quien el peor, con mucho, de sus pasados alumnos aprendió, no Estructura Económica, sino algo mucho más grande:&lt;br /&gt;La fidelidad a sus propias limitaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquí y con todos cuantos puedan y quieran leerme y a cuantos el azar traiga a mi gratitud brindo con mi recuerdo alzado desde mi rincón por este hombre inmenso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Seguiré su táctica:&lt;br /&gt;Cerrad los ojos e imaginaos un vasco gigantesco –a lo alto y a lo ancho- con una sonrisa desmintiendo su apariencia de Caupolicán y con una enigmática frase en los labios cuando salía algo acerca de las hazañas de Franco: “No es eso. No es eso...”. Confesaba que estaba gordo porque se lo merecía. Porque era capaz de perder diez kilos haciendo ejercicio y tomando un baño turco después y recuperar luego quince mojando pan en la salsa de un buen guiso.&lt;br /&gt;Digo que su táctica era la de hacer imaginar cosas con los ojos cerrados. “¡A ver! ¡Cerrad los ojos que vamos de viaje en barco por el Mediterráneo!” Y luego la aventura de tormentas en los estrechos, piratas en Sicilia, tesoros en islas del Egeo...&lt;br /&gt;Era el más encantador mentiroso que vieron los siglos.&lt;br /&gt;Contaba que cuando tenía que ganarse la vida de charlatán por el Rastro madrileño había llevado años escondida entre el tacón y el zapato una moneda de oro y que al sacarla estaba ya aplastada (ya se sabe: el oro es blando, dúctil y maleable), o que huido a las selvas amazónicas tras la represión franquista había sido hecho prisionero por los indios jíbaros que habrían de reducir su cabeza si no era capaz de levantar con una mano un ladrillo de oro (con densidad 19 g/cm3 pesaría unos 19 kg). Y aquí la angustia de los músculos tensos con dedos resbaladizos de sudor sobre el miedo irresistible, los amagos de caída, la sorpresa de los indios ante el triunfo final...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás fuera un mentiroso, tuviera pies de barro como todos los ídolos o para más de uno su clase fuera un cachondeo. Para mí siempre fue un oasis en el desierto de una época desolada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-2826046990478536125?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/2826046990478536125/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=2826046990478536125' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2826046990478536125'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2826046990478536125'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/mis-queridos-monstruos-por-ybris.html' title='Mis queridos monstruos, por Ybris'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-8657576773323212684</id><published>2010-01-25T18:55:00.001+01:00</published><updated>2010-03-08T23:25:20.109+01:00</updated><title type='text'>Frío en París, por Roberto L'Hôtellerie</title><content type='html'>Muchas veces me he acordado de aquella conversación. Corría el año 1986, último año de estudios por los madriles. Fue en la inmensa barra de madera  que había en la cafetería de la facultad de Bellas Artes. Estábamos un nutrido grupo de compañeros y compañeras, ambiente agradable, distendido, previo al fin de semana. Alguien entonces comentó en voz alta:&lt;br /&gt;- “¿Bueno y el año que viene,  qué…?.”&lt;br /&gt;Una primera voz se escuchó  por un lado:&lt;br /&gt;- “¡Yo me iré  a París, hay que conocer el barrio de los pintores!”. &lt;br /&gt;Otra voz dijo:&lt;br /&gt; - “¡Pues yo me voy a encerrar para preparar una muestra en la exposición de Arco!”.&lt;br /&gt;Otro dijo que se tomaría un año sabático, otro que intentaría entrar en una editorial como ilustrador, otra que posiblemente trabajaría en una famosa fábrica de porcelanas en Valencia, etc.&lt;br /&gt;Anda,  y a mí se me ocurre decir: &lt;br /&gt; - “¡Pues yo igual hago oposiciones para profesor de dibujo!”.&lt;br /&gt;Silencio glacial. Giro y levantamiento de miradas. Una compañera me dijo: “¿Funcionario?, pero… ¿qué, qué dices tío?, ¡Qué pena, con lo bien que dibujas te lo podrías montar de otra manera!”.&lt;br /&gt;Alguien  prosiguió:&lt;br /&gt;- “Pero… ¿te vas perder la bohemia y el espíritu libre del arte?, ¿en serio que te gustaría “aguantar” críos en un colegio?”. &lt;br /&gt;Otros simplemente no dijeron nada. &lt;br /&gt;Yo no esperaba aquella reacción. Me quedé cortado, sorprendido… En aquel momento me hubiera gustado, como dice mi hijo pequeño Alejandro, multiplicarme por cero pero me conformé con levantar los hombros y morderme el labio. De golpe me sentí como un alienígena, como si estuviese traicionando al mismísimo Apolo, Dios de las Artes y las Letras…  &lt;br /&gt;En fin, aquello se acabó y ya no se volvió a hablar del tema. El curso tocaba a su fin y en junio salíamos ilusionados y flamantes licenciados y licenciadas en Bellas Artes. ¡Por fin!&lt;br /&gt;Y… francamente, aquella conversación no hubiera tenido importancia de no ser porque justo al año, después de convalidar el “memorable y reputado” CAP con las prácticas en un colegio madrileño,    me presenté a las famosas y ansiadas oposiciones.&lt;br /&gt;Julio madrileño, un calor imposible, carreras, nervios...  En los pasillos multitud de opositores nos agolpábamos esperando conocer el aula asignada a cada uno para empezar las pruebas. Por fin  me dieron la mía: A-23.  Presentación de opositores. Escuché cómo el miembro del tribunal decía, una vez más, mal mi apellido, y levanté la mano. Después ya “fichado”  y por tanto  “relajado” miré hacia atrás para ver el panorama. Sorpresa, entre aquella multitud había muchas caras conocidas y es que… debía hacer frío en Paris…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-8657576773323212684?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/8657576773323212684/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=8657576773323212684' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/8657576773323212684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/8657576773323212684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/frio-en-paris-por-roberto-lhotellerie.html' title='Frío en París, por Roberto L&apos;Hôtellerie'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-1666542602661994093</id><published>2010-01-25T17:21:00.000+01:00</published><updated>2010-01-25T17:22:04.323+01:00</updated><title type='text'>Maestros para siempre, por Luisa Miñana</title><content type='html'>Isabel Alvaro, Gonzalo Borrás (ambos profesores de Historia del Arte); Rafael Olaechea (Historia Contemporánea); Jesús Rubio (Literatura); Luisa María Frutos (Geografía Física) –Universidad de Zaragoza, Filosofía y Letras-. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sol Acín (Francés); Maite Bizcarrondo, Serafín Bodelón (ambos mis profesores de Griego); la profesora de Historia y de Historia del Arte de la que sólo recuerdo su nombre (Pilar), a pesar de que fue mucho más que una profesora en los años difíciles en que se moría Franco; Jesús, el profesor de Geografía Económica (también de él he olvidado su apellido, y eso que era guapísimo y rubio y abiertamente marxista mientras Franco se moría); el profesor de latín en quinto (no recuerdo ni nombre ni apellido, pero era un crack traduciendo a Tito Livio tras su gafas de pasta), que me enseñó tanta gramática latina como castellana –Universidad Laboral de Zaragoza, bachillerato superior-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Marisol Jordana, con quien aprendí a entender la Historia (y que no todo estaba en los libros de texto), y también la profesora de Matemáticas  de tercero y cuarto (seria de gesto hasta la exasperación, pero mente privilegiada que hablaba de ecuaciones con la misma sencillez y naturalidad que quien habla del día que hace: adoro las ecuaciones desde entonces) – Instituto Buen Pastor, Mixto 4 de Zaragoza, bachillerato elemental-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La profesora del colegio municipal Julio Cejador de Zaragoza (ya no existe: en su lugar el Polideportivo Paco Garcés),  en cuya clase estábamos un montón de crías de diferentes edades y cursos (como en las escuelas rurales). No me caía bien, pero era una maestra totalmente intuitiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La profesora de la clase del último curso al que asistí en el colegio público de primaria Timbaler del Bruc (aún existe y lo he visto, con emoción claro, en Google Street) –Barcelona, distrito de Nous Barris hoy-, que me enseñó a usar el diccionario, y también la directora de este colegio, que recuerdo era aragonesa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice esta lista de entre mis profesores y maestros hace días. Luego me he esforzado en recordar más nombres, o al menos más rostros de entre tantos que me enseñaron de una forma u otra a aprender. Pero está claro que si no reaparecen en mi cabeza de motu proprio será porque los importantes de verdad son lo que son. Y lo cierto es que ahora, al ponerlos en renglones, ya me parecen un montón, aunque antes los creyese pocos. Y quiero que este texto sirva de reconocimiento y agradecimiento. Por eso les nombro uno a uno y una a una. Porque si yo me hubiera dedicado a la enseñanza, ellos hubieran sido mi referencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos ellos y todas ellas, a quienes a propósito nombro, me enseñaron lo que yo he apreciado más siempre en un docente: método, la transmisión no sólo de conocimientos, sino sobre todo de los instrumentos para enfrentarse a tales conocimientos, a la vida. Método. Algo que hoy me parece más necesario que nunca, puesto que más numerosas que nunca son las informaciones disponibles y la necesidad de su discriminación adecuada es mayor que nunca. Método. Que es como decir capacidad para comprender y elegir. Que es como decir capacidad de responsabilidad y de libertad. Que es como decir honestidad y dignidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la directora del Timbaler del Bruc, que soportó estoicamente mis diarias visitas mañaneras a lo largo de todo un mes en que estuve esperando con absoluta impaciencia la llegada del Parvulito (un antiguo libro de texto) y que nunca cayó en la tentación de decirme: ya te avisaré, niña pesada; hasta Isabel Alvaro, que dirigió mi tesina y la de mis compañeros y peleó luego con nosotros todas las iniciativas de investigación y publicaciones que propusimos como si fueran suyas y nosotros sus hermanos; todos y cada uno de los citados, tan distintos entre sí en fuero y formas, alentaron en su momento entusiasmos y generaron retos que hoy recuerdo como transcendentales en su momento. Podría contar muchas cosas acerca de cada uno de ellos. Me gustaría hacerlo. Habrá que hacerlo posiblemente algún día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los que no se nombran cumplieron también su cometido, desde luego. Y por supuesto cuentan totalmente con mi reconocimiento. Amueblar con tino en cada caso las cabezas y los corazones de personas en crecimiento –nunca se deja de crecer, como nunca dejamos de ser el niño y el joven que fuimos-  me parece una responsabilidad de tal calibre, que no quiero que se entienda que los no nombrados no fueron importantes. Lo fueron hasta aquellos que me enseñaron lo que no querría para mí ni los míos. Esos también son importantes. Pero hoy sobre todo, en este texto, el agradecimiento para los que se nombran. Porque muchos, muchos años después del Buen Pastor (junto al antiguo campo de fútbol de Torrero y el Canal) me encontré cara a cara (junto al mar) con Marisol Jordana (mi profesora de Historia en el Mixto 4, en Torrero, en Zaragoza) y no me atreví a decirle ni siquiera que había sido alumna suya y que ella estaba en el comienzo de muchas cosas que vinieron después. Lo digo ahora. Y a todos los demás: gracias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-1666542602661994093?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1666542602661994093'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1666542602661994093'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/maestros-para-siempre-por-luisa-minana.html' title='Maestros para siempre, por Luisa Miñana'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-5674735829745764231</id><published>2010-01-24T02:49:00.000+01:00</published><updated>2010-01-24T02:53:31.456+01:00</updated><title type='text'>Ellas, por Blanca Langa</title><content type='html'>A Pilar Cañete, Conchita Gimeno y Julita Díaz,&lt;br /&gt;que me abrieron ventanas a las cosas, ampliaron&lt;br /&gt;mi mundo y me crearon esta irremediable adicción&lt;br /&gt;a la lectura de la que espero no curarme nunca.&lt;br /&gt;A ellas, porque merecen saber lo importantes&lt;br /&gt;que han sido y son en mi vida.&lt;br /&gt;A ellas, por el inmenso cariño que les tengo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si alguna vez el hacha del olvido seccionara mis recuerdos, lamentaría perder los rostros de aquellas mujeres que tanto han significado en mi vida.&lt;br /&gt;Si alguna vez se mutilase mi memoria y me fuese concedido el don de rescatar únicamente los momentos más mágicos de mi infancia, debería colocarlas en muchos de ellos, porque fueron mis maestras quienes despertaron en mí la curiosidad por las cosas. Ellas quienes agrandaron mi mundo de niña y ampliaron mis fronteras más allá del pueblo pequeño donde yo vivía.&lt;br /&gt;No puedo imaginar mis primeros años sin su mirada de ánimo, ni el brillo de satisfacción de sus ojos ante cada pequeño descubrimiento. Su certeza era mi estímulo. Su confianza en mí, el impulso para actuar. ¿Cómo pudieron siquiera suponer que aquella niña torpe y grandota llevaba dentro de sí tantos mundos? Y, lo que es más importante: ¿cómo consiguieron transmitirme la fuerza necesaria para descubrirlos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cómo serán los primeros días de escuela para otros niños, pero para mí supuso el premio tantas veces prometido: "En la escuela aprenderás a leer los cuentos tú sola, sabrás contar, te enseñarán a bordar y a coser, dibujarás con pinturas de colores..." ¡Dios mío, cómo me latía el corazón, calle abajo, al lado de mi madre! Con qué alegría se aferraban mis manos a la mochila verde, llena con toda la brisa de los sueños, con toda la ilusión y las esperanza de quien iba a ser iniciada en un rito de adultos! "En la escuela aprenderás a leer tú sola" No podía imaginar nada mejor.&lt;br /&gt;Recuerdo lo rápido que pasó la primera mañana y la voz cálida y acogedora de doña Pilar: "Aquí cosemos por la tarde. Tú ¿qué quieres hacer?." Dudé un segundo. "¿Puedo bordar una sábana?", pregunté. Había visto bordar tantas y tantas veces a mi madre con su bastidor de madera... Admiraba la habilidad y ligereza de sus manos. Veía surgir de ellas las flores de colores que tanto me gustaban. Así que, cuando la maestra me preguntó, decidí aprovechar la ocasión: "¿Puedo bordar una sábana, como mi mamá?". Sonrió, bastante divertida. Me pareció que iba a reírse, pero se lo pensó mejor, fingió ponerse seria y me explicó: "Bueno, creo que muy pronto, muy pronto, podrás. ¿Qué te parece si mientras tanto hacemos algo más pequeño, eh?". Aquello me decepcionó un poco, pero no iba a rendirme el primer día. "Está bien: ¿puedo hacer un almohadón?". Se mordió los labios, para que no se le escapara la risa. "Yo había pensado en otra cosa: un pañuelo, por ejemplo". Me encogí de hombros. Acepté: "Si va a tener flores..." "Claro: muchas flores, muchísimas". "Es que a mí me gustan". "A mí, también".&lt;br /&gt;Lo mejor de su respuesta fue lo que no me dijo: no dijo que mi idea era descabellada, ni rechazó mi propuesta como hubiese hecho cualquiera. Simplemente se limitó a hacerme saber que todo era posible, pero requería su tiempo. Cualquier otro adulto se hubiese escandalizado: "¿Estás loca? ¿Cómo se te ocurren esas cosas, si nunca en tu vida has cogido una aguja?", me hubiesen dicho. Ella, no. Como si lo que yo proponía fuese lo más natural del mundo. Para mi primera maestra no había nada imposible. Bastaba con que uno lo desease y se esforzase por conseguirlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día les hizo un examen de Religión a las mayores. Una de las preguntas las traía pensativas. ¿Cómo son los ojos de la Virgen?. "Verdes", "Azules"... A mí me sonaba algo así. Alguna vez había escuchado rezar "esos tus ojos misericordiosos". Sí, tenía que ser eso. Y , sin que nadie me preguntase, respondí: "Pues ¡cómo van a ser! : misericordiosos". Se hizo un silencio que podía cortarse y, al final ella, con un asombro infinito en sus ojos, con una profunda admiración dijo: "Sí, son misericordiosos". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello no acabó allí. Quiso hablar con mi madre y ésta no las tenía todas consigo. ¿Qué podía haber hecho yo para que la llamase a ella?. Yo no acertaba a explicarle que no había hecho nada malo. "¿No le habrás contestado?". Pues sí: le había contestado, sin que me preguntase. Pero no quería hacerlo. Sólo que la respuesta se había llegado a mis labios y yo no había podido hacer nada para evitarlo. Me había dado alegría, tanta alegría, el proceso de pensar un momento, atar cabos y dar con la solución...&lt;br /&gt;Cuando mi madre llegó a la escuela escuchó algo para lo que no estaba preparada: a mi maestra le habían hecho esa pregunta en las Oposiciones y no la había sabido responder. Y, sin embargo, aquella niña de cinco años... Doña Pilar estaba feliz. Adivinaba en mí cualidades que yo debía desarrollar. A mí me parecía que no era para tanto. Simplemente: me gustaba observar cada detalle de la gente y de las cosas. Y cavilar, sacar conclusiones. Era curiosa por naturaleza. Todo me interesaba. Casi todos los niños suelen ser así. Sin embargo, Doña Pilar pensaba que la curiosidad es lo más importante para el aprendizaje. Un niño que no sienta curiosidad nunca aprenderá gran cosa. Debo decir que ella se encargaba de despertar y encauzar la nuestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se admiraba de cosas que para mí eran sencillas y me hizo creer que yo era alguien especial. Nos hacía ver nuestras cualidades y nunca olvidaba señalar nuestros avances: "Caramba, qué bien le ha salido esta hoja a Marisol. ¿Habéis visto la cenefa de Anita? ¡Qué rótulo más bonito, Mª Ángeles!..." ¿Cómo no querer a alguien así? En cuanto a mí, estaba encantada con las clases. Al ser una escuela unitaria, compartía pupitre con alumnas más mayores. Para algunas era su último año de escolaridad, pues habían cumplido los catorce años. Se les asignaba la tarea de ocuparse de las pequeñas, cuando ellas habían acabado sus ejercicios. Les gustaba darnos órdenes, sentirse superiores. Las mirábamos con envidia, porque poseían conocimientos inalcanzables para nosotras. Y, lo que era mejor: les dejaban leer los libros de la estantería más alta, que estaban prohibidos para las demás. ¡Qué bien leían! Cada tarde, por turno, mientras cosíamos, retomaban la lectura del día anterior y yo me quedaba embobada oyéndolas. Era incapaz de concentrarme en la costura, pues los ojos huían a países lejanos, a mares que no había visto, a montañas que nadie había descubierto, a reinos lejanos donde habitaban reyes y reinas, príncipes y princesas, seres fantásticos e increíbles, magos y genios, hadas... Imaginaba las historias que escuchaba y me quedaba absorta con el dedal en una mano y la aguja en la otra. Mi maestra solía bajarme de las nubes, con afecto. Pero yo sabía que a ella también le gustaba oír la lectura. Lo mejor era cuando tomaba el libro y leía en voz alta. Entonces sí que me quedaba embobada. Qué envidia me daba : cómo quería llegar a leer así. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellos ratos de lectura, la sensación de estar participando en un rito mágico, el recuerdo de aquellas tardes de otoño y de invierno, cerca de la luz de la ventana, me acompañan siempre. La voz de Doña Pilar, la de Doña Conchita y la de Doña Julia se superponen en mi mente. Una tras otra fueron tomando el relevo en la escuela y en nuestras vidas. Una tras otra fueron ayudando a amontonar experiencias y conocimientos a la niña que fui. Las tres me regalaron tardes maravillosas de lectura, porque las tres adoraban leer. Para ellas, la lectura era puro placer, un premio. Cuando cogían el libro en sus manos se producía el milagro: convocaban a la magia. Y era como si todos los personajes de los cuentos se sentasen a tu lado y fuesen tan reales como tu compañera de pupitre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se fue Doña Pilar, llegó Doña Conchita. Era dulce y buena con nosotras, pero firme y severa a la vez. Tenía esa rara paciencia que nos hace más llevaderos los fracasos. La paciencia de explicar las cosas sin alterarse, incluso cuando nos habíamos despistado del desarrollo de la clase. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que para otros adultos hubiese sido un auténtico desastre, para ella era un motivo de reflexión. Te hacía pensar sin casi darte cuenta y conseguía que vieses el fallo, como si tú sola lo hubieses descubierto: "¿Por qué crees que has escrito esto?" Y tú le explicabas. "¿Estás segura?" Una, terca y tozuda, intentaba justificar lo injustificable y, milagrosamente, se iba abriendo la luz y sabías que aquello no podía ser así. Y cuando encontrabas la solución correcta, solía premiarte de mil formas distintas: algún cromo, un recorte de alguna revista...Pero el mejor de los premios, la mejor de las recompensas era su sonrisa. Sonreía, porque reconocía en nuestro trabajo su esfuerzo. Porque aquel pequeño logro era suyo también. Y se alegraba contigo. Ella sonreía. Como si el hecho de ver discurrir nuestros cerebros infantiles le complaciese más que un buen helado de vainilla.&lt;br /&gt;Como a doña Pilar, le gustaba la lectura, y continuó con la costumbre de permitir que las mayores nos leyesen por las tardes a la hora de la costura . Lo hacían bien, claro, pero yo prefería escucharla a ella. Vivía las historias. Modulaba la voz según los personajes, cambiaba de ritmo, aceleraba la narración cuando la historia se ponía interesante y tiraba del hilo de nuestra atención con una increíble facilidad. &lt;br /&gt;Siempre me ha gustado escuchar historias. Los buenos narradores me parecen tan valiosos como el mejor de los diamantes. Hay mil luces en los ojos de quien narra, o de quien recita con sensibilidad. Mil mundos para asomar a la mirada. ¿Cómo no sentirse atrapada en las historias, cómo no sentir que había mil ventanas tras las tapas raídas y multicolores de los escasos, pero importantísimos, libros de la escuela?.&lt;br /&gt;Nos gustaban los recreos, porque jugaba con nosotras al corro, a la comba... Y no le importaba sujetar la cuerda para que saltásemos. Cantaba las canciones de comba y reía cuando nos atrapábamos unas a otras. Tenía una risa fresca y limpia, alegre y contagiosa que iluminaba el mundo.&lt;br /&gt;Si llovía mirábamos con pena los cristales en los que el agua de la lluvia iba dibujando caminitos para nuestra impaciencia. "Hoy no vamos a ir al recreo", nos decíamos unas a otras con pena. Pero entonces nos bajaba los juegos de lo alto del armario y nos desplegaba el tangram sobre el suelo de la entrada. Al principio, había que conformarse con observar a las mayores, pero poco a poco íbamos aprendiendo a componer las figuras y a formar las imágenes de los modelos. Aunque no lo sabíamos, era un buen ejercicio de lógica y nos ayudaba a pensar. Todo, por divertido que pareciese, tenía su utilidad. Todo servía a un mismo fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sensible y afectuosa, agradecía cada pequeño detalle, cada minúsculo y espontáneo regalo. Y cuando llegó su cumpleaños, nos hizo una fiesta y nos invitó a tomar unos dulces. Fue estupendo. Nos pareció una forma de darnos las gracias y nos encantó la idea. Había guardado el secreto, lo había preparado tan a escondidas, que resultó muy agradable. Cantamos y la felicitamos. Nos reímos y jugamos con ella. La verdad es que los buenos momentos no duraron mucho. Le dieron el traslado y nos quedamos de nuevo sin maestra. Cuánto la echaba de menos. Cuánto. &lt;br /&gt;Algunas veces, en primavera, cuando hacía buen tiempo y el calor se hacía insoportable en el aula, nos hacía sacar las mesas al patio y nos sentábamos en un rincón, a la escasa sombra. O nos llevaba andando a alguna era con los libros bajo el brazo y nos sentábamos en el suelo a escribir o a hacer dibujo. Era divertido trabajar al aire libre. Era tan agradable... &lt;br /&gt;Cuando se fue, recordaba siempre aquellas tardes de primavera, la brisa fresca en la cara, el olor de la hierba... La recordaba a ella. Y me daban envidia sus nuevos alumnos.&lt;br /&gt;Siempre le escribía en Navidad y le contaba cómo me iba. Era como si creyese que mis pequeños éxitos serían más importantes si ella los conocía. O como si estuviese convencida de que quizá no volviesemos a vernos si rompía los lazos que nos habían unido. De todas las tarjetas que recibíamos, las suyas eran las más bonitas. Las mejores. Reconocía su letra en el sobre y me sentía tan feliz ...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había perdido una buena maestra y tenía miedo de no volver a encontrar a otra como ella. No sabía cómo iba a ser la nueva. Ni si conseguiría entender lo que me explicase. No me gusta que la gente que significa algo en mi vida desaparezca de ella, sin que yo pueda hacer nada por evitarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, como dice el viejo proverbio, "cuando el discípulo está preparado, aparece el maestro". La mía, mi maestra, la última y definitiva, llegó a mi vida cuando más falta me hacía, cuando más la necesitaba. Tuve mucha suerte de encontrarla, muchísima.&lt;br /&gt;Trabajadora, metódica, ordenada... ¡Habría tantos adjetivos que añadir a la lista...! Le gustaba su trabajo. Disfrutaba. Sabía cómo pulir lo mejor que llevábamos dentro y sacarlo a la luz. Era capaz de descubrir en nosotras cualidades que nadie más veía. Siempre he dicho que era una mujer con cien ojos, pues averiguaba, sin levantar la vista del cuaderno que estaba corrigiendo, quiénes estábamos hablando en un susurro, quiénes nos rebullíamos en el asiento, quiénes nos hacíamos señas... ¡Increíble!&lt;br /&gt;Exigía disciplina y trabajo. Constancia y esfuerzo. Y cuando conseguías aprender lo que te había propuesto, valoraba el camino realizado y no escatimaba elogios. Aún me parece oírla: "¿Lo ves? ¿Ves como sí podías entender el problema?". Era como si hubiese tenido desde el principio la certeza de que ibas a llegar a la meta, incluso cuando tú aún no tenías claro si podrías siquiera empezar a correr. Y en los momentos difíciles, siempre me digo, como ella me diría: "¡Claro que puedes!" Y eso me ayuda a seguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi escasa destreza con la aguja, avalada por una larga lista de costuras frustradas, se vio mejorada con el buen hacer de Doña Julita. Nos enseñó a coser en lo que ella llamaba "un paño de muestras" de labores. De pronto, entraron en mi vocabulario palabras tan raras como "vainica", "vainica doble", "punto de cruz", "punto escapulario"... Todo un mundo de cosas difíciles, laboriosas y complicadas, que no estaba muy segura de llegar a dominar. Sin embargo, tuvo la paciencia de enseñarme y el acierto de conseguir de mí un más que aceptable dominio de las técnicas. Los vestidos de mis muñecas mejoraron sensiblemente. Volvió a mí la convicción de que iba a conseguir hacer costura "de mayores". Y así fue. Como vio que me gustaba y acababa pronto, me animó a coser otras cosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto descubrí que la lectura de la tarde estaba condicionada al buen comportamiento y aprendí a gozar de las historias de aventuras a la vez que trabajaba con la aguja. ¡Qué bien leía ella! Me encantaba su voz en el silencio de la clase. Su voz cálida que me desplegaba mundos y sueños. Y me decía a mí misma que de mayor yo sería así y leería libros enormes y divertidos a mis alumnos.&lt;br /&gt;Y no solamente eso: muy pronto manejaba las divisiones larguísimas y mis faltas de ortografía empezaron a desaparecer de los dictados. Siempre digo que Doña Julita pulió mi desaliño ortográfico, e imagino cuántas horas de trabajo debió suponerle conseguir de mí que me fijase en que las palabras no se escriben con b, o con v porque sí. Que las haches no se deben poner al buen tuntún. Mi cabeza, llena de pájaros y de sueños, no estaba hecha para ordenar nada. Las ideas bullían en mi mente, pero debía aprender a organizarlas. De eso se encargó: de darme un cierto método. Supongo que le hubiese gustado que yo consiguiese ser tan organizada como ella. Pero eso era imposible. Tan imposible como anudar al viento.&lt;br /&gt;A Doña Julita le debo muchísimas cosas, pero, si alguien me preguntase cuál me parece la más importante, yo diría que la gran cantidad de libros que me fue prestando para llevar a casa. Con apenas nueve años me leí entero el armario que hacía de biblioteca. Me convirtió en una lectora empedernida. Estoy segura de que la culpa es suya: me hizo desear los libros con tal intensidad que el peor de los castigos era no poder leer. Si estaba castigada, no me prestaba ninguno. La lectura era el premio. Hasta tal punto llegué a engancharme a las historias, que, aún ahora, soy incapaz de dejar a medias una trama. Pasaba largas horas en la madrugada enfrascada en las vidas de los personajes. Escondida bajo las sábanas, la misma lectura se convertía en una aventura: había que sortear la vigilancia de los adultos y no dejar que la ranura de luz bajo la puerta me delatase. Siempre he creído que la lectura tiene mucho de clandestina. &lt;br /&gt;Cuando pienso en Doña Julita, la recuerdo como una mujer exigente, pero no inflexible. Una mujer buena que mediaba con justicia entre nosotras y conseguía aplacar los enfados, sin que nos quedase rencor en la derrota. Con paciencia, pero con firmeza, arreglaba nuestras peleas y nuestras pequeñas diferencias. Nunca dejaba un conflicto sin resolver. Sabía despertar el interés por el aprendizaje y convertir los pequeños logros en grandes victorias. Sin ella, no podría ser quien soy. Tanto la admiré y la quise que deseé ser maestra. Y sé que se alegró de ello. Y cuando aprobé las oposiciones. Y cuando empecé a trabajar... &lt;br /&gt;Y sé también lo orgullosa que estuvo la primera vez que gané un premio literario. Aún me pregunta qué tal me van las cosas y me sigue dando ánimos: "Me he enterado de este nuevo premio. El tercer libro ya, ¿eh?. No sabes cuánto me alegro. De verdad". Claro que lo sé. Lo que no sé es si ella intuye lo mucho que ha significado y significa en mi vida. Por eso me gusta hacerle saber que también debe alegrarse: porque ha colaborado a que yo haya llegado hasta aquí. Que si algo bueno he hecho en mi vida se lo debo en buena parte a ella: a mi maestra. A todas mis maestras.&lt;br /&gt;Ahora sé que cuando me exigían lo hacían, porque pensaban que debían sacar de mí lo mejor de mí misma. Ese yo que ellas tenían siempre presente y que la niña que fui no conseguía descubrir.&lt;br /&gt;A aquellas mujeres trabajadoras, tenaces e incansables les debo la mayor parte de mis logros de adulta. No sería quien soy sin aquellas mujeres. Ojalá haya sido capaz de transmitirles en algún momento de mi vida el agradecimiento que se merecieron y se merecen por haber hecho de mí una persona más sabia y más sensible, más humana y más justa. Ojalá haya sido capaz de transmitirles mi agradecimiento. Pero, sobre todo el afecto, el inmenso cariño que siento por ellas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ellas, a todas ellas, gracias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-5674735829745764231?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5674735829745764231'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5674735829745764231'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/ellas-por-blanca-langa.html' title='Ellas, por Blanca Langa'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-5744602755917350634</id><published>2010-01-23T18:26:00.000+01:00</published><updated>2010-01-23T18:48:38.358+01:00</updated><title type='text'>Un respeto: una mirada atenta, por Chusé Antón Santamaría Loriente</title><content type='html'>En o primer destino que abié como mayestro, un zentro d´amostranza pribata, o suyo direutor, clerigo ya d´atra edá e criticable en bels aspeutos; pero no en dezir as cosas bien claras, nos confesaba un día: «Hay tres profesiones de vocación con ‘v’ y no con ‘b’ de boca: cura, médico y maestro». Me fizón pensar ixas parolas e m´he remerato á ormino d´ellas.&lt;br /&gt;Más adebán, no sé en dó leyí que bi eba tres profesions á saber de pretenziosas: Chuez, cura e mayestro. Tamién me dixó prou marcato ista afirmazión. ¿En beras podemos chuzgar á otri, guiar-lo espritualmén e conduzir-lo por os camins «correutos»? Contino –e ya son años- pensaroso e sin gosar contestar á ixa interrogazión.&lt;br /&gt;Yo puedo dar fe de que en o lugar mío, en do pasé a infanzia, abié buenos mayestros en a escuela –eszeuzión feita d´un matután sadico que por unos meses nos amargó a bida replegando-nos as glarimas de mozet en un tintero de loza blanca con inchaquias de bender-las; aún alzo a dentera por a pana grisa de a chaqueta suya-, buenos curas en a ilesia e buenos bezins. O «Che» Guevara sosteneba que a soziedá entera teneba que estar una escuela. Confirmo que abié muita suerte. As plazas d´Ayerbe, tamién educaban, e no yeranos almas benditas, prezisamén. Podebanos ir de lo más sublime ta lo más balarrasa sin soluzión de continidá. Afirmo que á penar de as precariedaz familiars e as propias d´ixos tiempos abié una infanzia goyosa: tiempos en os cuals se teneba goyo sin saber-lo, que ye a millor traza d´abier-lo. Críos de campo, que sabebanos muitismo más que los de agora sobre a bida e a muerte. Yeranos más preparatos: güé, ni se naxe ni se muere en casa. Tiempos de precariedá -¿por qué as madres, ta no desperdiziar, se minchaban lo que dixaban os demás?- en los que os padres, si se´n iban ta o campo con a tartera, cuan tornaban ta casa, os mozetes acudibanos á bier si s´eban pribato de bella cosa –cuasi siempre lo feban- ta que os fillos se la chuchasen. Tiempos en los que D. Paco, o cura biello, s´amanaba un ratet ta ra escuela e nos embabuquiaba con cuatro pósters de coloritos, rebutiens de culebrons, mazanas, paraísos, arcas… As primers fabulazions que agora s´amagan á os críos.&lt;br /&gt;Tiempos ixos en los que os padres, que rezibión una istruzión mui minguada, creyeban que a istruzión yera o «Bien Soberano» e pensaban que os istruitos yeran los que enseñaban á os demás; padres que estudión «con as mans» e que podeban abier-se feito una sangonera, como os pelicanos, ta alimentar á os suyos zagaletes. Años de bachiller, en los que deborabanos a «zienzia» como un alimento prezioso de o cual os padres e lolos estión pribatos.&lt;br /&gt;Con a riada de a emigración, de os «polos» de desarrollo, amanexí en Zaragoza con os flaires de La Salle; a mayor parte bascos, chóbens, mui treballadors e con un gran esprito critico ta ros tiempos que correban. Remeranzas entrañables de o chirmán –ya lolo- Adolfo. Muitas trazas de funzionar en ixe ambién m´han feito buena onra en o treballo cutiano con os escolanos.&lt;br /&gt;De o paso por a Normal –segunda promozión 67- me quedó as sobrebuenas lezions –charradas, esperenzias- de M. Sanjuán; os sobrebuens compañers que perduran; un buen año de prauticas –yeran remuneratas e se i feba de tutor- e o fenezimiento de o mío padre.&lt;br /&gt;Años difizils e de bez esperanzatos, ixos sesenta, tiempos de sozializazión –ya de mayor t´enterabas que ebas pasato a pre-pubertá, pubertá, pre-adoleszenzia e adoleszenzia, d´una tongada, sin parar cuenta-. Tiempos en los que, como en un curso en Vals, chen madura, sabironda e con muita esperenzia educatiba te sentenziaba: “ El Magisterio es un cauce de frustraciones”. ¡Buena perspeutiba ta una chenerazión politizata, con ansias infinitas de cambeo, de reboluzionar o mundo, España e más que más Aragón, que en ixa epoca ya yera una delera mía !&lt;br /&gt;A educazión yera, poderba estar, a millor ferramienta de cambeo. ¡Cuantisma ilusión en ixas primers «Escuelas de berano»! O paso por a Facultá de Filolochía, en os primers setenta, me dixó as inolbidables lezions d´arte de Borrás, a istoria de Franzia de Carreras, a Gramatica Franzesa –que ye dezir- de Michèle Jean e o comentario d´uno de os bedels: «Agora no se publica más que libros de libros». Tiempos de leturas a trote e moche, de treballo educatibo e de continazión d´estudios; tiempos d´oposizión e d´amostranza publica, tiempos de zorziquiar ta cambear as cosas, tiempos d´ilusión e primers desencantos, tiempos en los que, más que correlazión de fuerzas i abió correlazión de debilidaz, tiempos en los que aprendié que ta cambear á os demás bi ha que prenzipiar por cambear-se á uno mesmo.&lt;br /&gt;En toz istos años de quefer educatibo una parola, un ochetibo m´ha feito de «continuum»: o respeto. En a infanzia mía yera normal sentir en casa esprisions como istas: «Infundir respeto», «Deber respeto», «Guardar respeto», «Chen de respeto»… en un tono, á ormino, admonitorio. Güé, ye más corriente sentir-las d´iste tipo: «No bi ha respeto», «No conoxen o respeto», «No se respeta cosa», «Faltar á o respeto», «S´ha olbidato o respeto»… Ye berdá que con o paso de o tiempo o bocable «respeto» ha tenito diferens sinificatos. Ixe respeto chunito á ra situgazión sozial e que a clase inferior teneba –debeba tener- á ra superior, bien olbidata siga; pero o respeto, a considerazión  a ra chen mayor – los que estudión con as mans- por a suya esperenzia e saber acumulatos, a padres e profesors, ya no ye tan corriente e ixe «respeto», sí que cal recuperar-lo.&lt;br /&gt;Ocurre que o sinificato de o termino «respeto» no ye o que piensa a mayor parte de a chen. Respeto, etimolochicamén, promana de «re-spicere» que quiere dezir «mirar dos bezes», u siga-se, mirar fito fito o fondo de as cosas. Si una persona mira, se l´amuestra á mirar lo que tiene arredol, acaba respetando-lo porque descubrirá aspeutos que desconoxe e que se merecen ixe respeto.&lt;br /&gt;Si bella cosa falla en a soziedá nuestra, ye a manca d´autitú de mirar  con atenzión lo que nos rodía, no miramos con ficazio as cosas. Güé ye menister muito esfuerzo ta faborir a capazidá d´atenzión, de respeto, de mirada atenta. O respeto se carauteriza , en o sentito más fondo, por dos constans: una mirada atenta e una distanzia prudén. Paremos cuenta que biolencia promana de «violare» e que o suyo sinificato etimolochico serba «trencar a distanzia», «manca de distanzia», apoderando-se de l´atro, mesmo fisicamén. O respeto serba, pues, una aprosimazión á otri; pero mantenindo una distanzia menima. Á ormino se sentiba en casa: «Autúa sin miramiento», «No s´anda con miramientos», «No miran, ban sin mirar»… Miramiento yera sinonimo d´atenzión, zircuspezión, discrezión.&lt;br /&gt;Amostrar á mirar, ixe ye estato o bayo en a mía bida profesional, tornar ta ra espelunga ta iluminar a los que encara biben en a fosquera, conseguir ixa mirada profunda de Platón. Educar ye abibar un fuego –afirmaba Montaigne. En o prozeso educatibo as personas embrecatas reziben a sacudida de o cantauto. O profesor ye á man de o escolano e iste tamién ye parte de o prozeso d´amostranza e d´aprendizache. Qui amuestra, aprende e qui aprende, amuestra; chustamén por ixo, porque lo que pretendemos ye escatizar o calibo, soflar a chereta minimal de as almas de os mozetes e no plenar, simplemén, un forato.&lt;br /&gt;Os escolanos son los que te ban fendo mayestro. O roze, os goyos, as angunias, os desencantos, un contino fers-se e desfer- se buscando perén os intes de silenzio –o lenguache de os ánchels- que tanto le cuacaban a M. Montessori –fa más roído un árbol cuan se talla e caye que un bosque entero cuan crexe- e os intes de parola u de «a fin de o silenzio» en ista zibilizazión de tanta ruidaquera.&lt;br /&gt;A ra chenerazión mía, en o sieglo pasato y en iste en o que nos trobamos,  de tanto barambán e mareyo, se l´ha desichito muito más que a denguna atra. Como deziba mosen  R. Andolz en 40 años emos pasato de ra falz ta ra recullidera autopropulsata, de o pregón en a plaza de o lugar ta o fax e internet, de o candil  ta os codetes espazials e de as tartanas ta o tren d´alta belozidá. O paso zaguero ya no engalza á o benidero.Tiempos, antimás, con problemas nuebos, que desichen soluzions nuebas: padres á ormino infantilizatos e que no son capables de trasmitir; saturazión d´imachens que nos dixan ziegos  debán de as reyalidaz; zagals que no saben ta dó pueden plegar e de dó no pueden pasar. Ta brincar una güega  ye menister, o primer, saber en dó se ye, e no lo saben, pobrachos. ¡Cómo pueden pensar ta dó ir si no saben en dó son!&lt;br /&gt;Con tot e con ixo, ya lo dezibanos dinantes, no olbidemos que lo más noble, lo más umán de l´amostranza s´ha produzito, perén, en a relazión de persona á persona entre mayestros y escolanos. Si o mayestro pierde condizions, os escolanos tanto u más. As baluras son como os basos comunicans, si s´estorteca uno, s´estortecan toz. A cansera, l´aburrimiento, a rutina –a «boira silente» de Heidegger- son á ra tisfa ta agazapiar-nos de contino.&lt;br /&gt;«No itez á os tiempos a culpa de lo que pasa en a soziedá –nos albertiba S. Agustín- os tiempos soz busotros e busotros podez cambear os tiempos». Á ormino cal que nos contemplemos en o mirallo de os cuadernos freinetianos de Omella e Bonet de o «Museyo Pedagochico» e reconoxer á istos paisanos nuestros cómo fizón tanto con tan poco y en escaso tiempo. En as orellas tiengo, á ormino, a matraca de as porolas de A. Camus: «Tos odio porque pudindo fer tanto, ez feito tan poqueta cosa». Á ra fin, si paras cuenta, en iste quefer, en ista faina nuestra, pasa como en a pelicula de Tavernier: «Tout commence aujourd´hui», tot prenzipia güé. Prenzipiando continamén, como ro mar de Valèry: «La mer, la mer toujours recommencée…». No sé si yo soi plegato á estar mayestro, pues como deziba en o cobalto ye un treballo, una profesión pretenziosa. Sí puedo dezir que, como en o cuento basco, de tanto tirar piedras ta ra Luna cada bez las tiro más t´allá, á desmán. No soi seguro de si a tierra, o paisache, o clima, a istoria, a lengua m´han determinato; sí he prebato de meter en l´aula as olorias á romero, á buxo, á espligo, á tremonzillo; «Os mons de as olorias» –que deziba Arnal Cavero. L´amostranza tiene que nutrir-se en o suelo que la sustenta e repirar l´aire que la bibifica. Bi ha que afondar as radizes en a tierra que pisamos, si no, se nos leba ra primer airera.&lt;br /&gt;«Os años que son pasatos por yo –remeraba Unamuno- no se´n son pasatos, sino que s´han quedato» e uno tasta que bi ha muita fambre de cariño en os mozetes, fambre espritual; toz queremos que nos quieran –e si puede estar, que me quieran más que yo a mi mesmo- porque a soledá chela más que o frío. A mía madre, cuan de chobenallo me beyeba plegar de a faina una mica mustio y enfurruñato me consolaba: «Con os críos, serenidá e cariño». Buen consello pedagochico; bagale que sí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-5744602755917350634?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5744602755917350634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5744602755917350634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/un-respeto-una-mirada-atenta-por-chuse.html' title='Un respeto: una mirada atenta, por Chusé Antón Santamaría Loriente'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-3594623212764717343</id><published>2010-01-22T12:08:00.000+01:00</published><updated>2010-01-22T12:09:19.767+01:00</updated><title type='text'>El repaso, María Pilar Clau Laborda</title><content type='html'>Cultivé mi experiencia como maestra en el teatro, en una academia de enseñanza, en mi casa y en las casas de mis alumnos. Me producía una alegría infinita observar cómo aprendían, cómo mejoraban día a día su capacidad para responder, para resolver y, sobre todo, cómo crecía su confianza en ellos mismos al tiempo que lo hacía el cariño mutuo. Todavía me emociona recordar cuánto me enseñaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan, un alumno de la academia, me pidió en una ocasión que fuese a hablar con su tutora del colegio. Me extrañó; lo natural era que ella se entrevistara con los padres del alumno y no con su profesora particular. Él insistió en que Berta, la tutora, quería verme a mí: el jueves a las seis de la tarde debía presentarme en su despacho. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó el día y, a las seis menos diez, Juan y yo estábamos sentados en una antesala esperando a que Berta saliera a recibirnos. Él estaba nervioso; se levantaba, daba unos pasos, se sentaba… Yo también, aunque no me movía del asiento. ¿Por qué querría la tutora hablar conmigo?  De pronto, Juan se acercó a mí:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pilar&lt;br /&gt;-¿Qué pasa?    &lt;br /&gt;-Es que…&lt;br /&gt;-¿Qué?&lt;br /&gt;-Es que le he dicho que eres mi madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo tenía 21 años y Juan, 13. No creí que la tutora necesitara muchas explicaciones. Lo único que me importaba era no decepcionar a Juan; no destruir esa extraordinaria confianza que acababa de otorgarme. Valiosísimo regalo con que me agasajaba la vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-3594623212764717343?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/3594623212764717343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/3594623212764717343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/el-repaso-maria-pilar-clau-laborda.html' title='El repaso, María Pilar Clau Laborda'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-1112947489435802490</id><published>2010-01-17T23:02:00.000+01:00</published><updated>2010-01-17T23:04:29.963+01:00</updated><title type='text'>Mi razón, una razón más para ser maestro de escuela, por Alfonso Cortés Alegre</title><content type='html'>Nací en los años 50, en el seno de una familia rural típica del pre-pirineo aragonés. Eran tiempos de subsistencia, casi de trueque. Mi padre, como muchos, no sabía leer. Mi madre valoraba mucho la escuela y no pudo estudiar pronto porque la mandaron a “servir”. &lt;br /&gt;Teniendo cinco añicos, mi madre me llevó al colegio de las monjas que me enseñaron “la m con la a: ma”… y ví por primera vez una cartilla, un libro, una imagen. Me di cuenta de que la clase del colegio era algo muy distinto al patio o a la cocina de mi humilde casa. La monja sabía otras cosas que mis padres y abuelos; y en el colegio descubrí muchas cosas del mundo, que yo pensaba empezaba y acababa en Luesia. En mi primera infancia, ni existió la prensa ni la radio ni la televisión, y al cine semanal sólo iban los mayores. El colegio era una ventana al mundo y la monja me asomaba a la ventana. Me gustaba el colegio, me gustaba la monja. &lt;br /&gt;En los años 60, con siete u ocho años, pasé a la Escuela Nacional de niños. Ni la escuela ni los maestros me gustaron. Tenía miedo de no aprender, de “fallar” cuando me preguntaran, me faltaba confianza y a los maestros los sentía muy lejos de mí. Era la escuela de mover y mover la muñeca para escribir y escribir…, entendiendo o sin entender. Yo no estaba bien en la escuela y me acordaba del colegio de las monjas. &lt;br /&gt;Una mañana, cuando ya tenía diez u once años, vino a la escuela un fraile salesiano. Aún recuerdo su nombre. Y preguntó: “¿Quién quiere venir a estudiar a Sádaba?” “Yooo”, dije mientras mi mano se levantó como un resorte. El fraile me espetó: “Tendrás que levantarte a las siete, limpiar el colegio, ir a misa, estudiar y hacer deporte”. “De acuerdo”, fue mi respuesta. De inmediato quedamos en que tendría que ir un mes de pruebas a Zaragoza, en el mes de agosto.&lt;br /&gt;Y mi madre empezó a marcar la ropa con mis iniciales A.C.A. El día de tomar el autobús se ahorcó el macho. Eso era un duro golpe para la economía familiar, porque ahora le resultaría más difícil labrar las tierras a mi padre enfermo del corazón. Mis padres decidieron que no podía marchar, que debía quedarme en casa. Pero iba a ser que no. Cogí la maleta y me fui a coger el autobús. Por fortuna, mi madre, madres no hay más que una, me siguió y me acompañó hasta el colegio salesiano de Zaragoza. &lt;br /&gt;Ni los mejores efectos especiales de las películas diseñadas por ordenador, me han impresionado más que el cambio de una escuela rural a un colegio urbano de los salesianos: clases amplias y luminosas, mesas y sillas nuevas, duchas, biblioteca, libros y libros… y unas pistas deportivas… donde jugaban equipos equipados, competiciones oficiales con árbitro… &lt;br /&gt;Pasó el mes de prueba, y al seminario de Sádaba. Un centro también espléndido con dormitorios para más de 100 chicos, duchas, frontón, piscina, teatro, televisión, pianos… &lt;br /&gt;En los salesianos daban clases frailes y seglares. Eran dos mundos, dos formas de concebir la educación. Los profesores de instituto contratados nos explicaban muchas cosas, nos mandaban muchos deberes, nos ponían muchos exámenes, nos preguntaban mucho en clase, nos obligaban a memorizar y memorizar…Mis queridos frailes salesianos también hacían lo mismo pero de otra manera, con otra actitud, “con otra mirada”, con otra llegada hasta mi persona. Yo creo que nos querían. Cuando veía cómo trabajaban en clase los frailes, me enamoré de la profesión de ser docente. &lt;br /&gt;Al cerrarse el seminario de Sádaba nos llevaron al seminario de Campello (Alicante). Las mismas experiencias, las mismas sensaciones… Tenía claro que yo no quería ser fraile salesiano, sino maestro seglar. &lt;br /&gt;En los años 70 dejé el seminario y pasé a finalizar el bachillerato (6º) y el COU al Instituto Laboral de Ejea de los Caballeros. A la mayoría del profesorado lo percibo distante, lejano, sabio, salvo al profesor de Filosofía que intenta ordenar mi cabeza, insistiendo en la importancia de entender el mundo que nos rodea y aprender a ser persona, ciudadano… Eso, desde luego, me pareció algo importante y me di cuenta de que yo también podría enseñar a otros chicos si hacía Magisterio. Aunque muchos, gracias a mi buena memoria y mis buenas notas, me recomendaron “apuntar un poco más alto que ser maestro de escuela”.&lt;br /&gt;En los tiempos de la transición política -1975-1978- cursé Magisterio en Zaragoza. En la Escuela Universitaria aprendí poco, muy poco, pero saqué notas excelentes y me convertí en funcionario por acceso directo. &lt;br /&gt;Mi primer destino: Unitaria de Sancho Abarca-Tauste con catorce niños de cuatro niveles. Empecé a dar clases y clases, a explicar temas y temas, a “aburrir” a los niños, a agobiarme yo, a hacer exámenes sin conocimiento, porque eso era lo que habían hecho conmigo y asé era cómo yo había aprendido. Pronto me di cuenta de que los chicos aprobaban los exámenes pero se les olvidaba todo enseguida, creyendo que así realmente no aprendían. En aquel momento pensé que era un mal maestro, estando a punto incluso de dimitir y renunciar al puesto de trabajo. Sin embargo, tras haberle comentado cuál era mi propósito a la veterana maestra del pueblo de al lado, reconsideré mi actitud. A partir de ese instante, tomé la determinación de acudir todos los días a Santa Engracia-Tauste para que Carmen me empezara a enseñar a “ser maestro” : “Deja un poco de lado los libros de texto, enséñales lo fundamental, parte la pizarra en cuatro partes para cada nivel, mientras explicas a los de segundo que los de cuarto den de leer a los de primero…” Siguiendo al pie de la letra estas recomendaciones, empecé a aprender a ser maestro y mejoré siendo maestro acudiendo a cursos y cursos, con grupos de trabajo, seminarios, lectura, etc. en los centros de profesores. Sabía que era maestro volcado con mis chavales pero que estaba actuando como la mayoría de mis profesores de instituto, y en los años 80 sufrí una crisis de identidad profesional. Esta crisis me animó a entrar con ilusión en grupos de innovación, en programas como el de integración escolar. Entonces es cuando “mandé más que los libros de texto” y empecé a sentirme fraile salesiano: sabía que otra escuela era posible. &lt;br /&gt;Actualmente tengo responsabilidades educativas en el CPR de Ejea de los Caballeros. Cuando vuelva a la escuela lo haré con la idea de “enseñar a mis chic@s a aprender haciendo”, de compensar desigualdades sociales, de ayudarles a ordenar sus cabezas, de sacar lo mejor de sí mismos, de prepararles tareas para que “todos” puedan aprender, y crecer, y ser, y querer…  para que sean buenas personas y lo más competentes posible como ciudadanos. Es la jubilación. Toda una vida para acabar aprendiendo esto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-1112947489435802490?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1112947489435802490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/1112947489435802490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/mi-razon-una-razon-mas-para-ser-maestro.html' title='Mi razón, una razón más para ser maestro de escuela, por Alfonso Cortés Alegre'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-3289201950307348972</id><published>2010-01-13T12:44:00.000+01:00</published><updated>2010-01-13T18:06:00.688+01:00</updated><title type='text'>«No nos hagas escribir, que no nos gusta», por María Jesús Sánchez Gormaz</title><content type='html'>Desde pequeños en casa mi madre nos inculcó a los tres hermanos la «obligación» de estudiar y de leer. Recuerdo que a mi me gustaba mucho leer por la noche  y mi madre al ver en mi cuarto la luz encendida tenía que repetir varias veces “¿quieres apagar ya y dejarlo para mañana?... Una de esas lecturas contaba que la gente del Tibet, cree que un niño no viene al mundo hasta que está en el cielo la estrella bajo la que ha de nacer porque su destino está escrito en ella. Esta es la razón que le hubiese dado a Victor Juan si hubiese sido mi profesor y me hubiese preguntado cuando tenía 18 años por qué quería ser maestra, todavía hoy no encuentro otra razón mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estudié Magisterio en Zaragoza y al terminar me dediqué a diferentes actividades, dí algunas clases particulares… pero al cumplir los treinta, el día que acompañé por primera vez a mi hija Elena al colegio y al volver a casa con esa mezcla de desasosiego, abandono, soledad y libertad, encendí la radio para intentar evadirme de mis propios pensamientos y me llamó la atención unos cursos que se impartían en el Centro de Educación de Personas Adultas “Marco Valerio Marcial” de Calatayud, me matriculé en uno de ellos y antes de terminar y en el mismo Centro tuve la oportunidad de ejercer por primera vez la profesión  de maestra. &lt;br /&gt;A esta primera sustitución siguieron otras hasta que en 1999 el municipio de Morata de Jiloca (unos 300 habitantes) vía convenio con DPZ, ofertó una plaza de Educador de Personas Adultas, media jornada compartida con Velilla de Jiloca (apenas 100 habitantes). Tuve una primera reunión con el alcalde de la localidad Miguel Langa, que todavía lo es, verdadero impulsor del Aula de Adultos, quería que, sin dejar a un lado a los jóvenes y a los inmigrantes, les prestase una mayor atención al colectivo de mujeres, en su mayoría amas de casa, pertenecientes a aquellas generaciones que crecieron en la posguerra y que por circunstancias sociales y personales no pudieron asistir a la escuela, personas a las que la enseñanza oficial había dejado un poco de lado y que hace décadas no gozaron de las mismas oportunidades.&lt;br /&gt;Y allí estaba yo, a punto de cambiar de siglo, ante un grupo de mujeres muy heterogéneo, lo que seguramente dificultaría la labor de aprendizaje, que no querían dividirse en grupos, mujeres con conocimientos y capacidades aprendidos de su propia experiencia, mujeres bastante inseguras, muchas de ellas con baja autoestima debido a su falta de valoración personal, pero con unas ganas increíbles de abrir nuevos caminos en su rutina diaria y de conocer e implicarse en los acontecimientos sociales y culturales que sucedían a su alrededor. &lt;br /&gt;“No nos hagas escribir, que no nos gusta, danos charlas y nos llevaremos bien”, una de ellas se erigió en portavoz del grupo, ya lo habían hablado con anterioridad. Y así empezamos, pero a mí aquello me sabía a poco y a ellas también, como no teníamos libros de texto que seguir me pregunté: ¿qué me gustaría aprender en una escuela si tuviese 60, 70, 80 ó 90 años? y empecé a elaborar unos cuadernillos muy sencillos que trataban de temas muy diversos: historia, arte, ortografía, consumo, memoria… con «puntitos» que había que rellenar, así podían ir todas a la par trabajando el mismo material y poco a poco aprendimos a conocernos, a respetarnos, a colaborar entre nosotras, a apoyarnos, a escucharnos y a valorarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el año 2002 nos llegó desde el Centro de Calatayud la convocatoria de un Concurso Literario de relato corto. La negativa a participar en él fue rotunda, entonces les recordé una frase de Camilo José Cela: «Para escribir solo hay que tener algo que decir» y les hice una pregunta muy simple: ¿es que no tenéis nada que decir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así empezó para muchas el descubrimiento de una vocación frustrada, para otras la obligación de hacer en casa «la tarea» que mandaba la maestra, pero para todas, el gusto por la creación literaria. Sirva como ejemplo que en 2002 presentamos 18 relatos, de un total de 42, ganamos el primer premio y lo pongo en plural porque todas nos sentimos ganadoras; en 2003 presentamos 20 relatos, de un total de 39, ganamos el 4º premio; en 2004 presentamos 21 relatos, de un total de 42, obteniendo el primer y el tercer premio…. Ante los resultados de participación obtenidos y observando en clase cuántos testimonios de la vida de estas mujeres podían perderse, cuántos recuerdos necesitaban verse plasmados en letra,  surgió la idea de crear un concurso local titulado «Concurso de Cartas de Amor y Amistad» y continuamos con nuestra masiva participación y ganando numerosos premios. &lt;br /&gt;Han pasado ya bastantes años desde aquella primera toma de contacto y hemos descubierto asombrados que este grupo de mujeres, que aparentemente, se  hallaba inmóvil y resignado, posee una potencialidad humana y una riqueza cultural extraordinaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 2009 gracias a la publicación de ese libro hermoso titulado &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Hipocorísticos &lt;/span&gt;encontré 84 razones para continuar en este mundo, incomprendido quizás, por su desconocimiento pero apasionante y gratificante como es la educación de personas adultas, 18 de esas maravillosas razones me las ofrecieron mis alumnas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquí seguimos en 2010, con fuerzas renovadas, unas mujeres rurales excepcionales de tres localidades vecinas: Fuentes, Velilla y Morata de Jiloca, alumnas que acuden puntualmente y con verdadera ilusión a clase, que no buscan obtener un título, que se emocionan y entusiasman ante una palabra desconocida, mujeres luchadoras, incombustibles, que no se asustan ante los retos como pueden ser las nuevas tecnologías, ejemplo de tenacidad, de superación, de que en la vida: «Caer está permitido pero levantarse es obligatorio».&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-3289201950307348972?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/3289201950307348972/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=3289201950307348972' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/3289201950307348972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/3289201950307348972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/no-nos-hagas-escribir-que-no-nos-gusta.html' title='«No nos hagas escribir, que no nos gusta», por María Jesús Sánchez Gormaz'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-4087145701422797150</id><published>2010-01-13T06:31:00.000+01:00</published><updated>2010-01-13T17:59:17.771+01:00</updated><title type='text'>Aún queda esperanza, por Carlos Migliaccio</title><content type='html'>No lo sé. Ni siquiera aún estoy seguro de ello.&lt;br /&gt;Septiembre 1975. Tengo diecisiete años. San Sebastián tiene una destartalada Escuela Normal de Magisterio , sita en la cuesta de Ategorrieta; un edificio de maderas crujientes por el que se desplaza un mayoritario elemento femenino.&lt;br /&gt;Certificado de buena conducta de de la Guardia Civil, lo mismo del párroco del pueblo, declaración jurada de no padecer defecto físico ni psíquico alguno, tasas , sellos – donativo del colegio de huérfanos … Matrícula realizada.&lt;br /&gt;Tres especialidades únicas: Filología, Ciencias Humanas y Ciencias Exactas. Los hombres vetados para trabajar en preescolar (¿hoy en la práctica sigue igual?) y la exigencia, para conseguir el título, de un verano azul en un campamento de la OJE , cosa de hombres, o la confección de ajuar para las compañeras. Maestro OUT; profesor de EGB, IN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cumplo los dieciocho años; diecinueve días más tarde sabemos que el dictador no cumplirá más.&lt;br /&gt;Comienza la metamorfosis: la dirección, el profesorado, el alumnado, todo cambia en un corto lapso temporal: de autoritarios a libertarios de mesa camilla, de gentes de orden bienpensantes a elucubradores aventureros sociales, de Víctor García Hoz como único referente pedagógico a apasionados por Summerhill o, incluso, Makarenko (por supuesto de la existencia de gentes como Ferrer i Guardia, Carrasquer, Mella o Fauré tuve que enterarme más tarde), de pedagogías imperiales a pedagogías del cortijo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Profesores como Martínez (desastrado como el Colombo televisivo) fumando mentolado y con una visión de la física contagiosa y divertida; o como Uriarte, Anttón, el metereólogo clavadito al Felipe González de la época, enormemente aplaudido entonces y hoy condenado al ostracismo por su militancia negacionista del cambio climático; o como San Millán, Loli, la bióloga marina en cuyos ojos encontraban acomodo mis fantasías tardoadolescentes; o como Pomés, Julio, el perenne encorbatado amante del Opus y de la Termodinámica (¿por ese orden?) que tuvo la desfachatez de confesarme que ejercía la docencia para «frenar la influencia marxista en la educación», la indiscrección de solicitarme le recitara el credo, la chulería de contarme que “podría ganar mucho más en la empresa de su padre” y la actitud delincuente de dar mi teléfono a algunos secuaces de la obra para que me molestaran durante mis años universitarios.&lt;br /&gt;O como la profesora de Música que se emocionaba en las clases y cuyo nombre no recuerdo; como tampoco recuerdo el del profesor de Religón que un buen día nos dijo que le pagaban muy poco, tan poco que le resultaba indigno seguir en esas condiciones, y se fue… Y nunca más lo volvimos a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prácticas en escuela de Lasarte; contactos con el mundo sindical. Adolfo Suárez afrontando una huelga del profesorado engendrada en claustros de profesores cuyo centro totémico era un enorme cenicero siempre a punto de desbordarse. La mejora de la calidad de la enseñanza como parte central de cualquier tabla reivindicativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tolerancia para con la ikurriña, siempre acompañada de la bicolor y de los restos de carteles que recuerdan tanto el testamento político de Franco como el primer mensaje institucional de su sucesor. Expediente disciplinario al profesor cuyos alumnos dibujan un cartel con figuras humanas de genitales resaltados.&lt;br /&gt;El libro rojo del cole; escándalo en las aulas por su crudeza al tratar temática sexual. Y, sobre todo, en enseñar al alumnado cómo protegerse de posibles abusos por parte del profesorado.&lt;br /&gt;Hoy en día resultaría ñoño.&lt;br /&gt;Las ikastolas. El euskera como un fín en sí mismo. De la estafa educativa. De hacer buenos vascos al nacionalista modo. Del pensamiento único y de la prostitución del sentido crítico. Del bilingüismo como excusa al monolingüismo euskaldun como aspiración última.&lt;br /&gt;De renovaciones pedagógicas; de mucha experimentación de resultados nunca evaluados. Del &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Viejo Topo&lt;/span&gt;, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Ajoblanco&lt;/span&gt; y &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Cuadernos de Pedagogía&lt;/span&gt;. Libros OUT; fichas IN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Félix Carrasquer y Mati en Hernani; pedagogía centrada en el alumno explicada a profesionales de la pedagogía conformista centrada en el país. Ikastola Langile (HB) e Ikastola Urumea (PNV) con un enorme mural del escudo peneuvista y el retrato del fundador (Sabino Arana) en la pared medianer del edificio.Las consignas reemplazando el debate. Marihuana, cocaína y cuba libres.&lt;br /&gt;Jornadas Libertarias. Nazario. Barcelona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la renuncia a opositar; la academia privada durante veinticinco años. Matemáticas, Física y Química para alumnado candidato al fracaso escolar.El éxito profesional y económico creciente mientras observo desde mi ventana el discurrir de la vida, tarde tras tarde, entre explicación y explicación. Spectrum OUT; PC IN. Basic OUT; Windows IN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Logaritmos, nomenclatura química, el cuerpo de profesores idóneos que ya no lo son, el aprobado como meta inmediata, la urgencia que resta tiempo a lo importante, Jelic, el alumno polaco trasplantado de corazón, la adolescente insulinodependiente, las anoréxicas, integrales, funciones, movimiento circular uniformemente acelerado,los alumnos kaleborricos que se sientan junto a Ruth y Pablo, los perseguidos, la asesina de Alza …&lt;br /&gt;Gentes a las que dí clase son colegas docentes, periodistas, abogados, médicos o conductores de camión.Otros no llegaron y constituyeron las anomalías &lt;br /&gt;Tengo un hijo. Escape de Absolom. Joseba asesinado. El profesorado, más funcionarial y acrítico que nunca, abraza compromisos totalitarios. Hernani OUT; Huesca IN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Huesca. El magisterio real. Acín, Plá, Carrasquer, Fuertes Vidosa. Ayer hoy; hoy que reencuentra el ayer. Memoria Histórica. Manuel Benito. Azpiroz, Casanova, Pardo. Biscarrués y Galán. De nuevo el afán por aprender , digerir y sembrar. Círculo Republicano. Museo Pedagógico. El florido pensil. Cillas y Jaca. Titiriteros de Binéfar y Teatro de Robres. &lt;br /&gt;Y, de nuevo, la curiosidad, el afán compulsivo por conocer, por observar.&lt;br /&gt;Y, de nuevo, el milagro del acto pedagógico. Los ojos sexagenarios, repentinamente adolescentes, muy abiertos que comienzan a navegar por la red. La torpeza, casi infantil, de manos ancianas con el click simple y con el doble click. ¿Con el botón derecho o el izquierdo? &lt;br /&gt;Power Point y Microsoft Office. Internet y correo electrónico. Al vent …&lt;br /&gt;El botellón, la metaanfetamina, el cerro de San Jorge y las aperturas y cerraduras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo, el mundo sindical. Amarillos y de clase. &lt;br /&gt;Profesores funcionarios y profesores que intentan no serlo. Complementos autonómicos, prejubilaciones, interinidades. Permisos retribuidos … ¿Y el alumnado?&lt;br /&gt;Preguntas al servicio provincial; concurso de traslados, comisiones de baremaciones, burocracia pedagógica. La esperanza se llama Escuela de Magisterio y el espíritu de Ramón paseando por sus pasillos. Las pajaritas. La chaqueta del pijama de cuyo bolsillo asoman unos lápices de colores.Y la belleza de Concha. Y Víctor empeñado en no olvidar los nombres; y Rafael atesorando enseres y útiles para nutrir los fondos del pasado escolar de nuestra tierra; y , de fondo, la melodía de «La última rosa del verano».&lt;br /&gt;Sí, aún queda esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo sé; ni siquiera hoy en día, treinta tres años después de entrar en el decadente vestíbulo de la casona donostiarra para matricularme en Magisterio, conozco la razón que me empujó a dedicar mi vida a enseñar y a aprender.&lt;br /&gt;Ni siquiera sé el porqué, de una u otra manera, sigo en ello; quizás tan sólo por una necesidad de acercarme a la verdad a través del conocimiento y su transmisión. Quizás porque el conocimiento , y no el trabajo, el ARBEIT nazi, es lo que en realidad nos hará libres.&lt;br /&gt;Y porque quiero estar implicado en ello.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-4087145701422797150?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/4087145701422797150/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=4087145701422797150' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/4087145701422797150'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/4087145701422797150'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/aun-queda-esperanza.html' title='Aún queda esperanza, por Carlos Migliaccio'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-2655511061680921330</id><published>2010-01-10T00:35:00.000+01:00</published><updated>2010-01-10T00:38:59.708+01:00</updated><title type='text'>Algo que aprender, por Lorena Gracia Romeo</title><content type='html'>Hace unos pocos años, al empezar mi carrera de magisterio y con mis 18 años escribí la razón por la que quería ser maestra.  Por entonces hablaba de vocación puesto que no había tenido dudas en elegir magisterio de infantil, e ir a estudiar a Huesca.  &lt;br /&gt;Desde entonces algo ha llovido y algunas pequeñas cosas han cambiado; después de cursar infantil decidí decantarme por especial y poco a poco me fui adentrando más, porque la esencia es la misma, llevar de la mano a esos niños hacia la vida, para que la experimenten, reinventen, reconstruyan,… para que un día el maestro le suelte la mano y el niño pueda volar.  Sabiendo y siendo conscientes que “la meta última de todo maestro es volverse innecesario”.&lt;br /&gt;Así pues una de las razones más importantes para ser maestra es que quiero aprender, quiero seguir aprendiendo, estar en una interacción donde todos nos enriquecemos, de compañeros, de alumnos, de padres,…  Saber que las manos, el niño, que contigo está en la escuela van a formar la sociedad del mañana.  Como dice Ken Bain “Siempre hay algo nuevo por aprender -no tanto sobre técnicas docentes, sino sobre esos estudiantes en concreto que hay en ese momento determinado y sobre sus conjuntos personales de aspiraciones, confusiones, errores conceptuales e ignorancia-.  (..) debemos reconocer que somos capaces de aprender –y que aun así cometeremos errores-.  No llegaremos a todos los estudiantes de la misma forma, pero siempre hay algo que aprender sobre cada uno de ellos y sobre el aprendizaje humano en general.”  Ya que de todo aprendemos, la vida es un continuo aprendizaje.  &lt;br /&gt;A cuanta gente hay que dar las gracias, escritores, pedagogos, profesores, compañeros, niños, amigos, etc.; todos aquellos que han ido abriéndome los ojos hacia tan bella profesión.  Poder ver como aquel maravilloso Don Gregorio, profesor que describía Manuel Rivas en “La lengua de las mariposas”, el cual “todo lo que él tocaba era un cuento fascinante. (..)Todo conectaba, todo tenía sentido. La hierba, la lana, la oveja, mi frío. Cuando el maestro se dirigía hacia el mapamundi, nos quedábamos atentos como si se iluminase la pantalla del cine Rex”. &lt;br /&gt;Así es mi visión como aspirante, donde las preguntas me invaden, ¿Cuándo llegará el día?, ¿Estaré preparada?, ¿Cómo serán mis alumnos?, ¿sus nombres?, ¿Cómo me enfrentare al aula?, ¿Cuál será el destino?, etc.  Muchas son las dudas.  Pero las dudas son algo inherente a esta profesión, momentos buenos, momentos malos, cambios, “frágil, imprevisible e incierto” como nos dice Jackson en La vida en las aulas.  Pero la gratificación también se puede encontrar en esos niños, en la gente que te rodea.&lt;br /&gt;Aun me queda el reto de introducirme “mar adentro” donde ni los cuadernos de bitácora de otros navegantes, las cartas de navegación, ni los modernos GPS de hoy día, nos dan TODO el conocimiento que necesitamos para salvar los obstáculos que nos presenta el mar.  Pero lo que sí creo que me han trasmitido unas bases y valores que ayudan en esta navegación, la esperanza de enseñar/aprender.  Teniendo claro en todo momento como dice Jackson que “Los profesores experimentados (...)  llegan a considerar la sorpresa y la incertidumbre como rasgos naturales de su entorno. Saben, o llegan a saber, que el transcurso del proceso educativo se parece más al vuelo de una mariposa (frágil, imprevisible e incierto) que a la trayectoria de una bala (que se puede calcular con precisión y dirigir a un lugar predeterminado)”.&lt;br /&gt;Y si quiero ser maestra, quiero crear un aula con esos alumnos, Lucas, Julia, Juan, Lucía, Miguel, Pablo, Clara, Vanessa, Marta,… siendo la modista y ayudándoles a vestirse, puesto que  “La educación es el vestido de gala para asistir a la fiesta de la vida" (Miguel Rojas Sánchez).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-2655511061680921330?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/2655511061680921330/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=2655511061680921330' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2655511061680921330'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/2655511061680921330'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/algo-que-aprender-por-lorena-gracia.html' title='Algo que aprender, por Lorena Gracia Romeo'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-7874929054179896863</id><published>2010-01-09T14:01:00.000+01:00</published><updated>2010-01-09T14:02:49.450+01:00</updated><title type='text'>Carta a mi esposa. Maestra rural, por Tomás Rillo</title><content type='html'>“Cien veces la miraste, ninguna la viste&lt;br /&gt;¡y en el solar de tu hijo, de ella hay más que de tí!&lt;br /&gt;(&lt;span style="font-style:italic;"&gt;La maestra rural&lt;/span&gt;. De Gabriela Mistral)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querida Mamen, &lt;br /&gt;hace tiempo que dejé de preguntarte y de preguntarme por qué preferías ser maestra rural en vez de estar en un colegio de Zaragoza donde vivimos. Al principio, ya sabes que me costó un poco comprender tu decisión; y más viendo que tus compañeras y amigas concursaban para estar cada vez más cerca de su casa. Pero sobre todo, porque tu decisión hacía más difícil todavía, lo que ya en sí es complicado para un matrimonio con hijos pequeños, el compaginar horarios laborales y horarios escolares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi sin darnos cuenta, han pasado veinte años de maestra rural, por vocación y elección. Gustando madrugadas otoñales de cielos rojizos y atardeceres de vuelta a casa con el capó del coche salpicado de hojas secas de castaños, pinos, chopos y sabinas. Veinte inviernos de ventisca y nieve por caminos que cada mañana intentaban disuadirte para no llegar a la escuela. Pero también veinte primaveras cuajadas de almendros y cerezos en flor, de gorriones cantarines, de mariposas arco iris. Primaveras de niñas y niños recién peinados, con olor a colonia, que en alborotado griterío te esperan cada mañana en la puerta de la escuela de su pueblo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ahí sigues! En un pueblo que el único futuro que tiene son las niñas y los niños de su escuela. Curso tras curso, invisible para la mayoría de unos padres que ignoran que en sus hijos hay más de tí que de ellos mismos. Día tras día, entregada a tus alumnos, desarrollando sus capacidades, suscitando inquietudes, respondiendo a sus curiosidades.&lt;br /&gt;Te gusta seguir ahí, seducida por esos niños que te hablan de ovejas, de un ternero que nació ayer al atardecer, del nido que descubrieron entre las ramas de un chopo, de las grullas que viajan hacia la laguna de Gallocanta. Disfrutas viendo cómo muchas tardes se acercan a la escuela los alumnos que ya van al instituto de la ciudad. Tú y tu pequeña-gran escuela rural, intercultural, interracial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De regreso a casa, otros intentan desconectar del trabajo, pero tú tienes la habilidad de conectarnos a todos con ese niño que hoy tiene la gripe, con la problemática de esa otra niña llegada hace poco desde Gambia, con lo preparación del carnaval o el festival de Navidad, con las fotos de la primera nevada en el patio de recreo... Nuestra casa se ha convertido ya en una prolongación de la escuela, casi diría que tenemos la escuela dentro de casa y que todos formamos una gran familia de la que tú eres la artífice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada mañana, cuando coges el coche, nos dejas con el alma en vilo a tus hijos y a mí, pero sabes que cuentas con nuestra complicidad, y también con nuestra paciencia porque siempre te olvidas del reloj. Nunca entendimos por qué dicen que las maestras tienen muchas vacaciones, tú siempre has estado liada con reuniones, cursos, la licenciatura, las clases en la facultad de educación, las tutorías, los email de los alumnos, la semana blanca, los intercambios de verano, los hermanamientos con otras escuelas rurales lejanas ...&lt;br /&gt;Te sobran más de cien razones para ser maestra. Nos sentimos orgullosos de ti, eres nuestra «maestrica de pueblo» … y mucho más. Y eres feliz. Gracias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-7874929054179896863?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/7874929054179896863/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=7874929054179896863' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/7874929054179896863'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/7874929054179896863'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/carta-mi-esposa-maestra-rural-por-tomas.html' title='Carta a mi esposa. Maestra rural, por Tomás Rillo'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-5929791289856159932</id><published>2010-01-08T17:51:00.000+01:00</published><updated>2010-01-08T17:54:48.681+01:00</updated><title type='text'>Maestros, por Cano</title><content type='html'>Yo estudié Bellas Artes. En la entonces Escuela Superior San Jorge de Barcelona, hacías cinco cursos de pintura y medio escaso de pedagogía. Sólo te enseñaban a pintar, pero obtenías un título que sólo te servía para dar clases. El libro que había que estudiar para aprobar la asignatura de pedagogía era “La educación por el arte”, de Herbert Read, un libro extraordinario que tenía el pequeño inconveniente de no dar ningún tipo de formación práctica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mucho menos para trabajar como profesor de dibujo en la Escuela de Artes de Zaragoza. Allí estuve 18 años. Al principio, haciendo lo que había visto hacer a mis profesores aunque, eso sí, evitando reírme de los trabajos de mis alumnos y hacer comentarios sarcásticos como los que había oído: “¿Qué hace usted aquí, señorita? ¿No sabe que para pintar hacen falta dos cojones?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando entré como interino en la Escuela, sólo pretendía ganarme la vida medianamente y aguantar las clases esperando que acabaran para ponerme a pintar como un loco, que era lo que realmente me gustaba. Ya dijo Chesterton que “el temperamento artístico es una enfermedad que aqueja a los principiantes”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, fui cogiendo afición a mi trabajo remunerado, me volví más responsable respecto a mis alumnos y estudié por mi cuenta la mejor forma de enseñarles lo poco que sabía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho más tarde, nos prepararon a conciencia desde Madrid para impartir el recién creado Bachiller Artístico, siguiendo el riguroso método de la Escuela de Basilea, que contradecía todo lo que yo había estado experimentando hasta entonces. A pesar de todo, me convertí en el paladín del nuevo método frente a mis reticentes compañeros, que no acababan de entender que dibujar un cubo en perspectiva fuera más pedagógico que dibujar una oreja de escayola. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos primeros cursos fueron apasionantes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero pronto llegaron las hordas que elegían la opción artística para no estudiar ni ciencias ni letras ni tecnologías y se acabó la diversión. Un buen día me di cuenta (me había quedado solo en clase) de que el único interesado en la asignatura era yo y me largué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De momento, no he encontrado ningún motivo para volver. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, por redimirme de aquella deserción, acudo a todos los centros que tienen a bien invitarme para que les ilumine sobre mi incierta profesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También ayudo a mi nieta a hacer los deberes, esa cosa tan antipática que intentamos erradicar en mi época con tan poco éxito. &lt;br /&gt;A pesar de que nuestras sesiones de deberes son inenarrables e interminables, reproduzco aquí un pequeño diálogo como irónico homenaje a los maestros que siguen dejándose la piel día a día:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; - Venga, Constanza, vamos a hacer los deberes. ¿Qué tienes que hacer hoy?&lt;br /&gt; - Tengo que repetir estos números que me borró la seño porque estaban mal.&lt;br /&gt; - Hala, pues… ¡No, Constanza! Espera, que si sigues así te los borrará otra vez… No sé si te habrán explicado cómo hay que hacerlo. Mira, ves, entre estos dos “unos” hay tres cuadraditos vacíos. Cuentas uno, dos y tres y haces la raya vertical que tiene dos cuadraditos de alto, desde aquí hasta aquí, y, después, la rayita inclinada que va desde aquí arriba de la vertical hasta la otra esquina del cuadradito, ¿ves?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Constanza se vuelve mosqueada y me pregunta con mucha sorna:&lt;br /&gt; -¡¿Tú también eres profesor o qué?!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-5929791289856159932?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/5929791289856159932/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=5929791289856159932' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5929791289856159932'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5929791289856159932'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/maestros-por-cano.html' title='Maestros, por Cano'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-6471855142994824260</id><published>2010-01-07T22:32:00.000+01:00</published><updated>2010-01-07T22:45:38.053+01:00</updated><title type='text'>Se me ha llenado la vida de lugares y de nombres, por Salomé Ballesteros García</title><content type='html'>¿Por qué soy maestra?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Sé de las circunstancias que me orientaron hacia los estudios de magisterio, por eso creo que puedo afirmar, que no fue una decisión tomada desde la seguridad de una clara vocación . Mis indecisos y confusos dieciocho años me condujeron por un camino que, en aquel momento, me creaba menos incertidumbre y vértigo que otros que podía haber tomado : la pintura, la música…Hoy, después de más de dos decenas de años de ejercicio y retomando la vieja pregunta ¿Por qué seguir siendo maestra? no puedo responder sin que se me llene la memoria de lugares y de nombres, y es ahí donde hallo la respuesta que más me convence: sigo siendo maestra porque se me ha llenado la vida de lugares y de nombres. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No en todos los lugares he sido feliz y hasta he estado a punto de tirar la toalla, pero cuando me he sentido entre las cuerdas, de pronto, un nombre, un eco pequeño lleno de futuro me ha puesto de nuevo en pie. &lt;br /&gt;Ana tenía tres años, jugaba en el patio de recreo mientras yo, en uno de esos momentos de soledad que, tan bien , conocemos los docentes y en los que dudas de tu identidad profesional porque tienes que hacer de todo, a veces , a costa de tu verdadera misión, Ana, solicitó mi atención al grito de: ¡MAESTRA, MAESTRA! . &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ana me había puesto en mi sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta es una profesión en la que no es raro tener que nadar contracorriente y cuando ya llevas muchos ríos a tus espaldas, te preocupa que los niños acusen tu agotamiento. Una tarde estaba al borde de mis fuerzas y de mis esperanzas (o eso creía yo), tras la última brazada , Mario se me quedó mirando muy callado y dijo sorprendido: ¡A ti te gusta lo que haces! &lt;br /&gt;¡Dios mío, cómo había visto Mario eso, si yo me estaba ahogando…!&lt;br /&gt;El aire fue más aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maestra, maestra, a ti te gusta lo que haces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y llegado a ese punto y a esa certeza, está claro qué es lo que soy y qué es lo que tengo que seguir haciendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un camino que no he hecho en soledad, extraordinarios pedagogos y maestros (Ana Sullivan, María Montessori, Mario Lodi, Célestine Freinet, Paulo Freire, nuestra María Sánchez Arbós…) han nutrido mis ganas de saber y se me han ofrecido como referentes que, en mi cabeza, como los buenos vinos, han ganado en sabor en la medida en que el tiempo y una vida vivida, me iban construyendo como  maestra con identidad propia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A menudo me digo: Salomé, siendo maestra casi puedes hacerlo todo, cantar, bailar, pintar, investigar, escribir, crear , jugar… y a la vez , ayudas a que otros exploren sus posibilidades y crean en ellas. Una de las cosas más satisfactorias de esta profesión es ver en vivo y en directo que el ser humano es pura posibilidad. Seguramente, esa es la gran tarea de la escuela, velar por lo posible. Después ya pediremos lo imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo ahora a Celia una niña que aprendió a leer, sin cartillas, con los libros que teníamos en el aula. Enseñar a leer y ver como aprenden los niños es una de las aventuras más emocionantes y gozosas que puede vivir una maestra. La madre de Celia era analfabeta. Un día mientras esperaba en la peluquería que terminasen de peinar a su madre, Celia cogió una revista y empezó a leer con toda soltura en voz alta. Su madre emocionada exclamó: ¡La chica lee, la chica lee! &lt;br /&gt;Pues eso, que la chica y el chico lean, que escriban, que canten,que jueguen, que pinten, que investiguen, que creen, que convivan, que sepan que un mundo mejor es posible y que nos hagan mejores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hoy, después de más de dos decenas de años en ejercicio, estoy viviendo el milagro de entrar en mi escuela y encontrarme con personas de todo el mundo y, aunque ojalá qué las circunstancias que los obliga a salir de su lugar de origen (no digo tierra, la Tierra es de todos) cambien , bienvenidos sean, porque ellos han traído a Alí, a Mariamo, a Yan , a Igor, a Imán, a Mauricio Manuel, a Abdou, a Sanaba, a Xiao, a Evelyn María, a Ludmila, a Mamadou y a tantos otros, que conviven y aprenden con Martín, con Elena, con Pilar, con Miguel, con Víctor, con Jorge, con Pepa…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La belleza, maestra, la belleza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-6471855142994824260?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/6471855142994824260/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=6471855142994824260' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/6471855142994824260'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/6471855142994824260'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/se-me-ha-llenado-la-vida-de-lugares-y.html' title='Se me ha llenado la vida de lugares y de nombres, por Salomé Ballesteros García'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-3980513126698970980</id><published>2010-01-06T18:09:00.001+01:00</published><updated>2010-01-06T19:07:43.876+01:00</updated><title type='text'>Mis alumnos me han hecho maestra, por Carmen Villanueva</title><content type='html'>Pararse a pensar la razón por la que una es y quiere seguir siendo maestra después de casi veinte años, implica hacer un recorrido vital no sólo por la razón si no por mi corazón en todos estos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy es víspera de Reyes. He cogido las llaves y me he venido a una de las escuelas que en mis itinerancias por los pueblos, ejerzo como maestra. Me he sentado en la mesa del aula y he tomado pluma y papel. Hace mucho frío pero siento un calor interno. Ningún murmullo. Miro por la ventana y no están los gorrioncicos de los niños jugando en el patio. No se escuchan risas ni está ese olor y silencio tan característico de un aula con vida de estudio. No huele al café de media mañana que nos gusta compartir sin parar de charrar, los compañeros. Y sonrío al recordarles a todos. Las aulas son unos espacios mágicos. Un día cercano se cerrará esta escuela, tan apenas hay niños en el pueblo. Los pueblos agonizan, sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierro los ojos y pienso con fuerza qué hago aquí, por qué quiero seguir estando aquí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para querer algo, para amar lo que eres, puedes llegar por dos caminos: Uno es por un sueño de tu infancia y cuando lo alcanzas, eres feliz. Otro sería porque acabas amando lo que poco a poco vas conociendo y van haciendo de ti, sin perder un detalle. Una llegó por el segundo camino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ocasiones, escuchando a algunas amigas maestras, las he envidiado cuando hablaban que desde pequeñas tenían muy claro qué iban a ser de mayores o contaban como se habían encontrado con algunos profesores que les habían enseñado a mirar el mundo con ojos de querer mirar. Yo no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diría que me han hecho docente mis alumnos y la suerte de encontrarme de mayor con compañeras y profesores que me han animado a no decaer y desear aprender con fuerza. Un día, sin más, te miras bien y sientes que es lo mejor que sabes hacer, que no quieres hacer otra cosa y eres feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que me planteé la posibilidad de ser maestra fue después de la selectividad. Ahora pienso que no deseaba entontes nada con mucha fuerza porque al primer contratiempo de cursar Biología, que era para lo que había ido optando hasta entonces, decidí la segunda opción, Magisterio. Lo que me animó fue que había dado muchas clases particulares y me gustaba esa sensación de ayudar a que otros alcanzaran ese “saber algo” que les costaba. Con 18 años empecé a descubrirme, a aceptar cualidades personales como la paciencia y la empatía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, la vida te va llevando por otros derroteros. Me casé antes de acabar la carrera. Cambié de ciudad, Madrid, y de Universidad lo que supuso cambiar de plan de estudios. Un día te encuentras con 23 años, un hijo de año y medio, trabajando en el Corte Inglés y las prácticas de Magisterio sin terminar. Pero ya me había atrapado el sueño de poder ser maestra y aunque fue duro, ningún muro estaba ya hecho de cemento para mí. Recuerdo que salía de trabajar a las dos de la tarde, mientras me comía de camino una fruta o un pequeño tentempié, me cruzaba la ciudad para comenzar mis prácticas a las tres de la tarde. Durante dos horas, me sentía en otro mundo, más amable, sí. Salía de allí a las cinco de la tarde y tenía media hora para volver a recorrerme media ciudad para continuar mi jornada laboral. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguí trabajando y después de mi baja por maternidad de mi segundo hijo, me personé en la oficina de mi trabajo para decir no. Recuerdo que me intentaron persuadir pero ya era tarde. Lo había decidido y para ello, tenía el apoyo incondicional de mi familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese año fue uno de los más felices de mi vida. Cobré el paro, cuidaba a mis hijos y leía. Recuerdo con dulzura esos cuatro viajes al Colegio Joaquín Costa de ida y de vuelta. Mi hijo mayor, montado en el respaldo de la silla de su hermana, formando los tres un gran equipo de puntuales. En ese año, empecé a saber que la noche iba a ser mi más fiel aliada para estudiar las oposiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1995, casi cinco años más tarde que las compañeras de promoción, tuve por fin mi primera clase de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por este espíritu inquieto, por esas ganas de preguntarme, de querer saber más y más, de este espíritu siempre insatisfecho que soy, llegaron al poco, muchas más noches para sacarme la licenciatura en Filosofía y Ciencias de la Educación, de estudiar y trabajar muy duro después para el Doctorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de dar clases en muchos Colegios de capital y rurales, en Institutos y en mi querida Universidad, me paro en mi recorrido esta mañana para darme un renovado impulso. Reconozco que quiero amar mi profesión por mi especial empeño en creer que la educación es de lo más importante que podemos llevar entre manos en esta sociedad y por supuesto, por el apoyo de los que conmigo caminan, por los que con su ejemplo me animan a sentir que cada día, cada alumno, merece la pena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han sido muchas horas de compartir carretera, coche, comidas de comedor escolar o de fiambreras. Muchas noches de desvelo, estudiando, preocupada por algún problema que me llevaba a casa de la escuela, por algún alumno, por alguna compañera. Han sido muchas horas de compartir contextos, ilusiones, reuniones, de querer escuchar, de no cansarte de hablar, de discutir con pasión, de aprender de todos, para estar ahora sentada con alegría aquí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría contar muchas anécdotas que ya forman parte de mi pequeña historia. Recordar como en la mirada de Ainoa hubo un destello de felicidad cuando supo que la e con la ele, se leía el y, repetía mirando su clase, como si yo no lo supiera, «...el lápiz, el almuerzo...el...» O como Soufiane, casi sin hablar nuestro idioma, a base de prepararle pequeños paquetes de garbanzos entendió qué era una decena y para qué le serviría trabajarlo en clase; o como un día se presentó en el aula Laura con su maleta, con sus 16 años doloridos porque se iba de casa y buscaba mi ayuda; o cómo Ana, aunque yo le enseñaba a comparar los distintos sistemas educativos, ella se empeñaba después de las clases en que le enseñara como debía enseñar a leer a sus futuros alumnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las manos las tengo frías y por la ventana solo se ve ese sol seco y frío de invierno. Me voy a preparar un café cargado antes de marchar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta mañana, de esta reflexión íntima, dos sentimientos me llevo conmigo, profundos, arraigados para siempre por estos años de docencia del día a día. El primero que he trabajado en la Escuela Pública siempre con total libertad y respeto. El segundo, que ha sido un auténtico placer poder deshacerme a todos mis niveles con cada uno de los alumnos, pequeños, mayores y adultos, que he tenido la suerte de cruzarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada uno de ellos ha hecho de mí lo que soy, lo que aquí y ahora digo sin rubor que amo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-3980513126698970980?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/3980513126698970980/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=3980513126698970980' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/3980513126698970980'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/3980513126698970980'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/mis-alumnos-me-han-hecho-maestra.html' title='Mis alumnos me han hecho maestra, por Carmen Villanueva'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-4170475087495603654</id><published>2010-01-06T18:00:00.001+01:00</published><updated>2010-01-08T18:15:18.199+01:00</updated><title type='text'>Maestras convencidas de serlo, por Víctor Juan</title><content type='html'>Joaquín Costa escribió, tras el Desastre de 1898, en una de esas noches amargas en las que le embargaba el pesimismo, que el país no prosperaría mientras solo fueran maestros quienes no podían ser otra cosa. Y creo que Costa tenía, como otras veces, razón. Necesitamos maestras convencidas de serlo, maestros que pudiendo ser cualquier otra cosa, elijan esta hermosa profesión.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;Pensar en la escuela, en el trabajo de las maestras, en lo que necesitan los niños, en lo que ocurre en el cerebro y en el corazón de los maestros es sumergirse en el terreno de la complejidad, en un territorio en el que todo está tan junto que, frecuentemente, es imposible separar unas cosas de otras. Y lo complejo, claro, no puede explicarse ni entenderse desde la simplicidad.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;Suelo preguntarles a los estudiantes por qué quieren hacerse maestros. Como tienen dieciocho años y aunque han pasado la mayor parte de su vida sentados en un aula no es habitual que hayan reflexionado rigurosamente sobre las razones que les han animado a empezar los estudios de magisterio, me dicen que les gustan los niños. Quizá sea una razón necesaria, pero desde luego no es suficiente. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;Para mí, es cada día más importante la idea de equidad. Pienso en los niños que si no encuentran algunas cosas en la escuela no las encontrarían en ninguna parte: una biblioteca en donde vivan hermosos libros, alguien que les mire, un lugar en el que conozcan las nuevas tecnologías, alguien que les devuelva el sentimiento de su propia valía, alguien que les ayude a encontrar el sentido de aquello que se les presenta tan fragmentado como un mosaico imposible de entender: sus sentimientos, lo que ven en la televisión, la información que encuentran en la internet. Hoy más que nunca los niños necesitan alguien que como don Gregorio, el maestro feo como un sapo del cuento &lt;i style=""&gt;La lengua de las mariposas&lt;/i&gt; de Manuel Rivas, sea capaz de dar sentido a todo lo que viven:&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 1cm; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;«La forma que don Gregorio tenía de mostrarse muy enfadado era el silencio.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 1cm; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;(…) Si vosotros no os calláis, tendré que callarme yo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-left: 1cm; line-height: 150%;"&gt;Y se dirigía al ventanal, con la mirada ausente, perdida en el Sinaí. Era un silencio prolongado, descorazonador, como si nos hubiese dejado abandonados en un extraño país. Pronto me di cuenta de que el silencio del maestro era el peor castigo imaginable. Porque todo lo que él tocaba era un cuento fascinante. El cuento podía comenzar con una hoja de papel, después de pasar por el Amazonas y la sístole y la diástole del corazón. Todo conectaba, todo tenía sentido. La hierba, la lana, mi frío. Cuando el maestro se dirigía hacia el mapamundi, nos quedábamos atentos como si se iluminase la pantalla del cine Rex. Sentíamos el miedo de los indios cuando escucharon por primera vez el relinchar de los caballos y el estampido del arcabuz. Íbamos a lomos de los elefantes de Aníbal de Cartago por las nieves de Los Alpes, camino de Roma. Luchábamos con palos y piedras en el Ponte Sampaio contra las tropas de Napoleón. Pero no todo eran guerras. Fabricábamos hoces y rejas de arado en las herrerías del Inicio. Escribíamos cancioneros de amor en la Provenza y en el mar de Vigo. Construíamos el Pórtico de la Gloria. Plantábamos las patatas que habían venido de América. Y a América emigramos cuando llegó la peste de la patata».&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;En los últimos 23 años he dado clase en todos los niveles del sistema educativo. La razón de mi trabajo la encuentro en un antiguo texto en el que &lt;span style=""&gt;Protágoras &lt;/span&gt;–&lt;span style=""&gt;en el diálogo que lleva su nombre&lt;/span&gt;–&lt;span style=""&gt; le prometía al joven&lt;b&gt; &lt;/b&gt;Hipócrates, que estaba pensando en hacerse discípulo suyo, lo siguiente:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;«Si me acompañas, te sucederá, cada día que estés conmigo, que regresarás a tu casa hecho mejor, y al siguiente, lo mismo. Y cada día, continuamente, progresarás hacia lo mejor».&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style="font-size: 12pt; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;Y este es mi compromiso como profesor: conducir a los estudiantes, tengan la edad que tengan y sean quienes sean, hacia aquello que me parece valioso&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-4170475087495603654?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/4170475087495603654/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=4170475087495603654' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/4170475087495603654'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/4170475087495603654'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/joaquin-costa-escribio-tras-el-desastre.html' title='Maestras convencidas de serlo, por Víctor Juan'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-5003503967837016560</id><published>2010-01-06T09:37:00.000+01:00</published><updated>2010-01-06T09:39:07.749+01:00</updated><title type='text'>EL MAESTRO, LEGRÁ Y EL BUEN CELERINO, por Antón Castro</title><content type='html'>Hace muchos años, allá en Arteixo (A Coruña), entre el bosque y el río Bolaños, cené una noche con mis padres en casa de Celerino, que se dedica a mil menesteres, entre ellos el campo, la agricultura y el transporte con una pequeña camioneta. Recuerdo que peleaba José Legra, ‘el puma de Baracoa’. Se comía lechón o lechazo y muchas patatas fritas con pimientos morrones. Y ensalada con cebolla, que era mi debilidad: lechuga fresca, rica en agua, mezclada con aceite y vinagre oscuro de vino. Entonces yo ya no comía carne, pero aquellas patatas me supieron a gloria: Legrá ganó el título y se coronaba campeón del mundo. O revalidaba el de Europa. Ahora no lo recuerdo con exactitud. En aquellos días, el boxeo era un vínculo secreto con mi padre, Benito. Por las noches, mientras llovía sobre el mundo y se mecían los abedules de la calzada y del paseo hacia el balneario, él y yo veíamos combates de madrugada, casi a oscuras en el salón, y nos hacíamos más amigos. Nunca he hablado tanto con mi padre como durante las peleas: de estrategia, de los calzones, del miedo, del golpe por sorpresa que nace desde el fondo de un odio antiguo. A veces, si se distraía un poco, incluso me contaba alguna historia de su vida, y en ese instante inefable lo percibía como un padre, como un amigo y como un instructor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regreso a la cena con Celerino: de repente, no sé a santo de qué, preguntó que si tuviéramos que quedarnos en el pueblo solo con una persona de conocimiento, instruida, ¿quién sería la más importante? Él apostó por el médico; asentí en un principio, pero luego pensé un poco más y dije: “El maestro. Él sabe de todo: de medicina, del cuerpo humano, de historia, de geografía, de cuentas y, además, es como un filósofo: te enseña a comportarte. Te enseña a vivir”. Celerino me miró y pareció rectificar en voz alta: “Pues a lo mejor tiene razón el chaval. El maestro serviría para todo, hasta para los primeros auxilios por lo menos”. Mi padre dijo, a media voz, más pendiente de los golpes y la esgrima de Legrá: “Tendrá razón, tendrá. ¿Quién lo iba a decir? El maestro. ¡Y yo que solo fui seis semanas a la escuela!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tengo un buen recuerdo de mis años de estudiante en Lañas (A Coruña). El maestro, don Antonio, nos rompía todos los días un palo (o cada dos días, y era excepcional que le durase tanto) de cañaveral en la espalda. En la de mi hermano Luis, que era su víctima más propicia, pero también en la de cualquier otro: le daba lo mismo que tuviera trece años como mi hermano o cinco como yo. No distinguía la fragilidad. El día que vi a su hija Rosarito, la criatura más bella que había visto nunca, no entendí cómo un hombre como aquel había tenido tanta suerte con su hermosa mujer, la profesora de chicas que coleccionaba poemarios diminutos que leía en el jardín, y con aquel ángel que a todos nos enamoraba, que todos queríamos ver a cualquier hora y en cualquier lugar (en la tienda, en la misa, en la verbena, en el columpio del atardecer) aunque no supiésemos que ese anhelo era la primera forma, purísima, del deseo.&lt;br /&gt;Cuando llegué a Arteixo tuve otro profesor violento e irascible, pero probablemente mejor: nos enseñaba geografía a través de los campos de fútbol, nos hablaba de los ríos y nos contaba cuentos con ellos. Era capaz de vincular los problemas de álgebra con las casas que construían nuestros padres, con las vallas del estadio local y las dimensiones del río. Y además nos leía, o nos hacía leer, historias de príncipes y criados, cuentos de la historia de España, fragmentos de Bécquer y de Rosalía y de Espronceda. Y nos dictaba versos para perfeccionar nuestra caligrafía a velocidad media. Quería lograr que escribiésemos bien, con pulcritud y elegancia, en el menor tiempo posible.&lt;br /&gt;Entonces los maestros parecían dioses. Para lo peor (sus grandes palizas, su ira de los sábados al comprobar el cochambroso estado de nuestras uñas, el desdén con que te trataban si no ibas a la pasantía pagada de cinco a seis, la influencia incuestionable que ejercían sobre nuestros padres y sobre nosotros mismos) y para lo mejor. Y lo mejor era que estaban provistos de una autoridad como espiritual, casi chamánica, y que sabían de casi todo: conocían el mundo, habían viajado, habían leído mucho, tenían un apetito totalizador de sabiduría y podían corregir de inmediato a un viajante de libros que nos presentaba una enciclopedia: “Se dice barroco, no bárroco”.&lt;br /&gt;Más adelante, gracias a los profesores Mario Clavell y Xosé Toba Quintáns, empecé a amar la literatura. El primero, un tanto afectado y dulcemente histriónico, leía cartas de amor y los versos del ‘Poema de Mío Cid’, que a mí me parecían música de las esferas, poesía en estado gaseoso y líquido, épica de la voz y de la lengua estremecida. No lo sé bien. Y Toba, el joven de Muxía que acababa de licenciarse en Santiago y decía que Rosalía había escrito en su localidad su novela ‘La hija del mar’, nos introdujo en el ‘boom’ latinoamericano: nos explicó como nadie a Julio Cortázar y nos enseñó a escribir cuentos. Y no solo eso: aplaudió uno de un chico de Huesca, juraría que era de Huesca y que se llamaba Rafael Oliva Ballarín, que redactó una pieza donde contaba un accidente de automóvil que se producía en el momento mismo en que por la radio anunciaban que Perico Fernández acababa de perder el título ante Sansak Muangsurin. El árbol inesperado y “la puta calor”.&lt;br /&gt;En 1978 vine a Zaragoza y me hice amigo de un profesor de latín: José Antonio Enríquez, moreno y seductor, pícaro, charlatán y empedernido jugador de bingo. A él le pasé un libro de poemas en gallego, el primero que escribía, y me dijo que era lo más grande que se había escrito en esa lengua después de Rosalía de Castro. Ese libro nunca se publicó, claro, ni siquiera sé que ha sido de él. Eso sí, espoleado por su juicio -aunque ya me di cuenta de inmediato de que era muy, muy exagerado, como ha probado el tiempo-, se me ocurrió llevárselo en Vigo a un hombre al que yo consideraba un maestro: Xesús Alonso Montero, editor de Akal. Con amabilidad, el autor de ‘Informe –dramático- sobre la lengua gallega’, me dijo una frase amable: “Yo no te lo puedo publicar, pero aquí hay poeta. De la estirpe de Amado Carballo, de Lorca y de Augusto Casas. Aquí hay poeta, meu homiño, te lo puedo asegurar”.&lt;br /&gt;Yo siempre he tenido un afecto reverencial a los maestros. Mostrar, seducir y transmitir son de las experiencias más hermosas que existen: es como el loco empeño de enseñar a ver, a mirar, a tocar y a oler con los ojos de la inteligencia y del corazón. Es como la generosa utopía de enseñar a soñar. Eso sí, es indispensable que el alumno se desembarace de prejuicios y se entregue: solo así, a cuerpo descubierto y sin temor al desnudo, la enseñanza es más eficaz y, probablemente, como la alegría, para toda la vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-5003503967837016560?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/5003503967837016560/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=5003503967837016560' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5003503967837016560'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/5003503967837016560'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/el-maestro-legra-y-el-buen-celerino-por.html' title='EL MAESTRO, LEGRÁ Y EL BUEN CELERINO, por Antón Castro'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-537799824568411696.post-6320753022758212015</id><published>2010-01-02T12:46:00.000+01:00</published><updated>2010-01-02T18:01:04.094+01:00</updated><title type='text'>Más de cien razones</title><content type='html'>El primer día de clase les pregunto a los estudiantes las razones por las que han elegido hacerse maestros -maestras, en realidad, ya que son mayoritariamente mujeres-. Tienen 18 años y tienen ganas de ser. Es muy importante conocer su opinión, pero es más importante saber las razones que encuentran los docentes después de cinco, diez, treinta o cuarenta años «dictando dictados», como diría el maestro de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ser y tener&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos interesa conocer las razones que se dan profesores de todos los niveles educativos para seguir dedicándose a esta profesión hermosa, difícil, ilusionante, compleja...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También queremos saber cómo se entiende desde fuera del colectivo docente el trabajo del profesorado. Por eso invito a personas que no son profesores a que compartan el sentido que para ellos tiene esta profesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ese es el propósito de este blog: reunir las razones que dan los docentes y personas que no lo son para ser maestros, profesores, enseñantes -cada cual puede utilizar la denominación que le parezca mejor-...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todos los textos recogidos -que espero que sean muchos- seleccionaremos cien y publicaremos un libro. Gracias por participar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Víctor Juan&lt;br /&gt;Director del Museo Pedagógico de Aragón&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/537799824568411696-6320753022758212015?l=masdecienrazones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/feeds/6320753022758212015/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=537799824568411696&amp;postID=6320753022758212015' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/6320753022758212015'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/537799824568411696/posts/default/6320753022758212015'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://masdecienrazones.blogspot.com/2010/01/mas-de-cien-razones.html' title='Más de cien razones'/><author><name>Víctor Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17349280737995688824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry></feed>
